Sed, mareos y cansancio: los síntomas para reconocer una deshidratación ante la subida de temperaturas

  • Los sanitarios recomiendan aumentar la ingesta de agua ante una mayor sudoración

  • España registró mil muertes por calor en junio

Síntomas de deshidratación durante una ola de calor
Dos personas se refrescan en una fuente de Madrid. EFE/ Marcos Villaoslada
P. BAYÓN  RTVE

Nueva subida las temperaturas y con ello del riesgo de padecer problemas de salud. A las puertas de lo que podría ser la tercera ola de calor en menos de un mes, los sanitarios aconsejan no bajar la guardia ante la deshidratación y los golpes de calor. Afecciones de las que nadie está exento si no nos cuidamos, pero que afectan especialmente a colectivos vulnerables.

Para reconocer un episodio de deshidratación, explica a RTVE Noticias, Francisco José del Riego, cirujano del aparato digestivo y presidente del Colegio Oficial de Médicos de Palencia, hay varias señales “claves”. “Primero, generalmente, aparece la sed, un mecanismo de defensa del organismo, una alarma que avisa que necesitamos ingerir más líquidos, más agua”, indica. Otros síntomas son la sequedad en la piel, siendo más cuarteada y menos turgente; y una orina más concentrada y oscura. “Todos ello nos indica que puede haber un balance negativo de las entradas y las salidas, como en el banco con los ingresos y gastos, pero en este caso con líquidos”, señala el médico palentino, sobre la pérdida de agua a través del sudor o la orina, que, en ocasiones, los afectados no reponen.

 

Sobre las causas de la falta de ingesta de líquidos, David López Casares, médico de familia en Cáceres, apunta al «cambio de hábitos propio del verano, con más tiempo al aire libre o más actividades deportivas», pero también a diarreas u otro tipo de afecciones por viajes o incluso a la falta de sensación de sed en algunos pacientes. «Los niños tienen menos desarrollado el instinto o el reflejo de la sed. Por tanto, pueden no tener sed, pero sí pueden estar iniciando un cuadro de deshidratación. Por eso importante que, como siempre recomendamos los médicos, se beba líquidos aunque no se tenga sed», señala.

Ancianos, niños y personas en tratamiento: más vulnerables

Si no le ponemos remedio a estas señales, puede venir la sensación decaimiento, de pensamiento confuso y de calambres o mareos. Llevado al extremo, se puede llegar a la pérdida de conocimiento y, con ello, a otras posibles complicaciones. “La deshidratación y también la alteración de los mecanismos de la termorregulación del cuerpo humano nos puede llevar a un golpe de calor”, añade, por su parte, Del Riego.

Las consecuencias de las estas alteraciones son más visibles en personas vulnerables: niños, ancianos, personas dependientes o con tratamientos médicos para enfermedades sistémicas, respiratorias, cardiovasculares o renales entre otras.

“Tienen que tener especial cuidado todas aquellas personas que tienen estos padecimientos, porque las desregulaciones pueden ser más intensas y más rápidas. Y tiene mucho más peligro de deshidratación, de sufrir golpes de calor, de producir a veces colapsos, mareos e incluso pérdidas de consciencia o caídas al suelo”, ha dicho. También recomiendan prestar atención a personas que han sufrido un infarto o deterioro del corazón, ya que las hace más propensa a las pequeñas alteraciones hídricas o de temperatura. En este sentido, un paciente que estaba estable puede recaer.

En el caso de identificar una posible deshidratación en uno mismo, López Casares recalca que «lo primero es evitar seguir exponiéndonos al calor y al sol» o parar la actividad que lo esté causando. «Después, hidratar con líquidos, ya sea agua o bebidas isotónicas para recuperar electrolitos», añade. Si por el contrario es otra la persona afectada, recomienda proporcionarle líquidos solo si está consciente y, en la medida de lo posible, moverlo a un lugar con menos exposición solar y aplicarle algún paño o prenda húmeda para bajar la temperatura.

 

Agua, alimentación y “no olvidar cuidarnos”

La solución para prevenir estos episodios, a veces, es bien sencilla: “no olvidar cuidarnos”, inciden ambos expertos. Llevar una botella de agua, evitar la exposición solar o, al menos cubrirnos con gorras, sombreros o sombrillas y llevar una alimentación equilibrada y rica en alimentos como verduras y hortalizas y evitar las comidas copiosas también son prácticas aconsejables. No se debe realizar, en cambio, ejercicio físico en las horas de mayor calor .

Sobre cuánta ingesta de líquido hacer al día, Francisco José del Riego apunta a que, si durante el resto del año se toman 1,5 litro de agua, esta cantidad hay que aumentarla en verano, en función de las necesidades. Recomienda “ir tomando en pequeñas cantidades a lo largo de todo el día”.

“No vale estar sin tomar nada de agua, ver que la orina se va concentrando, ver que la piel está como se reseca y, de repente, querer beber mucha cantidad de agua en seguida, porque eso no es un buen método”, ha apuntado el médico palentino. En este sentido López Casares dice que también se debe adaptar aquellas actividades que estemos realizando y a la edad de las personas.

La primera ola de calor del verano en España fue en junio, un mes en el que se produjeron más de mil fallecimientos asociados a las altas temperaturas. La segunda ola de calor fue a partir de la primera semana de julio con registros de más de 42 grados en muchos puntos del territorio. Las muertes atribuibles a las altas temperaturas superaron las 150 en los primeros días de julio. Este nuevo episodio de altas temperaturas, la Aemet solo las califica de ola de calor cuando se cumplen criterios de intensidad y duración entre otros, se prevé que afecte especialmente al este del país.