
Su principal obra, Aires murcianos, se convirtió en un trabajo de referencia del costumbrismo sentimental y de denuncia social, alabado por la crítica. Es considerado uno de los símbolos de la identidad regional murciana, hizo uso en su literatura del lenguaje tradicional de la región.
Nacido en la localidad murciana de Archena, en plena vega del río Segura. En su pueblo estableció contacto con las letras a temprana edad ya que su padre se hizo cargo del quiosco del balneario de Archena, donde Medina pudo leer a autores como Gustavo Adolfo Bécquer, José de Espronceda, Víctor Hugo o Emile Zola. Su padre, Juan de Dios Medina, era conocido como Juan de Dios, «el de los romances», ya que era un gran conocedor de este género, e incluso los recitaba por los pueblos; además de que era un talentoso empresario, comerciante, macero, trovador, bardo, aficionado a los viajes de aventura, a la literatura, la actuación, el canto, la música, la danza y al teatro. De esta forma, se puede suponer que Vicente Medina tuvo una infancia repleta de historias y de relatos, reflejados en el ejemplo paterno.
Con dieciocho años ingresó en el Ejército, donde llegó a cabo de infantería de marina, con destino primero en San Fernando (Cádiz), y posteriormente a la Capitanía General de Cartagena. Sus primeros versos como poeta se publicaron durante su estancia en Filipinas, adonde fue como voluntario, y allí comenzó su oficio literario. En 1890 abandonó el Ejército para volver a Cartagena. Allí publicó su primera obra dramática, El Rento (1898), con la cual Vicente Medina quiso recuperar y dignificar el lenguaje huertano, que era usado cómicamente en las fiestas de carnaval llenándolo de barbarismos y extravagancias, algo que para el autor resultaba indignante. Entonces, en total desacuerdo con esta interpretación del panocho, escribió el drama huertano de El Rento usando el dialecto murciano. Fue muy bien acogido por la crítica nacional.
Las excelentes críticas recibidas, animaron a Vicente a juntar los poemas que elaboró como ensayo para confeccionar El Rento, y surgió así la primera edición de la que sería su obra maestra y más conocida, Aires murcianos (1898). Este libro de poemas se convirtió en su obra cumbre, todo un canto al sufrimiento de las gentes de la huerta del Segura. Su éxito fue inmediato, y se llegó a publicar incluso una edición en checo. Azorín dijo de esa obra:
“Aunque no escriba usted más, este diminuto volumen, que es de oro, bastará para colocarle a usted entre los grandes líricos de nuestro parnaso. Su poesía es de las pocas que conmueven hondamente. Puede tener usted la íntima convicción de que ha hecho una obra de gran artista.”
A partir de este momento la vida literaria de Medina se tornó intensa, con estrenos teatrales de cierto éxito, dramas y obras musicales, publicación de numerosos trabajos, tanto en verso castellano normal como en prosa. Dentro de estas obras destacan Alma del pueblo (1900), La canción de la vida (1902) y La canción de la muerte.
En 1906, diecisiete familiares suyos marcharon a América, por lo que los deseos de Vicente de cruzar el Atlántico aumentaron considerablemente. Finalmente migró a Argentina en los comienzos de 1908 de forma que convirtió a este país en su segunda patria. Su salida de España fue recogida por la prensa, incluso Unamuno se hizo eco de ella en La Nación.
Primero permaneció en Buenos Aires, para luego pasar a Rosario, donde gracias a diversos empleos mejoró su condición económica; de hecho, llegó a convertirse en propietario agrícola mientras que prosiguió su labor como literato a partir de 1915, que es cuando publicó La Canción de la Guerra (1915), una denuncia antibelicista en plena Primera Guerra Mundial. También editó una revista literaria denominada Letras y entre 1916 y 1919 regentó una escuela en la que ofrecía veladas literarias y conferencias. En Buenos Aires apareció una nueva serie de Aires murcianos titulada Abonico (1917), además de una sucesión de reediciones y colecciones de obras completas. Tras la muerte de su esposa publicó el libro Compañera (1921), compuesto por una serie de poemas de gran tristeza ante el fallecimiento de la que fue su mujer durante treinta años.
En 1924 abandonó su empleo por enfermedad, para dedicarse a su obra literaria, editar libros y recorrer Suramérica dando recitales de poesía. En 1928 se publicó en Murcia una nueva serie de Aires murcianos, llamada esta vez ¡Allá lejicos! (1928), en la que demostraba su añoranza por la tierra que lo vio nacer