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Varios centenares de personas se congregan en un polideportivo de Villamanta, en Madrid, tras ser evacuadas por el fuego
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La cara y la cruz de la tragedia: del miedo y la incertidumbre a la solidaridad y la unión ante la adversidad
Mari Carmen alterna su contagiosa sonrisa con la inevitable emoción de quien ve cómo su vida puede cambiar en un santiamén. «Sentimos de todo, pero hay que hacerse los duros, cariño», nos cuenta. Y no es para menos. A sus 76 años, junto a Faustino, su marido, y Sagrario, su cuñada, ha tenido que dejar su casa, como todos los vecinos de la localidad madrileña de Aldea del Fresno, por la proximidad del enorme incendio que asola a la zona. Solo ha cogido sus medicinas.
«Mucho desasosiego. No sabemos lo que nos vamos a encontrar, pero… mientras que estemos vivos, eso es lo principal. Si perdemos lo que hemos hecho en 54 años, ¡pues lo hemos perdido!…», revela resignada a las puertas del polideportivo municipal de Villamanta, ubicado a solo ocho minutos en coche de su pueblo. Es el lugar que las autoridades han elegido para acoger a varios centenares de personas que por seguridad no podían quedar en sus casas y no tenían la posibilidad de marcharse a viviendas de familiares o amigos.
Mucha gente mayor, personas con discapacidad, papás y mamás, niños, mascotas… Todos fueron evacuados en la tarde del jueves y, ya en el pabellón o sus alrededores, han pasado la noche ya sea en sillas o en el suelo dormitando -o sin poder pegar ojo- o en coches y en calles o plazas cercanas. «Yo me tomo una pastilla para dormir y anoche dije: ‘¡Ni me la tomo!'», reconoce Mari Carmen, que, en medio de la incertidumbre, decidió pasar las horas charlando con una amiga, como cuando salen «al fresco» en el pueblo: «Cada una en una silla, ¡vaya la que hemos dado!», expresa.
Una solidaridad sin límites
Ya esta mañana y de cara a la siguiente noche, la Unidad Militar de Emergencias (UME) ha instalado 140 camas en literas, además de repartir mantas y otros enseres. Eso, en medio de la enorme solidaridad de los vecinos de Villamanta, que, todos a una y junto a la logística del Ayuntamiento, se han liado una vez más -como ya hicieron en la DANA de 2023 que todos recuerdan-, la manta a la cabeza y se han convertido en voluntarios -o héroes- de excepción para que nadie se quede sin un plato de comida o sin una palabra de aliento.
«Salí de casa y vi un chorro de humo y digo: «¡Uy, madre mía, ya está aquí!», relata Nati mientras reparte agua fresca junto a su esposo Pepe. «Dijeron que venía la gente de Aldea y nos vinimos para acá. Cuando tocaron las sirenas, empezaron a venir ambulancias. Venga ambulancia, venga ambulancia… bajaban, subían…. la Guardia Civil bajando a por las personas…«, agrega él.
«Mantas, sábanas, almohadas… toda la comida que se les está dando… O sea, todo, todos» nos cuentan a RTVE Noticias. «La lástima que no tenemos pañales para estos pobrecitos «, se queja ella. «Nos dieron unos paquetes pero se agotaron, porque es que anoche esto era horrible», apostillan. No mucho más tarde, hemos visto pasar a varios jóvenes con cajas de pañales.
Casi 20.000 evacuados en Madrid
Y es que todos saben que aún habrá que tener (más) paciencia para volver a sus hogares: la situación del fuego no es nada halagüeña. Dos de los incendios que afectan a la Comunidad de Madrid –el que comenzó en Villa del Prado, a solo 20 kilómetros de donde nos encontramos, y el de San Martín de Valdeiglesias- se han fusionado y la gravedad ha llevado al Gobierno a declarar la Emergencia de interés nacional, también en la provincia de Ávila. Solo en territorio madrileño hay ya al menos 40.000 afectados, entre evacuados y confinados.
María del Pilar, que se desplaza en silla de ruedas, nos atiende mientras come un tentempié. Vive en un camping en Aldea del Fresno. «Primero tuvimos que dejarlo antes de ayer, porque se había declarado un incendio arriba en El Encinar, y bajaba y nos desalojaron. Pero a las 11 de la noche nos dijeron que podíamos volver a casa. Y ayer tarde, ya a las 5, miré yo y había una nube, y le dije a mi suegra: ‘Esta nube no me mola, porque viene humo'». Enseguida sonaron las alarmas y les derivaron al núcleo del pueblo, donde al poco rato otro pitido les alertó de que tenían que desalojar el pueblo.
