Berlín afronta elecciones desbordada por el precio de la vivienda y con una posible victoria de La Izquierda

  • Elif Eralp, la candidata de La Izquierda, obtendría el 23% del voto, superando a la CDU de Merz

  • También se celebran elecciones en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, con el SPD y la AfD como principal duelo

La izquierda busca arrebatar la capital a la CDU
Elif Eralp (centro), principal candidata de Die Linke en Berlín, se encuentra sobre el escenario en la conferencia del partido Die Linke de Berlín Fabian Sommer/Getty Images
Álex Mateos  RTVE

La CDU del canciller Friedrich Merz no ha tenido tiempo para lamerse las heridas. El curso electoral alemán continúa y después de la dolorosa derrota que sufrieron hace dos semanas en el estado federal de Alta Sajonia, donde la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD) arrasó con más del 43% de los votos, este domingo acuden a las urnas otras dos regiones: la ciudad-estado de Berlín y el estado nororiental de Mecklemburgo-Pomerania Occidental. Una prueba decisiva de la derecha democristiana, que se ha visto duramente debilitada en los últimos meses por el ascenso meteórico de la AfD.

Sin embargo, su principal rival en Berlín no se encuentra a su derecha. Quien amenaza con arrebatar a la CDU este preciado botín, donde gobierna desde las elecciones regionales de 2023 tras dos décadas de reinado socialdemócrata, es el partido socialista Die Linke (La Izquierda), que se posiciona como la fuerza más votada en las últimas encuestas y que podría llevar a su candidata, Elif Eralp, a convertirse en la primera alcaldesa germano-turca de la capital. Y lo ha logrado mediante un mensaje focalizado en cómo afrontar la grave crisis de acceso a la vivienda que soportan los berlineses. Un discurso intervencionista y social que se ha hecho popular entre el electorado joven de la capital.

El 85% de Berlín se aloja en viviendas en alquiler. Actualmente, el precio medio por metro cuadrado de los hogares con un nuevo contrato de alquiler se sitúa, según el índice de 2026, cerca de los 15,7 euros por metro cuadrado, un 56% más que cinco años atrás. Cuando el instituto de investigación Forsa preguntó a finales de agosto a los berlineses por los principales problemas de la capital, casi la mitad (el 49%) mencionó la falta de vivienda. Por detrás situaban la suciedad y la basura, con un 36%, y el crimen y la inseguridad, con un 24%.

Frente a esta situación asfixiante, la CDU y Die Linke exponen dos modelos dispares: mientras que los conservadores apuestan por construir más vivienda, como por ejemplo en los alrededores del antiguo aeropuerto de Tempelhof, los izquierdistas prometen la expropiación de las grandes empresas inmobiliarias y un tope municipal a los precios del alquiler. No obstante, todo apunta a que ni uno ni otro podrá valerse por sí solo para gobernar, y que necesitarán los apoyos del resto de partidos.

 

Elif Eralp, la sorpresa de La Izquierda

Elif Eralp es hija de refugiados políticos turcos, que huyeron del país tras el golpe militar en 1980. Cuarenta y cinco años después, Eralp podría convertirse en alcalde-gobernadora de Berlín. Según ha explicado en varias ocasiones, la discriminación que sufrió de pequeña por su origen la llevó a «querer luchar por la justicia» y a «mejorar la vida de los berlineses».

Miembro del parlamento regional desde 2021, la actual líder en los sondeos ha dado la sorpresa en las últimas semanas con una subida meteórica. Con una campaña focalizada en el problema de la vivienda, Eralp se ha descrito como una alternativa válida al bipartidismo de la Gran Coalición del SPD y la CDU; y como contrapeso de la ultraderecha.

«Los conservadores intentan crear un conflicto cultural, pero yo quiero hablar de alquileres caros», asegura Eralp ante el micrófono de RTVE en un acto en el distrito de Kreuzberg. «Muchas personas han votado a la AfD a modo de protesta, por temor al descenso social», explica. «Buscan chivos expiatorios, aunque no son los refugiados los culpables del desastre, sino las políticas neoliberales«.

«Ella representa una figura joven y, en cierto modo, simboliza la cultura juvenil de Berlín, una zona más urbana y rejuvenecida», describe Nicolas Spohn, politólogo en la Universidad Otto von Guericke de Magdeburgo. «Tiene origen migrante, algo que comparten cuatro de cada diez berlineses, por lo que su historia representa a muchos de los habitantes». Anna López, doctora en Ciencia Política y autora del libro La extrema derecha en Europa, considera que el perfil de Eralp «conecta con la transformación importante que está viviendo su partido»: «Es un partido que históricamente tiene una fuerte implantación en la antigua Alemania Oriental, pero ahora trata de convertirse en una izquierda urbana, joven y más diversa«.

