El mecanismo de Anticitera: el artefacto más enigmático de la Antigüedad que predecía eclipses

  • Construido entre los siglos III y I a.C., es una computadora analógica, capaz de proyectar fenómenos astronómicos

  • Fue recuperado en 1901 del fondo del mar Egeo, y durante décadas su complejidad permaneció incomprendida

Mecanismo de Anticitera.
Uno de los principales usos del mecanismo de Anticitera fue el de predecir eclipses. MARK CARTWRIGHT (CC BY-NC-SA)
Samuel A. Pilar  RTVE

El mecanismo de Anticitera es uno de las objetos tecnológicos más fascinantes de la Antigüedad, y para muchos el artefacto más enigmático de todos cuantos se han descubierto hasta ahora. Construido probablemente por científicos griegos entre los siglos III y I a.C., se trata de una computadora analógica, capaz de predecir fenómenos astronómicos con una sofisticación que no volvería a verse en Europa hasta 1.500 años después, con la invención de los primeros relojes astronómicos. Fue recuperado en 1901 de un naufragio frente a la isla griega de Anticitera, y durante décadas su complejidad interna permaneció en gran medida incomprendida. Solo con tomografía computarizada y tecnología de imagen moderna se ha podido descifrar su funcionamiento.

Este extraordinario artefacto —conservado actualmente en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas— poseía capacidades astronómicas sorprendentemente avanzadas para su época. Era capaz de calcular la posición del Sol en el zodíaco a lo largo del año y determinar la posición y las fases de la Luna. Permitía además proyectar eclipses solares y lunares —pasados y futuros— mediante el ciclo de saros, de 18 años de duración. Incorporaba también el ciclo metónico de 19 años, empleado para sincronizar los calendarios lunar y solar.

 

Algunos investigadores sostienen que el mecanismo incluso podía representar las posiciones de los cinco planetas conocidos en la Antigüedad —Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno—, aunque este aspecto continúa siendo motivo de debate. Asimismo, el artefacto registraba los ciclos de los juegos panhelénicos, incluidos los Juegos Olímpicos.

Mecanismo de Anticitera.
Reproducción en tres dimensiones del mecanismo de Anticitera, expuesta en Atenas. D. SÁEZ PAPACHRISTOU / EFE

¿Cómo funcionaba?

El mecanismo de Anticitera tenía al menos 37 engranajes de bronce encajados en una estructura de madera del tamaño aproximado de una caja de zapatos. Girando una manivela en el lateral, se ponía en marcha un sistema de transmisiones que calculaba simultáneamente el movimiento de varios cuerpos celestes.

Para entender su funcionamiento hay que partir de que la Luna no se mueve a velocidad constante. Se acelera cuando está más cerca de la Tierra (perigeo) y se ralentiza cuando está más lejos (apogeo). Esto hacía que los cálculos lunares simples fallaran. Los astrónomos griegos lo sabían y habían desarrollado modelos matemáticos para corregirlo, heredados en parte de la astronomía babilónica.

El mecanismo resolvía el problema con un dispositivo extraordinario: un piñón montado no en el centro de un engranaje mayor, sino ligeramente desplazado, lo que hacía que girara a velocidad variable. Al rotar, este sistema producía una variación periódica de velocidad que imitaba exactamente la aceleración y desaceleración real de la Luna en su órbita elíptica. Era, en esencia, una simulación mecánica de la ecuación de la Luna.

Mecanismo de Anticitera.
Reconstrucción del funcionamiento del mecanismo de Anticitera. TONY FREETH

En la cara trasera del mecanismo había al menos dos espirales grabadas en el bronce, con marcas como las divisiones de un disco de gramófono. Una registraba el ciclo metónico (235 meses lunares o casi 19 años solares), que permite saber cuándo Sol y Luna vuelven a coincidir en la misma posición. La otra registraba el ciclo de saros (223 meses sinódicos, o 18 años, 11 días y 8 horas), que es el período tras el cual se repiten los eclipses en la misma secuencia. Una tercera subdivisión, el exeligmos (triple Saros, o 54 años y 33 días), corregía la pequeña desviación que acumula el saros en la hora del día en que ocurre el eclipse. Combinando estas tres ruedas de tiempo, el mecanismo podía señalar con antelación las fechas probables de eclipses solares y lunares, indicando también si serían visibles desde Grecia o no.

Cuando se descubrió en el fondo del mar Egeo, el mecanismo estaba fragmentado y muy deteriorado, y hay piezas irrecuperables. El debate más activo entre investigadores (en particular el equipo de University College London, que publicó una reconstrucción completa en 2021) es si el reverso incluía también un planetario que mostraba los movimientos de los cinco planetas conocidos. Las inscripciones recuperadas mencionan a Venus y Saturno con suficiente claridad como para que la mayoría de los especialistas lo considere probable, pero la mecánica concreta de cómo lo lograba sigue siendo objeto de diferentes interpretaciones.

Lo que es incontestable es que el nivel de miniaturización y la precisión de los engranajes no encuentran similitud en ningún artefacto conocido hasta la Europa medieval tardía. Quien lo fabricó —posiblemente en el entorno de Rodas, quizás con influencia de la escuela de Posidonio o Hiparco— dominaba tanto la astronomía teórica como la mecánica de precisión a un nivel que durante siglos no volvió a existir en el mundo occidental. Otra de las incógnitas que lo rodean es por qué solo se ha encontrado uno y, si hubo más, qué fue de ellos.

Pistas que llevan a Arquímedes

Aunque no existe evidencia concluyente, el matemático Tony Freeth —profesor honorario del University College London y principal investigador del mecanismo durante las últimas décadas— sostiene, junto con su equipo, que el diseño original fue obra de Arquímedes. Entre quienes no atribuyen directamente la autoría al matemático de Siracusa, la hipótesis más extendida es que el mecanismo de Anticitera pudo haber sido una copia de uno inventado por Arquímedes.

Las pistas que vinculan el mecanismo con Arquímedes son cuatro y se refuerzan entre sí, aunque ninguna es definitiva:

  • La más directa es el testimonio de Cicerón, quien en De re publica describe un artefacto construido por Arquímedes que representaba los movimientos del Sol, la Luna y los cinco planetas conocidos mediante un único dispositivo mecánico, descripción que coincide con el mecanismo.
  • La segunda pista es cronológica: el análisis del dial de eclipses sitúa la época de calibración del instrumento en mayo de 205 a.C., apenas siete años después de la muerte de Arquímedes en el asedio de Siracusa.
  • La tercera procede de la epigrafía: los doce nombres de mes del calendario metónico, identificados en 2008, son de origen corintio, y Siracusa —ciudad natal de Arquímedes— era colonia corintia.
  • La cuarta es un argumento de complejidad técnica: el nivel de ingeniería del mecanismo era tan excepcional para la época que los investigadores, al descubrir sus engranajes mediante rayos X en los años cincuenta, consideraron que solo una mente de la talla de Arquímedes podía haberlo concebido.

El consenso actual no atribuye necesariamente la pieza conservada al ingenio de Arquímedes —el barco naufragó hacia 100 a.C., lo que implicaría un objeto de siglo y medio de antigüedad—, sino que lo sitúa como fundador de la tradición técnica de la que el mecanismo es heredero, o posiblemente autor de un original del que este sería copia posterior.