Aumentan a 240 los muertos por el terremoto en Colombia mientras se buscan supervivientes contra reloj

  • Exteriores informa de que hay 164 españoles sin localizar tras el terremoto en el ‘Eje Cafetero’

  • El seísmo de 7,4 con epicentro en el Chocó deja más 900 heridos y decenas de edificios derrumbados

Colombia busca supervivientes tras el peor terremoto de la última década
Santiago Riesco Pérez RTVE

Colombia se enfrenta a sus horas más amargas. El último balance oficial de víctimas ofrecido por las autoridades locales tras el devastador terremoto que sacudió el noroeste del país este lunes eleva la cifra de fallecidos a 240 personas, mientras los equipos de rescate trabajan a contrarreloj para hallar señales de vida bajo las toneladas de hormigón y ladrillo.

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha informado de que hay 164 españoles sin localizar tras el terremoto en Colombia. Sin embargo, no hay constancia de fallecidos o heridos de nacionalidad española.

 

Albares ha asegurado que Exteriores está buscando a estos 164 compatriotas durante la rueda de prensa que ha ofrecido en Ceuta tras entrevistarse con el presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, donde también ha detallado que desde los servicios consulares ha podido establecer contacto con todos los españoles que saben que están en Colombia salvo con estos 164. En este contexto, ha pedido a los españoles que están en el país, o a sus familiares, que contacten con la Embajada o el Consulado General para informar de su estado.

El seísmo, que alcanzó una magnitud de 7,4 en la escala de Richter y se originó a una profundidad de 107 kilómetros, ha dejado además más de 900 heridos y una estela de destrucción que todavía está siendo evaluada por las autoridades nacionales.

El epicentro se localizó en San José del Palmar, un municipio del departamento del Chocó situado en una zona estratégica entre las ciudades de Medellín, Bogotá y Cali. El temblor se registró a las 07:34 hora local (las 14:34 en la España peninsular), un momento en el que el país comenzaba su actividad diaria, lo que incrementó el impacto emocional y físico entre la población. «El estallido ha sonado como una bomba», relataban algunos vecinos, describiendo un movimiento telúrico que se sintió con fuerza incluso en países vecinos como Venezuela, Ecuador y Panamá.

Rescate contrarreloj

La prioridad absoluta del Gobierno colombiano es ahora la localización de supervivientes. El Ejército ha movilizado a 180 rescatistas especializados, divididos en cinco pelotones, que han sido desplazados desde las bases de Bogotá y Tolemaida hacia las zonas con mayores reportes de daños. Estos equipos cuentan con tecnología de vanguardia, incluyendo drones, cámaras térmicas y sensores de movimiento, herramientas críticas para detectar cualquier indicio de vida entre los más de 80 edificios que han colapsado totalmente.

Tres de estos pelotones operan ya en el Eje Cafetero una región declarada Patrimonio de la Humanidad que ha sido especialmente castigada. Las otras unidades se reparten entre el Chocó, epicentro del desastre, y la ciudad de Cali. En esta última, el alcalde Alejandro Eder ha confirmado que todavía hay personas atrapadas en estructuras colapsadas, lo que mantiene en vilo a cientos de familias que esperan noticias en las inmediaciones de las zonas acordonadas.

Epicentro de la tragedia

Las cifras por regiones dibujan un mapa de dolor extenso. Pereira, la capital de Risaralda, se sitúa como la zona más golpeada con 60 fallecidos. La ciudad, motor económico y turístico de la zona cafetera, ha visto cómo numerosos edificios sufrían daños estructurales severos. En el Valle del Cauca, la cifra de muertos asciende a 35, concentrándose la mayoría en Cali, donde además se reportan cerca de 700 heridos y 188 desaparecidos.