La principal candidata del partido La Izquierda (Die Linke) de Berlín, Elif Eralp, participa en un debate junto al principal candidato de Alianza 90/Los Verdes RALF HIRSCHBERGER / AFP

Su campaña ha estado notoriamente inspirada en la de Zohran Mamdani en Nueva York, como ella misma ha confesado, y se ha centrado en las tres preocupaciones básicas de la sociedad berlinesa: la vivienda, el precio del transporte y la recogida de basuras. Sus propuestas en materia de vivienda incluyen expropiar grandes inmobiliarias, que supondrían más de 200.000 unidades en la ciudad. Esta medida respondería a un referéndum celebrado en 2021, en el que el 59% de los ciudadanos de la capital votaron a favor de nacionalizar estos grupos empresariales. Desde entonces, los sucesivos mandatos del SPD y de la CDU retrasaron la ejecución. No obstante, Eralp ha relativizado estas propuestas y ha matizado que «llevarían tiempo».

Raúl Pérez, experto en política alemana y copresentador del pódcast El Tercer Voto, ha seguido muy de cerca la campaña de Eralp, y reduce su éxito en tres claves: su énfasis en la vivienda, no solo en mítines, sino a través de redes sociales; su aparato electoral perfectamente engrasado (Die Linke es el partido con más militantes de Berlín, con más de 18.000); y su política a pie de calle: «Están haciendo asambleas de inquilinos para revisar las subidas de alquiler y los gastos adicionales».

Un duelo izquierdas-derechas en una sociedad dividida

Berlín es una ciudad diferente del resto de las metrópolis europeas, marcada por esa división entre Este y Oeste: hace 30 años, esta fractura tomaba forma en un muro; hoy, después de la reunificación, se refleja en diferencias sociales. En Berlín Occidental, perteneciente en su día a la República Federal Alemana, los ciudadanos prefieren un Gobierno de la CDU. En Berlín Oriental, la opción preferida es la de Die Linke,

Para Spohn esta dinámica entre bloque oriental y occidental que ocurre en Berlín es similar a la que se produce a nivel nacional: «Ya no es la misma situación que en 1990, pero todavía existe en Berlín Este la sensación de ser una zona de segunda categoría«.

La última encuesta de Forschungsgruppe Wahlen para la televisión pública ZDF, publicada el 11 de septiembre, presenta una estrecha ventaja para Die Linke, que lograría el 23% de los votos, superando levemente a la CDU, que alcanzaría el 21%, más de un 7% menos que en la anterior cita electoral. La AfD, en continuo ascenso, duplicaría los votos que obtuvo en las pasadas elecciones de 2023, y rondaría un apoyo del 17%. Sin embargo, esto no le sería suficiente para formar gobierno. En cuarto lugar se colocarían Los Verdes, con un 16%, seguidos por los socialdemócratas del SPD, que se desplomarían en un nuevo desastre electoral con apenas un 10% de las papeletas.

El partido de BSW (Alianza Sahra Wagenknecht), catalogado como izquierda conservadora al defender posturas económicas intervencionistas, pero un marcado mensaje antiinmigración, se quedaría fuera de la Cámara de Diputados de Berlín al no alcanzar el 5% de los votos. Un fiasco para una formación de la que se espera un papel decisivo para formar Gobierno en Alta Sajonia, ya que ha sido la única fuerza que no ha descartado negociar con la AfD.

Con esta distribución de los asientos, los pactos parecen la única opción viable. Spohn plantea dos coaliciones posibles: una de izquierdas formada por Die Linke, Los Verdes y el SPD (la llamada Rot-Rot-Grün, Rojo-Rojo-Verde por los colores de los partidos) y una unión entre la CDU, Los Verdes y el SPD (la llamada coalición Kenia por los colores de la bandera de dicho país, que se ha producido en varios estados): «La primera parece la opción más probable, porque Los Verdes prefieren forman coalición con Die Linke», explica el analista. «El SPD está algo más indeciso, pero los socialdemócratas y la CDU no podrían tener mayoría por sí solos como han hecho en el Gobierno nacional«.

«Merz está siendo muy castigado por sus políticas neoliberales. Su impopularidad supondría un desgaste para el resto de partidos de la coalición», apunta Anna López. «Por ello, es lógico pensar que esta vez el SPD y Los Verdes no optarán por aliarse con los conservadores».

La caída del bipartidismo

La efervescencia de Die Linke y de la AfD, prácticamente ambos duplicando lo que obtuvieron en 2023, contrasta con el desplome de los dos partidos más importantes a nivel histórico del país, la SPD y la CDU, que gobiernan en coalición a nivel nacional. Una melodía que suena en el resto de democracias europeas: Alemania está castigando a los partidos tradicionales. «Los grandes partidos que formaron e instalaron las grandes democracias después de la Segunda Guerra Mundial se perciben como incompetentes para resolver los problemas«, afirma López.

