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La participación ha sido récord histórico, con más del 75%
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Son unas elecciones cruciales e inciertas marcadas por el 7 de octubre

El Likud de Benjamín Netanyahu habría sido el partido más votado en las elecciones legislativas celebradas este martes en Israel, desafiando las encuestas. Aunque el bloque de formaciones opositoras, que aspiran a expulsarlo del poder, suman más votos que la coalición del primer ministro, sin que ningún bando alcance una mayoría suficiente para gobernar, según las encuestas a pie de urna publicadas nada más cerrar los colegios electorales.
Esos sondeos, publicados por las principales cadenas de televisión de Israel, conceden al bloque anti-Netanyahu, liderado por el partido Yashar del exgeneral Gadi Eisekot, entre 52 y 53 escaños; mientras que el bando que apoya al primer ministro -conformado por el Likud, los partidos ultraortodoxos (Shas y JUT) y la extrema derecha de Poder Judío y Sionismo Religioso- se queda en 50 diputados. Los partidos árabes aglutinan 17 o 18 escaños, su mejor resultado en la historia y casi el doble de los 10 diputados que lograron en los pasados comicios de 2022.

Sin embargo, ningún bloque suma los 61 escaños que son necesarios para formar gobierno en Israel, cuyo Parlamento (Knéset) está conformado por 120 asientos. Ante este escenario, los partidos árabes, el izquierdista Lista Conjunta y el islamista moderado Ra’am, pueden tener la llave del futuro ejecutivo: no apoyarían al primer ministro pero sí están abiertos a negociar con la bancada de la oposición, una amalgama de partidos que van desde la derecha a la izquierda, unidos fundamentalmente por su deseo de destronar a Netanyahu.
El Comité Central Electoral ofrecerá a lo largo de la noche resultados parciales mientras avance el escrutinio, que a menudo difieren de los que reflejan los sondeos a pie de urna de los medios de comunicación.
El bloque anti-Netanyahu se ve ganador
«Si estos son los resultados definitivos, se trata de una victoria para la mayoría sionista responsable de Israel», ha escrito en su cuenta de X Eisenkot tras publicarse los primeros sondeos. El exjefe del Estado Mayor se ha comprometido a «poner en práctica la voluntad del pueblo» e iniciar negociaciones lo antes posible para formar un gobierno alternativo a Netanyahu.
Según Eisenkot, si los resultados que arrojan los sondeos se confirman, las elecciones se leen como «una moción de censura contra el gobierno de Netanyahu y del 7 de octubre». Su partido Yashar (Recto), creado hace apenas un año, habría sido el segundo más votado, con entre 21 y 23 escaños; por detrás pero cerca del Likud, al que las encuestas le dan 24 o 25 diputados.
Por su parte, el actual jefe de la oposición, Yair Lapid —que ha concurrido a los comicios junto con el ex primer ministro Naftali Benet bajo la lista Beyachad (Juntos)— ha interpretado los resultados como un «colapso total» del actual gobierno, el más derechista de la historia de Israel. «No dejen que nadie les confunda: el bloque de Netanyahu ha sufrido una derrota aplastante».
Beyachad, la formación de centro-derecha de Lapid y Benet —artífices del ‘gobierno del cambio’ que desbancó a Netanyahu del poder en 2021 durante un año— se confirma como la segunda fuerza dentro de la bancada anti-Netanyahu con 12 o 13 asientos; seguida del partido de izquierdas Demócratas (fusión de Laboristas y Meretz) de Yair Golan, con 9 o 10 escaños; y la formación de ultraderecha laica Yisrael Beitenu (Israel Nuestro Hogar), del exministro Avigdor Liberman, con 7 u 8 diputados.
Entre los socios de Netanyahu, los partidos ultraortodoxos reducen su participación parlamentaria con 6-8 escaños para Shas (sefardíes) y 6-7 para Judaísmo Unido de la Torá (askenazíes) —en 2018 acapararon 18—; mientras que la ultraderecha mesiánica de los ministros Itamar Ben Gvir (Poder Judío) y Bezalel Smotrich (Sionismo Religioso) suma 12 o 13 diputados, también por debajo de los 14 que lograron en 2022.
Participación de récord
En esa jornada electoral, que se ha desarrollado sin grandes incidentes, los israelíes han salido en masa a votar, con una participación del 77,7%, la más alta desde 1999. De los 7,3 millones de ciudadanos llamados a las urnas en estas elecciones cruciales y marcadas por el 7 de octubre, 5,7 millones de ciudadanos han depositado su voto. La participación ha sido particularmente alta entre el segmento árabe de Israel —descendientes de los palestinos que quedaron dentro del Estado de Israel en 1948—, que son el 20 % de la población. Ha alcanzado el 80 %, la más elevada desde 1965.
Esto ha hecho que los partidos árabes logren el mejor resultado electoral de su historia en Israel, con hasta 18 escaños como auguraban las encuestas.
Cuando al mediodía la participación ya alcanzaba el 31,5 %, la más alta para esa hora desde 1977, el primer ministro Netanyahu, ante el temor de que esto beneficiara al bloque opositor y a los partidos árabes, ha hecho numerosos llamados en sus redes sociales al «votante de derecha» a salir a votar. «Los árabes nos están robando las elecciones», ha llegado a afirmar mientras compartía vídeos sin verificar sobre supuestas colas en los colegios electorales en localidades de mayoría árabe. Este argumentario ha sido compartido por sus socios de gobierno de la extrema derecha