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Por su parte, en el Chocó, la gobernadora Nubia Carolina Córdoba ha alertado sobre la gravedad de la situación en Quibdó, donde se contabilizan al menos 13 víctimas mortales. El miedo a las réplicas mantiene a miles de personas en las calles, temerosas de regresar a unas viviendas que, aunque sigan en pie, muestran grietas inquietantes. Según la Cruz Roja Colombiana, se estiman más de 1.500 viviendas dañadas en todo el territorio nacional.

Respuesta política y económica

Esta catástrofe ha puesto a prueba al nuevo presidente, Abelardo de la Espriella, quien apenas llevaba tres días en el cargo cuando se produjo el seísmo. De la Espriella, que basó su campaña en la promesa de un ajuste fiscal severo y la congelación del gasto público, se ha visto obligado a dar un giro radical en sus primeras acciones de gobierno. «No los vamos a dejar solos», ha declarado el mandatario tras decretar la situación de emergencia nacional para agilizar el giro de recursos económicos de manera inmediata.

Desde Cali, el presidente ha asegurado que los fondos necesarios para atender la tragedia están listos, a pesar de sus planes iniciales de austeridad. La magnitud del desastre, con aeropuertos como los de Pereira y Manizales operando con restricciones por daños en su infraestructura, ha obligado a una gestión de crisis que prioriza la asistencia humanitaria por encima de las promesas de campaña de reducir el aparato estatal.

Solidaridad internacional

Ante la dimensión del suceso, la comunidad internacional no ha tardado en reaccionar. La Unión Europea ha activado el sistema de satélites Copernicus para ofrecer imágenes en tiempo real que faciliten las labores de socorro, además de proporcionar financiación a través de la Cruz Roja. Kaja Kallas, jefa de la diplomacia europea, ha confirmado también la activación del mecanismo de asistencia consular para apoyar a los ciudadanos de la UE que se encuentren en la zona del desastre.

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Estados Unidos, por su parte, ha ofrecido una ayuda inicial de 15,5 millones de dólares —unos 13 millones de euros— destinada a refugios, alimentos y equipos de protección. Incluso países vecinos que atraviesan sus propias dificultades, como Venezuela —que aún se recupera del doble terremoto sufrido en junio—, han prometido el envío de brigadas de rescatistas para colaborar en el terreno. Ecuador también ha puesto a disposición 47 especialistas y perros entrenados para operar de forma autónoma durante una semana.

Ciudades bajo toque de queda

La seguridad se ha convertido en otra preocupación mayor para los alcaldes de las ciudades afectadas. En Cali y Pereira, se ha decretado el toque de queda nocturno y la militarización de ciertos sectores para prevenir posibles saqueos en los comercios. «Tenemos amenazas de saqueo, por eso he ordenado la militarización», justificaba el alcalde de Cali para proteger lo que queda de la actividad comercial tras el impacto.

Mientras tanto, en Bogotá, el alcalde Carlos Fernando Galán ha enviado un mensaje de relativa calma, informando que, aunque el seísmo se sintió con gran intensidad provocando grietas en algunos edificios, no se tiene reporte de daños estructurales graves ni víctimas en la capital. Aun así, la sensación de vulnerabilidad es compartida por todo el país, que observa con angustia cómo las cifras de víctimas podrían seguir creciendo a medida que se retiran los escombros.

Testimonios del horror

Detrás de las cifras hay historias humanas de supervivencia y trauma. El periodista Santiago Uribe ha narrado a RTVE el momento del seísmo como algo «paralizador», describiendo la impotencia de no poder moverse mientras protegía a sus dos bebés. Otros testimonios, como el de Ana María Tabares en Quindío, relatan desmayos y crisis de ansiedad ante la violencia del movimiento. «Las piernas no me daban», confesaba tras ser reanimada por un familiar.

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España también sigue de cerca la evolución de la tragedia. El presidente Pedro Sánchez y el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, han trasladado su solidaridad al pueblo colombiano. En una Colombia herida, la esperanza se aferra ahora al trabajo de los rescatistas que, bajo el sol del Chocó o la lluvia del Eje Cafetero, buscan supervivientes contrarreloj.