Costas frena dos macroproyectos urbanísticos en La Manga

La Dirección General dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica alerta del riesgo de pantallas arquitectónicas

La promotora plantea nuevos hoteles y bloques residenciales de hasta diez plantas junto al litoral

Uno de los proyectos urbanístico está situado en una gran parcela en la zona de El Estacio, en La Manga del Mar Menor (San Javier).

Uno de los proyectos urbanístico está situado en una gran parcela en la zona de El Estacio, en La Manga del Mar Menor (San Javier). / L.O.

Alejandro Lorente

La Manga vuelve a encontrarse con una de sus fronteras más delicadas: el espacio todavía libre entre el desarrollo urbanístico y un litoral sometido a una creciente presión ambiental. Dos proyectos impulsados por Profusa en San Javier han recibido ahora un nuevo freno administrativo. La Dirección General de Medio Ambiente de la Región de Murcia ha determinado que ambos deberán someterse a una Evaluación Ambiental Estratégica Ordinaria antes de continuar su tramitación.

Los expedientes corresponden al Plan Especial del Subpolígono A-2 y a la modificación del Plan Especial de Reforma Interior del Polígono K del plan Hacienda La Manga. En ambos casos, los informes de la Dirección General de la Costa y el Mar del Ministerio para la Transición Ecológica han considerado que no pueden descartarse efectos ambientales significativos.

El primer expediente afecta al Subpolígono A-2, un ámbito de más de 7.000 metros cuadrados cuya superficie neta queda reducida a 4.606,12 metros cuadrados tras adaptar la ordenación al dominio público marítimo-terrestre. La propuesta mantiene un volumen edificable de 16.613 metros cúbicos y reserva 3.270,33 metros cuadrados para alojamiento turístico y hotelero.

La falta de información sobre las alturas y la distribución de los edificios ha sido uno de los principales obstáculos. Costas reclamó esos datos para valorar su integración paisajística, pero el expediente señala que «hasta la fecha, el promotor no ha remitido documentación alguna según lo requerido». El informe advierte de posibles efectos negativos por la formación de «pantallas arquitectónicas o acumulación de volúmenes».

El segundo proyecto alcanza una dimensión mucho mayor. La modificación del Polígono K afecta a casi 85.000 metros cuadrados, con edificaciones residenciales de hasta diez plantas y tres plantas para equipamientos. El ámbito se extiende entre la Gran Vía de La Manga, el acceso al puerto Tomás Maestre y El Estacio, e incluye parcialmente la urbanización Catania.

Costas considera que las alturas planteadas no quedarían suficientemente integradas en el entorno. «No quedando justificado que la disposición y altura de las edificaciones propuestas se realice de forma armónica con el entorno», señala el informe.

Uno de los proyectos se ubica en la Ensenada del Esparto, junto a la Punta del Pudrimel, en la zona norte de La Manga.

Uno de los proyectos se ubica en la Ensenada del Esparto, junto a la Punta del Pudrimel, en la zona norte de La Manga. / L.O.

Para Rubén Vives, portavoz de Ecologistas en Acción en la Región de Murcia, la cuestión va más allá del impacto visual. Su advertencia apunta a la posible alteración de la dinámica sedimentaria de La Manga por la acumulación de edificaciones. «No es que haya un edificio en una zona, sino que hay una barrera de edificios», sostiene, en referencia a la sucesión de construcciones que ya ocupa buena parte de la franja litoral.

La organización ecologista considera especialmente relevante que estos proyectos ocupen algunos de los últimos espacios libres que permanecen entre las zonas urbanizadas. Vives advierte de que el incremento edificatorio añadiría presión sobre una zona que, especialmente durante los meses de verano, ya soporta problemas de tráfico, consumo de agua, generación de aguas residuales y demanda energética. «Todo va a aumentar: la presión de los vertidos, el suministro, las emisiones, el agua y la luz», señala.

Los expedientes incorporan además valores naturales que todavía sobreviven en estos terrenos. En el A-2 se han localizado ejemplares de Asparagus macrorrhizus, la esparraguera del Mar Menor, cuya conservación deberá garantizarse mediante su mantenimiento o, si fuera necesario, su trasplante. En el Polígono K también aparecen especies protegidas como Helianthemum marminorense (Tamarilla del Mar Menor) y Senecio glaucus (Cachapedo), ambas catalogadas como vulnerables.

La sensibilidad ambiental se completa con la proximidad de enclaves vinculados al Mar Menor y sus humedales e islas, además de las cautelas sobre el cambio climático y la subida del nivel del mar.

Un potencial de recuperación perdido

Vives, quien no cree que pueda frenarse estos desarrollos, sostiene que esos espacios, aunque deteriorados, conservan «cierta naturalidad» y, sobre todo, potencial de recuperación. La construcción, a su juicio, reduciría esa posibilidad y añadiría presión a un territorio que Ecologistas en Acción considera ya «muy tensionado» y «saturado».

Las dos resoluciones no implican una prohibición definitiva. Los promotores deberán elaborar ahora un Estudio Ambiental Estratégico conforme a la Ley 21/2013 y superar el procedimiento ordinario antes de que los instrumentos urbanísticos puedan ser aprobados. El nuevo trámite obligará a concretar las dimensiones de las edificaciones, subsanar reparos, y a justificar sus efectos sobre el paisaje, los valores naturales y el funcionamiento de un litoral donde los espacios todavía libres son cada vez más escasos.