Cáritas deja a más de veinte de sus empleados en la calle en la Región de Murcia

Catorce de ellos fueron despedidos el 18 de marzo, esgrimiendo «motivos económicos» y la necesidad de reforzar el papel del voluntariado en la ONG

El proyecto ‘Nazaret’ en Yecla y Jumilla ya no continúa.

El proyecto ‘Nazaret’ en Yecla y Jumilla ya no continúa. / L.O.

Jaime Ferrán  LA OPINIÓN

18 de marzo, un día antes del Día del Padre. Al mediodía, Cáritas convoca de urgencia a catorce de sus trabajadores sociales alegando un «cambio estructural». A primera hora de la tarde, en las instalaciones donde se encuentra el departamento de Servicios Generales, van pasando al despacho uno por uno para recibir la mala noticia. «Llegué en un estado de bastante ansiedad porque no sabía muy bien qué pasaba. Allí me dijeron que, por motivos económicos, se procedía a mi despido», cuenta a La Opinión una de las personas afectadas, que prefiere mantenerse en el anonimato. Además, se procedió a requisarles los dispositivos de trabajo, como el ordenador, y se les envió a un período de vacaciones hasta el 31 de marzo, sin posibilidad de reincorporación.

Tres días antes, Cáritas Diocesana celebraba una Asamblea General que contó con la participación de 182 personas entre presidentes y directores parroquiales, y en la que se aprobó el Plan Estratégico 2026-2029. Nada se habló de reestructuración ni mucho menos de despidos. «Mi párroco me dijo que habían salido más tontos de lo que habían entrado porque no sabían ni lo que habían votado», relata la misma fuente, que llevaba más de cinco años en el mismo puesto. Entre otras cosas, votaron unos presupuestos que hacían frente, según reconoció la ONG en una carta posterior dirigida a los directores, a «una situación económica insostenible». «No hemos visto otra forma mejor de hacerlo preservando la legalidad», aseguró en la misiva el director diocesano de Cáritas en la Región de Murcia, Jesús Martínez-Pujalte.

No son los primeros despidos que se producen en la organización de la Iglesia Católica en los últimos meses. De hecho, desde finales de 2025 hasta la actualidad ya han salido más de una veintena de trabajadores. Además, a estos despidos se sumarán otros seis en julio, por lo que la cifra se acercará a la treintena. Una de las personas afectadas llevaba 23 años en plantilla.

El nuevo modelo de Cáritas Diocesana pretende, según explicó Martínez-Pujalte en la misma carta, poner el foco en los voluntarios, olvidando los proyectos de acción social «que son como extensiones de la Administración pública».

Caso judicializado

Otra de las empleadas despedidas, que también prefiere no exponerse públicamente tras ocho años de trayectoria en la organización, duda de que los «motivos económicos» esgrimidos sean una realidad. «Si la situación es insostenible, ¿por qué están rechazando proyectos y subvenciones?», se pregunta.

A finales de 2025, la dirección de la oenegé decidió no continuar con tres proyectos IMAS: ‘Nazaret’ en Yecla y Jumilla y ‘Medina Sisaya’ en Abarán, Cieza y Blanca, y Colectivos Vulnerables en Molina de Segura. En 2026, además, no acudieron a la convocatoria de dos proyectos IMAS: ‘Emplearitas’ en El Palmar y Alcantarilla. Por si fuera poco, con los últimos catorce despidos, el programa de intervención con jóvenes en Alcantarilla para la prevención de la exclusión social en barrios especialmente vulnerables corre verdadero peligro.

Otra de las damnificadas, que se ha quedado en paro con dos hijos, cree que el motivo de los despidos es que se han creado muchas categorías de coordinadores y jefaturas, hasta el punto de que ya no sabían bien a quién tenían que dirigirse. «Se han quitado técnicos y han dicho: el trabajo grueso que lo hagan los voluntarios», afirma.

La entidad informó a su Asamblea General que pasaba por una «situación económica insostenible»

Buena parte de los empleados despedidos trabajaba en programas vinculados a los fondos europeos FSE+ y a fondos Next Generation, que se debían extender hasta 2029, por lo que la entidad seguirá recibiendo fondos hasta esa fecha. «Lo que consiguen así es recibir el mismo dinero, pero con menos personal», resume una de las extrabajadoras. Por si fuera poco, en los últimos meses notaron que Cáritas no solicitaba nuevas subvenciones ni financiación para nuevos proyectos.

Otra de las personas afectadas añade que no existió ningún «criterio claro» ni «transparencia» en la elección de los perfiles a los que se expulsó, generando una «percepción de arbitrariedad».

Por estos motivos, más de una decena de exempleados han decidido acudir a los tribunales contra Cáritas Diocesana, que solo se presentó al acto de conciliación con dos de los trabajadores despedidos. «El principal motivo de la denuncia es, sobre todo, la gente que se ha quedado sin atender. Hablamos de personas en situación de vulnerabilidad que necesitan ayuda económica», explican.

Asimismo, recalcan que la forma en que se han producido las salidas les genera interrogantes éticos. «¿Es coherente con los valores de Cáritas comunicar ceses en el mismo día, retirar herramientas de trabajo de inmediato y evitar cualquier proceso de transición? ¿Dónde queda el acompañamiento a quienes han sido parte de la propia misión?», se preguntan.

Los afectados dicen que la organización está dejando escapar nuevas convocatorias de ayudas

Pero, de fondo, el dilema que resuena es: «¿Puede una organización cuya razón de ser es acompañar a las personas más vulnerables permitirse aplicar internamente medidas que generan precisamente desprotección?».

Los trabajadores recalcan, además, que el informe Foessa 2026 (Fomento de Estudios Sociales y Sociología Aplicada) en la Región describe una situación de «exclusión estructural» que, «paradójicamente, coincide con un momento de recortes de personal en la propia entidad que lanza el aviso, Cáritas Diócesis de Cartagena».

La Opinión intentó durante varios días, sin éxito, hablar con la dirección de Cáritas Diocesana.

Siguen publicando ofertas

Los extrabajadores de Cáritas Diocesana de la Región de Murcia denuncian, además, que «mientras justificaban los despidos diciendo que no existía posibilidad de reubicación y que era necesario reducir personal técnico por motivos económicos y organizativos, la entidad no ha dejado de publicar ofertas de empleo», como ha podido comprobar este periódico.

«Aunque muchas de las ofertas son temporales, también sabemos que están enviando correos internos con otras vacantes que no aparecen publicadas en la página principal», afirma una de las trabajadoras cesadas, indignada porque le parece «una contradicción importante, sobre todo teniendo en cuenta que existe promoción interna dentro y que parte del personal podría haberse recolocado en lugar de ser despedido».

Otra de las exempleadas que ha hablado con La Opinión opina que desde la organización están buscando perfiles «muy cercanos a la iglesia y más religiosos», distanciándose de un modelo de plantilla mixto y más secular.