LOS ALCÁZARES/ Ni está el horno para bollos ni el Mar Menor para banderas.

MORENTE

Reportaje fotográfico.

Desde que las aguas del Mar Menor dejaron de ser lo que siempre fueron, es decir, una invitación al baño, para convertirse en foco de atención (para malo) de la opinión pública en general y de los políticos en particular, cada vez está más claro por qué ojo llora cada uno y quienes son los que no dan puntada sin hilo. La excelente calidad de las aguas en las playas murcianas ribereñas del Mediterráneo, desde Alicante hasta Almería, no tienen nada que ver con las que hoy están centrando la atención de comités, comisiones, consejos, plataformas, observatorios, etc., de expertos y de políticos empeñados en que se regenere rápidamente lo que se dejó perder poco a poco. El “reventón” de 2016 se veía venir desde 2010. Tan claro estaba lo que iba a pasar que los usuarios de las playas de los municipios del Mar Menor, se extrañaban de la falta de reacción Institucional, de que la Administración no tomase medidas. Ninguna.

Ahora, cuando el horno no está para bollos, hay exceso de panaderos. Dicho de otro modo, el Mar Menor es actualmente un enfermo grave en lenta recuperación, con demasiados especialistas pendientes de él, bajo  presión de unos familiares (políticos) que ansían buenas noticias. Pero no  todo radica en el tratamiento acordado, posiblemente el más adecuado en estos momentos, sino de que por un quítame allá esas pajas (cualquier tipo de agresión) continúe en la UVI cuando estaba a punto de ser trasladado a planta. Lo que estamos padeciendo es el resultado de un ataque gravísimo a un medio natural  y será la propia naturaleza quien reaccione a su debido tiempo, sin prisas ¿O no?

De cara al turismo, principal fuente de ingresos de los municipios con playas en el Mar Menor, la próxima Semana Santa servirá de test anticipado a la temporada veraniega, tanto para los que cada año eligen lugar de vacaciones, como para los que no tienen/tenemos más remedio que ocupar la segunda residencia, mantenida durante todo el año como fieles contribuyentes “no votantes”. Esa es otra que tal baila: siembras y no recolectas. 

 

Quienes en este momento son libres para elegir destino vacacional y decidan que sea en la costa murciana, deben confiar en sus propios “ojos” o en la opinión de personas de su confianza, más que en lo que les llegue a través de los medios de comunicación. V.gr.: «REGIÓN DE MURCIA. La Comunidad acomete la recuperación de los fondos marinos en Los Alcázares, Los Urrutias, Los Nietos y Villananitos. Europa.12 febrero, 2018» Después de tanto desengaño, de tanta promesa incumplida, los usuarios de las playas son los más cualificados para valorar la efectividad (o ineficacia) de la “Ley de Medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad ambiental en el entorno del Mar Menor” y el trabajo realizado por el Comité de Asesoramiento Científico del Mar Menor.

Estas medida y cuantas fuesen/sean necesarias debieron adoptarse mucho antes, en vez de machacar insistentemente a la opinión pública con tantas explicaciones, conceptos, definiciones y expresiones que, a base repetirlas, aburren: eutrofización, nutrientes, microorganismos, desalobración, vertidos, contaminación, salmueras, abonos, sales minerales, nitratos, residuos mineros, metales pesados, barreras vegetales, humedales, depósitos de laminación,… palabras y más palabras, en vez de reconocer/denunciar que la Administración Pública no hizo bien su trabajo y que todavía no ha respondido por ello.  En la playa, con los pies entre dos aguas, vale más lo que ves que lo que te cuenten. No sé si me explico.

 

Lo único que demandan los “clientes” del Mar Menor es poder bañarse como “antes” y desde luego, hasta que ese momento llegue, tanto  ADEAC (Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor) como ICTE (Instituto para la Calidad Turística Española) pueden dejar en el armario las banderas azules y blancas que, ondeando al viento del  Mar Menor (Paraíso de la Costa Cálida), podrían confundir al personal, que normalmente las identifica con la calidad del agua y de todo lo demás, y cuya concesión, en el caso concreto de la blanca con la “Q”, no toma en consideración las conformidades o no conformidades de los usuarios de las playas, sino el papeleo ad hoc presentado por los Ayuntamientos. Otorgar banderas en 2018 restaría importancia a las que justamente se conceden a otras playas murcianas ribereñas del Mediterráneo, que sí las merecen.  