Merz no participó en la campaña de su partido en Alta Sajonia ni tampoco ha pisado actos políticos en Mecklemburgo-Pomerania Occidental. Su ausencia en los mítines de su partido en los estados federales se explica por la impopularidad que sufre en los sondeos, la mayor de un canciller en los últimos cinco años. Sin embargo, sí que ha estado en Berlín, este jueves, en una conferencia en la sede del partido para un centenar de representantes de la CDU en la capital alemana.

El canciller alemán y líder de la CDU, Friedrich Merz, aplaude a Stefan Evers, candidato para las elecciones a la Cámara de Representantes de Berlín de 2026 CLEMENS BILAN / EPA

Si la caída de la derecha democristiana es notoria, la del Partido Socialdemócrata es aún más grave. Se espera que retrocedan hasta convertirse en cuarta fuerza, adelantados por la derecha por Los Verdes. Su candidato, Steffen Krach, ha vivido en la última semana de campaña un revés adicional y está siendo investigado por la Fiscalía de Hannover.

«Una de las causas de este derrumbe de la socialdemocracia podría ser su tradición pactista con la CDU», considera Guillermo Fernández, profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid y especialista en derechas radicales europeas. «Las ‘Grandes Coaliciones’ le están pesando. De hecho, el SPD forma parte del Gobierno actual de Merz. El malestar con el poder también se les aplica a ellos».

Respecto a la crisis de la vivienda, los socialdemócratas abogan por la construcción de nueva vivienda y retomar el límite a los alquileres, que habían implantado cuando gobernaban la capital y fue tumbado en 2021 por el Constitucional alemán.

AfD sube, pero no le alcanzaría para gobernar

El último actor protagonista en esta cita electoral es la AfD, la ultraderecha aún embriagada por la arrolladora victoria en Sajonia Alta. En la capital, su crecimiento también es innegable: se espera que supere el 18% y pise los talones a la CDU. Sin embargo, en comparación con ese 43% de hace dos semanas, este porcentaje puede suponer aparentemente un leve retroceso: «El escenario de Berlín no se parece ni por asomo al de Alta Sajonia», afirma Spohn. «Las políticas y los temas de la AfD no se dirigen principalmente a los problemas de las grandes ciudades«.

 

La campaña ha girado en torno a la vivienda, el tema obligado, y no han podido controlar ellos mismos el discurso de lo que se debía debatir: «En la capital, los problemas de los ciudadanos están mucho más relacionados con las condiciones materiales, la vivienda y la educación», apunta Anna López. «¿Qué ha hecho Alternativa para Alemania entonces? Conectar la crisis de la vivienda con la inmigración y con la presión sobre los servicios públicos». Respecto a este problema, la extrema derecha ha propuesto fomentar más la propiedad y un nuevo procedimiento de adjudicación de viviendas comunales con preferencia, no obstante, para los berlineses.

Raúl Pérez también apunta un factor que puede beneficiar al partido de cara a las urnas: el 25% de las personas residentes en Berlín no posee pasaporte alemán, la cifra más alta de la historia de la ciudad. «A pesar de ser una ciudad cosmopolita y multicultural, AfD no se verá perjudicada porque ninguno de estos habitantes sin nacionalidad podrá votar».

El SPD trata de resistir en Mecklemburgo-Pomerania Occidental

La de Berlín no será la única cita electoral a la que tendrán que acudir los alemanes este domingo. Al noreste, en el estado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, se producirá una pugna entre la actual ministra-presidenta regional, la socialdemócrata Manuela Schewesig, y la AfD. En estas elecciones, el panorama de la CDU es aún más desolador, ya que su papel será de mero espectador. Se espera que se hunda hasta el 7%, cerca del umbral mínimo del 5%. Una caída por debajo de ese límite sería histórica para los conservadores y aumentaría aún la presión sobre Merz.

La presidenta del Gobierno regional de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, Manuela Schwesig RONNY HARTMANN / AFP

Según las últimas encuestas, la AfD encabeza la intención de voto con un 37%, seguida muy de cerca por los socialdemócratas con un 35%. «Aquí el SPD sí que tiene un gran feudo tradicional desde 1945», expone Spohn. «Manuela Schwesig lleva ya diez años como ministra-presidenta y también fue ministra a nivel nacional. Además, el electorado es menos conservador y los que lo son van a votar a la AfD».

Respecto al resto de partidos, Die Linke lograría un 10%, Los Verdes rozarían el 5% y el BSW se quedaría fuera con un 3%.

Una nueva victoria de la extrema derecha en un länd teñiría de azul oscuro el noreste del país, enfatizando aún más el enfado de los habitantes de la Alemania Oriental contra el establishment, cansados de vivir, tres décadas después, olvidados bajo la sombra de occidente.