Nos cuenta que ha dormido sentada en el coche: «Aquí no había camas y en el suelo yo no me puedo tirar«. «Y ya no es descansar, es que no me puedo lavar bien, el aseo es muy bajito para agacharme», lamenta. Por los nervios se dejó en casa su medicación, aunque por suerte unos voluntarios de Protección Civil se la van a traer de la farmacia. «Villamanta se está portando de maravilla, las cosas como son. No nos falta ni comida, ni bebida, ni de nada», destaca junto a su suegra.
«No pensábamos que iba a llegar a esto»
En el polideportivo aguardan también alrededor de medio centenar de personas que viven en una residencia de la Asociación Madrileña de Ayuda al Minusválido y fueron trasladados en autobuses a Villamanta. A algunos los vemos echando la cabezadita que no tuvieron por la noche, pero también se intuyen los nervios de otros. «Está instalando la UME las literas. Pero hasta ahora, todos en sillas, en las colchonetas esas que nos han dejado ahí», indica Juan Manuel, uno de los responsables, que agrega que se ha podido volver al centro por la mañana para recoger medicación y que están a la espera de si les trasladan a otra residencia en la que pasar el fin de semana.
«Antes de ayer empezó el fuego en Villa del Prado. Ese día caían muchas pavesas en la Aldea, pero bueno, no pensábamos que iba a llegar a esto«. Lo dice otra de las desalojadas, Inmaculada. «Que estemos bien es lo principal. Pero las casas… no sabemos qué va a pasar», se lamenta. A su lado está Pilar, su madre, de 95 años. Las dos salieron con lo puesto, salvo alguna chaqueta por si hacía frío. «Mi otra hija ha tenido que ir a por las pastillas, y sí, la han dejado pasar 15 minutos, enseñando el carnet», afirma la anciana. No esconde que ha tenido miedo, y destaca el lado bueno. «Estoy con mis hijas, con mis yernos y mis nietas… y ya está. Que sea lo que Dios quiera y ya está«, sentencia.
Puerta por puerta para desalojar a todos
El alcalde de Villamanta, Mariano Núñez, afirma que ya el jueves, y tras acordarlo con el Gobierno autonómico, la gente mayor con más problemas fue trasladada a residencias de diversas localidades. «Estamos coordinando con la dirección asistencial el tema de personas que tenga problemas de oxígeno» y situaciones del estilo, para ser llevadas al hospital, indica.
A primera hora de este viernes, policía, guardia civil y autoridades de Aldea del Fresno -que tiene en torno a 4.000 habitantes– han ido llamando puerta por puerta para que cualquiera que pudiera quedar, saliera. «Teóricamente no debería quedar nadie«, explica el concejal Guillermo Celeiro, para confiar en que no haya «ningún inconsciente» que esté «escondido». «Pero bueno, eso ya es por cuenta y riesgo. Hemos hecho todo lo posible durante tres y cuatro ocasiones. Lo hicimos ayer, y otro par de ellas lo hemos hecho hoy», agrega.
Ha habido algunos casos de personas que se resistían, muchos por no saber qué hacer con sus animales. «Les hemos advertido de que a las 5 de la tarde el peligro es real, y que el fuego y sobre todo el humo se puede echar encima del municipio, que a veces el humo es tan peligroso como el fuego», enfatiza el concejal.
«Me ha recordado a la pandemia: nadie por la calle»
A las puertas del pabellón nos encontramos a Mariví contando a unos chicos que acaba de recibir en el teléfono un mensaje ES-Alert que ordena la evacuación de otros tres municipios de la Comunidad: Chapinería, Navas del Rey y Colmenar del Arroyo. «Me ha saltado la alarma, nos hemos quedado los tres helados. Y yo ya me he puesto nerviosa y he llamado a mi hija. No os podéis imaginar el susto que nos hemos pegado los tres. No puedo más. Y ver del camino para acá humo negro, negro, negro».
En medio de esta confusa situación, vemos a Maribel alzar la voz entre la gente para anunciar que por ahora no se va a poder volver a Aldea del Fresno, de donde fue alcaldesa varios años, según le ha trasladado el actual regidor. Y que toda la gente que se haya quedado allí tiene que marcharse.
Ella también ha podido volver por la mañana a su casa para recoger medicamentos indispensables. «Me ha dejado la Guardia Civil, he ido a mi casa… La verdad es que las casas yo no he visto ninguna mal ni nada. Tiene miedo la gente de que está solo el pueblo, porque es que me ha recordado a la pandemia, chico: nadie por la calle. Muchos guardias, mucho guardia civil en la entrada que no te dejaba pasar. Yo le he explicado por lo que era y me han dicho: «Vale, cógelo y súbete».