 

  • COMENTARIOS A LAS 11 IMÁGENES DEL REPORTAJE FOTOGRÁFICO

Están ordenadas alfabéticamente, desde la “A” hasta la “K”. Sugiero verlas de una en una (así las comento) y a pantalla completa. No son un ejercicio de “anti patriotismo marmenorense”, sino todo lo contrario: una invitación a reflexionar sobre las desastrosas consecuencias de malas acciones, censurables omisiones y mentiras institucionales. Las playas (arena, agua y fondos) están como están y no como todos quisiéramos que estuviesen. Así que lo mejor es seguir sumando cuanto sea necesario, restar lo que haga falta y reconocer públicamente la realidad, para no seguir defraudando a quienes depositan su confianza en esta parte de nuestra Región al tiempo  de invertir/gastar su dinero. Hasta que revierta la situación anterior, mentir no está bien y acabará pasando factura. 

 

Imagen A.- En 2018 no está el horno para bollos ni las playas para banderas. En 2019… Dios proveerá.  Si Le dejan.

 

Imagen B.- No hay que darle muchas vueltas a la cabeza para concluir que la bandera azul tampoco debe ondear este año. No se observan mejoras que merezcan tal premio.

 

Imagen C.- Si se actuase con el mismo criterio de exigencia que en otras playas del litoral español, faltan servicios a los usuarios para merecer tal distinción. Sin servicios tan básicos como duchas y fuentes para beber (sin pagar por ello) la “Q” no debería hacer acto de presencia.

 

Imagen D.- Los episodios de espuma (algo más que burbujas) a lo largo de 2017, varias veces durante la temporada de baños, sin “temporales” a los que culpar, no es lo que uno esperaría encontrar junto a una bandera azul.

 

Imagen E.- Una playa en estas condiciones está reñida con el concepto de calidad que se oferta turísticamente.

 

Imagen F.- Hay que informar adecuadamente del estado de las playas utilizando las banderas establecidas para cada situación. Por estos pagos no se conoce la que alerta de la presencia de medusas. En la Playa del Espejo, temporalmente cerrada al baño durante el verano pasado, no se izó la bandera negra.  Informar, y hacerlo del modo establecido por la normativa, debe ser una constante.

 

Imagen G.- Esto es lo que vendemos fuera y nunca se debe defraudar a quien responde (nacional o extranjero) a la llamada.

 

Imagen H.- Un mar azul, limpio, transparente,… sin sorpresas bajo la superficie, será motivo de satisfacción para quien nos elija como destino para sus vacaciones. OK.

 

Imagen I.- Si a base de publicidad y promoción conseguimos interesar al turismo procedente del extranjero, démosle lo que espera encontrar y no gato por liebre. Si queda satisfecho repetirá.

 

Imagen J.- El azul, referido al agua del mar, es un color que “bien vende”, frente a la “sopa verde”, cuyo desagradable aspecto repele. Si se ofrece lo mejor, y se cobra por ello, la calidad es fundamental. Todos sabemos que lo que ha pasado con el agua del Mar Menor sobrepasa las inundaciones de diciembre de 2016. 

Imagen K.- La espuma hizo su aparición en las playas alcazareñas, varias veces,  durante el pasado verano y Europa informó de ello. En el canal de información técnico científica del Mar Menor aparece esta noticia: «Canalmarmenor.es .11 Feb.  Espuma de mar. La  espuma  de mar se forma por un proceso natural en el que intervienen factores químicos, principalmente materia orgánica y factores mecánicos, principalmente el viento. La materia orgánica procede de la descomposición de los restos de animales y plantas que habitan el… […] Un ejemplo es la costa de Biarritz, puedes observar las imágenes de la espuma provocada por el temporal en sus playas: http://bit.ly/2nXimnm» Con todos mis respetos para personas tan cualificadas, habría que comparar el Mar Menor con La Albufera de Valencia, y no con una playa del Cantábrico (Atlántico). No es lo mismo. La espuma que aparece en las tres fotos del Mar Menor, consistente, duradera y “en seco” nada tiene que ver con la de Biarritz.