Los vecinos tiene dos bombas funcionando las 24 horas para extraer unos 1,5 millones de litros al día

Dos de los residentes destapan dos sumideros de agua en uno de los garajes de la comunidad de vecinos. / Álex Moreno
Unos cuarenta vecinos de cuatro bloques de Nueva Cartagena conviven desde hace cerca de cinco años con un problema de filtraciones de agua que ha convertido sus garajes en una preocupación permanente. Los afectados aseguran que, pese a las obras realizadas y a las actuaciones emprendidas hasta ahora, siguen sin conocer con certeza de dónde procede el agua que brota desde el subsuelo y que les obliga a mantener sistemas de bombeo funcionando de manera ininterrumpida.
Una de las vecinas afectadas explica que lleva más de treinta años residiendo en su vivienda en la zona y que durante la mayor parte de ese tiempo nunca habían sufrido una situación semejante. «Llevamos 32 años viviendo aquí y de cinco años para acá empezaron las inundaciones», relata.
El problema comenzó obligando a la comunidad a instalar dos pequeñas bombas, pero la situación fue empeorando hasta hacer necesaria una intervención de mayor envergadura. «Pusimos dos bombas pequeñas, al final tuvimos que hacer una obra grande que nos ha costado 80.000 euros», explica la residente.
Según los cálculos que manejan los vecinos, actualmente «estamos sacando todos los días un millón y medio de litros de agua de dónde, no lo sabemos», lamenta.
Las filtraciones afectan a los garajes comunitarios de cuatro bloques en los que viven alrededor de 40 vecinos. Para evitar que el agua vuelva a anegar las instalaciones, mantienen actualmente una bomba de gran capacidad y otra más pequeña funcionando permanentemente las 24 horas.
La vecina asegura que el gasto eléctrico derivado únicamente de mantener el sistema operativo supera los mil euros. A ello se suman las reparaciones, ya que una de las bombas, explica, se encuentra actualmente averiada y ponerla de nuevo en funcionamiento podría suponer otros 5.000 o 6.000 euros.
La factura acumulada durante estos años se ha disparado. «De cuatro años y pico para acá llevamos gastados más de 160.000 euros«, afirma la vecina. Una cantidad asumida por la comunidad y que ha obligado a modificar también su organización y sus cuotas.
De hecho, los propietarios, explica, tuvieron que constituir una mancomunidad e incorporar las viviendas ante el temor de que las filtraciones puedan terminar afectando a la estructura de los inmuebles. «De pagar 100, estamos pagando 400 euros por vecino de comunidad de garaje», señala.
La situación llegó a ser especialmente grave antes de ejecutar las obras para contener las filtraciones. Durante un periodo, los garajes tuvieron que quedar inutilizados por la cantidad de agua acumulada. «A mí me llegaba el agua por las rodillas», recuerda la residente.
Aunque las bombas permiten actualmente controlar el nivel, las consecuencias continúan siendo visibles en otras partes de los edificios. La comunidad había pintado recientemente uno de los inmuebles, pero la humedad ha vuelto a aparecer.
Para los residentes, la principal preocupación no es únicamente el coste económico, sino la incertidumbre sobre el alcance que podría terminar teniendo el problema. «Estamos aburridos de vivir porque realmente no sabemos hasta qué punto pueden estar afectados o no estar afectados», señala.
Los vecinos insisten en que, después de varios años, todavía no conocen el origen exacto del agua. Según explican, el asunto ha llegado tanto al Ayuntamiento como a la Confederación y se han realizado visitas y análisis para tratar de determinar su procedencia. «Yo no sé de dónde viene el agua. Pero que la tenemos, la tenemos«, resume la afectada.
La vecina asegura que técnicos vinculados a la Confederación visitaron los edificios a comienzos de año y recogieron muestras para analizar el agua. Según explica, las pruebas realizadas apuntarían a que no se trata de agua salada ni de aguas residuales, aunque los afectados continúan pendientes de que las administraciones concreten de dónde procede y, sobre todo, cómo solucionar definitivamente el problema.
Mientras tanto, el agua extraída debe ser evacuada. Los residentes explican que una de las dificultades está precisamente en determinar por dónde puede canalizarse ese enorme volumen diario sin incumplir las restricciones existentes.
Los afectados sostienen además que desde el Ayuntamiento se han estudiado distintas alternativas para conducir el agua, aunque algunas implicarían obras de gran envergadura en la urbanización.
Hasta que llegue, su rutina continúa marcada por el sonido de los motores y por una pregunta que, aseguran, sigue sin respuesta: de dónde sale el millón y medio de litros de agua que cada día tienen que retirar de debajo de sus viviendas.