El crimen de la escalera de Lorca ya tiene sentencia: la víctima cortó la yugular a su asesino antes de las 11 puñaladas mortales

La Audiencia Provincial de Murcia dicta la condena que ha de cumplir Nachid N., declarado culpable por el jurado popular y que estaba gravemente herido cuando acuchilló a su rival

El encausado por el crimen de la escalera de Lorca, en la Audiencia Provincial de Murcia.

El encausado por el crimen de la escalera de Lorca, en la Audiencia Provincial de Murcia. / ISRAEL SANCHEZ

Ana Lucas  LA OPINIÓN

Nachid N. sostuvo siempre que no fue el autor de la muerte y culpó de la misma a una tercera persona cuya existencia no ha quedado acreditada. «Ahí había alguien más», dijo en su declaración el único encausado en el conocido como crimen de la escalera de Lorca, un hombre que llegó al Palacio de Justicia en libertad y ya ha sido condenado por asesinato.

Así consta en la sentencia de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Murcia, a la que ha tenido acceso este periódico. Los argumentos del procesado (un argelino de 67 años que insistió en su inocencia y subrayó que su ADN estaba en el cuchillo porque lo tocó al defenderse de los ataques de su oponente, llamado Nabil) no convencieron al jurado popular.

La resolución emitida por el tribunal recalca que, cuando Nacnid mató a Nabil, lo hizo malherido, dado que su rival primero le había atacado a él, hasta el punto que le cortó la yugular. Estaba sangrando y presentaba incluso un neumotórax, pese a lo cual pudo revolverse y clavar hasta en 11 ocasiones el cuchillo a su oponente.

Una pelea por 250 euros

Los hechos tenían lugar poco después de las nueve y media del 28 de octubre de hace seis años, en el rellano de un edificio de la calle Ortega Melgares, en el lorquino de San Cristóbal de la Ciudad del Sol y en el cual residía en ese momento el procesado.

Discutieron porque Nabil «solicitó al acusado 250 euros que necesitaba para abonar el alquiler», se lee en el relato de hechos probados de la sentencia. La riña fue subiendo de tono a medida que iban bajando las escaleras del edificio: fue entonces cuando el hombre que acabaría muerto atacó a su rival.

El encausado por el crimen de la escalera de Lorca (d), junto a un traductor, en la primera sesión de su juicio en la Audiencia Provincial.

El encausado por el crimen de la escalera de Lorca (d), junto a un traductor, en la primera sesión de su juicio en la Audiencia Provincial. / Marcial Guillén (EFE)

Lo hizo, destaca el tribunal, «propinándole un corte en el cuello con un arma blanca que le produjo tres heridas incisas amplias localizadas en región anterocervical lateral izquierda que seccionaron por completo el músculo esternocleidomastoideo izquierdo, vena yugular anterior y vena yugular externa, de unos 17 centímetros de longitud, que produjo sangrado».

«Era el (luego) fallecido quien con el cuchillo le causó la herida en el cuello al acusado mientras bajaban las escaleras»

El acusado «continuó bajando las escaleras y se dirigió a la puerta de entrada del edificio, intentando accionar el pomo para salir a pedir ayuda, dejando el mismo impregnado de su propia sangre, recibiendo en ese momento por parte de Nabil con el cuchillo, otra herida en la espalda, y diversas patadas», contempla el documento judicial.

No solo eso: el que acabaría muerto hizo a su oponente «una herida a nivel torácico lateral izquierdo que le produjo un neumotórax, presentando otras heridas en cara lateral del hombro derecho, cara lateral del brazo izquierdo y a nivel axilar izquierdo, siendo estas últimas compatibles con defensa«.

Finalmente, Nachid N., malherido y «con ánimo de causarle la muerte, le asestó (a su oponente) con el cuchillo de 18,5 a 20 centímetros de hoja, 11 puñaladas de forma perpendicular en el estómago, ocasionándole la muerte por parada cardiorrespiratoria aguda secundaria a shock hipovolémico hemorrágico, que acabaron con su vida».

«Dichas puñaladas fueron asestadas con la intención de causar al fallecido un sufrimiento físico innecesario, adicional y cruel», detalla el documento judicial, que también precisa que, después de matarlo, el asesino puso el cuchillo en la mano derecha del muerto.

Por qué no hay alevosía

Tal y como se lee en la sentencia, «ha resultado claramente probado por unanimidad, tal como se ha razonado con anterioridad, que el jurado no declaró probado que mientras bajaran las escaleras el acusado fuera agrediendo a la víctima fallecida, quien inició un forcejeo en el transcurso del cual le causó la lesión del cuello al fallecido, sino que era el (luego) fallecido quien con el cuchillo le causó la herida en el cuello al acusado mientras bajaban las escaleras».

Discutieron porque Nabid «solicitó al acusado 250 euros que necesitaba para abonar el alquiler», se lee en la sentencia

«En las mismas no hay rastro de sangre de la víctima ni en la pared ni en el suelo, por lo que las heridas causadas al mismo debieron acontecer en el lugar donde se produjo el homicidio. Y en esta tesitura, habiendo recibido el acusado una herida mortal con un arma blanca, siguió recibiendo otras, entre ellas, una herida en la zona del tórax que le ocasionó un neumotórax, también mortal por la zona y por las consecuencias», prosigue el tribunal

«Y teóricamente y según decisión del jurado, aun quedando varios puntos sin esclarecer, seguidamente el acusado se dirigió donde estaba la víctima (en teoría sin llevar el cuchillo, ya que el que lo había estado utilizando fue la propia víctima) y aun padeciendo unas heridas gravísimas asestó las 11 puñaladas, hecho que ha quedado probado para el jurado», enfatiza.

Portal del edificio en el que se produjo el conocido como crimen de la escalera en 2020.

Portal del edificio en el que se produjo el conocido como crimen de la escalera en 2020. / L. O.

En este sentido, la Audiencia recalca que «obviamente en este escenario descrito no puede haber alevosía, porque, para quien ha utilizado un cuchillo para herir al otro y le ha ocasionado heridas de extraordinaria gravedad, no puede ser sorpresivo el ataque del otro; y, además, no carece de posibilidades de defensa, sino todo lo contrario».

La sentencia del crimen de la escalera

El día del crimen, una llamada alertaba al 112 de que se había producido una reyerta en la cual habían resultado malheridas dos personas, una de las cuales, dijeron los testigos, sangraba abundantemente por el cuello. Al lugar se movilizó una unidad móvil de emergencias (UME), cuyos sanitarios únicamente pudieron corroborar que uno de los hombres, Nabil, estaba muerto.

El otro herido era Rachid, el que acabó sentándose en el banquillo, un varón que presentaba numerosos cortes por arma blanca en el tórax, la espalda, los brazos y el cuello y fue llevado en ambulancia al Rafael Méndez. Sobrevivió. Y ahora ha sido condenado a tres lustros en la cárcel por matar a su oponente.

En concreto, la Audiencia Provincial condena al sexagenario «como autor penalmente responsable de un delito de asesinato, sin concurrencia de circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal, a la pena de 15 años de prisión e inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena, con imposición de las costas causadas».

La sentencia no es firme y puede ser recurrida ante el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Murcia, la instancia inmediatamente superior.