La Federación dosificó los espectáculos para que el multitudinario pasacalles del sábado fuese más dinámico, aunque no más corto
Moros y Cristianos de Murcia vivieron en la noche del sábado su día grande y sacaron a la historia a pasear por las calles de la ciudad con su gran desfile.
La Federación prometió un evento con más ritmo que en ediciones anteriores y, aunque la sucesión de kábilas y mesnadas, con sus 5 horas de recorrido, le hace sombra a la ‘marea colorá’ del Miércoles Santo, los espectáculos de baile le dieron dinamismo al desfile, en el que la atención del público no decaía en casi ningún momento.
Y es que este año los festejos se han renovado, por ejemplo, al ordenar cronológicamente los eventos a los que los distintos desfiles de Moros y Cristianos hacen alusión.
En este sentido, cabe recordar que este es el segundo año desde que los festejos fueron declarados de Interés Turístico Internacional y el primero con Aránzazu Arce como presidenta de la Federación.
Primeros aplausos
El bando Moro partió sobre las ocho de la tarde de Alameda de Colón, junto al Jardín de Floridablanca, con abanderados montados a caballo y un grupo de bailarinas que ondeaban ante el público sus uñas ‘postizas’, largas cual tentáculos, al ritmo de la música, que despertaron los primeros aplausos del público.
Aunque todavía quedaba el plato fuerte de este primer espectáculo: una pareja de acróbatas que se columpiaban alrededor de una gran palmera dorada.
Tras el primer aperitivo del pasacalles, desfilaron las Abanderadas de la Federación en una carroza custodiada por leones alados y decorada con los símbolos de la cruz cristiana y la media luna árabe.
Después, llegó otro grupo de bailarinas, con números de fuego y danza del vientre, que también se llevó los aplausos del público -y dejó, en las aguas del río Segura, los restos de los cañonazos de confeti que iban lanzando a su paso por el Puente de los Peligros-.
Sucesión de generaciones
A los primeros espectáculos, le sucedió parte del futuro de los festejos: pequeños del bando Moro ataviados con capas, grandes gorros y zapatos acabados en punta, junto a unas jóvenes bailarinas que enternecieron al público con sus propuestas escénicas que incluyeron bailes con abanicos y acrobacias en grupos.
Y, como una sucesión de generaciones, a las más pequeñas le siguió otro grupo de bailarinas jóvenes y, a estas, otro grupo conformado por mujeres adultas de todas las edades, lanzas en mano.
Los espectadores más pequeños se deleitaron con los jinetes y los adultos se sorprendieron con los moros ‘huertanicos’
Entre bailes y grupos de música, hicieron su aparición los Reyes Moros en una carroza que aparentaba ser un pequeño edificio de arquitectura árabe, escoltados por hombres que portaban ‘sables’ y ‘armas de fuego’.
Los espectadores más pequeños se deleitaron con los jinetes y los adultos se sorprendieron con los moros ‘huertanicos’, que lucían chalecos y capas bordadas con motivos florales como si fueran refajos.
Aunque, ante la sucesión de soldados y grupos de baile y música, a algunos espectadores se les comenzó a hacer denso el desfile.
Pero no tanto como a los dos pequeños somnolientos que iban sentados junto a un ‘camello’. A uno de ellos tuvieron que tocarle el hombro para que no se cayese de su silla al quedarse dormido, tras hora y media de recorrido. «¡Ay, qué tiernos!», suspiraban los espectadores a su paso.
Cerró el bando Moro un grupo con números circenses -desde malabares y zancudos hasta bufones sobre grandes pelotas-, que precedió a la pregonera de este año, Encarna Talavera, quien desfiló en una carroza que lucía la cabeza de un gran elefante.
Incienso y caballeros templarios
Un fuerte olor a incienso anunció la entrada del bando Cristiano, y es que los primeros en desfilar tras la pregonera llevaban, o bien espadas, o bien portainciensos.
Tras ellos, cuatro personas pasearon luciendo en sus brazos aves rapaces reales -aseguradas por correas-, junto con malabaristas, zancudos y bailarinas con ramas en llamas.
Ya han quedado atrás las plumas, los zapatos terminados en punta y la danza del vientre, elementos sustituidos por ropas holgadas, utensilios agrícolas y caballeros templarios.
Aunque el bando Cristiano también sacó a relucir espectáculos de baile por las calles del centro de la ciudad y, entre ellos, hizo su entrada Jaime I El Conquistador.
El monarca cristiano y su esposa se apoyaban sobre una gran espada y, bajo sus pies, salía humo de la carroza que simulaba ser la puerta de entrada ana fortaleza.
Una de las propuestas más ‘destacables’, aunque sea porque se aleja de los clásicos números de baile y acrobacias, fue el llamado ‘mercadillo de Jaime I’, con el que desfilaron casetas con flores y comida en conserva.
Pero el grueso del bando Cristiano lo compuso, sin duda alguna, un variado arsenal bélico conformado por soldados, caballeros, arqueras, guerreras que parecían vikingas e incluso samuráis, entre los que también desfilaron personajes como curas.
Resaltó, asimismo, una estatua que representa el momento de la entrega de las llaves de la ciudad.
El recorrido de Kábilas y mesnadas desemboca en la Plaza Fuensanta sobre la una de la madrugada tras pasear por las calles su gran cortejo y, a quienes les queden fuerzas, pueden continuar la fiesta en el campamento medieval del Malecón.
Próximos eventos
Aunque el día grande de Moros y Cristianos sea el sábado con el gran desfile -y la fiesta posterior en el campamento-, al día siguiente se celebran la tradicional ofrenda a la Virgen de la Arrixaca y la gincana ‘Búsqueda del corazón de Alfonso X’, con pruebas al estilo de un ‘escape room’ destinadas a encontrar un premio de 1.000 euros.
Ya el lunes, jornada previa a la romería, Moros y Cristianos se despedirán con un pasacalles, el acto de la entrega de llaves en la plaza del Cardenal Belluga y la noche sin fin en el campamento medieval.
