La sobreexplotación y los nitratos siguen lastrando la recuperación de los acuíferos en la cuenca, según el último informe de la CHS
La revisión de los mapas de riesgo de inundación y de las zonas de flujo preferente culmina sin cambios

Reunión del Comité de Autoridades Competentes de la Demarcación Hidrográfica del Segura. / CHS
Los acuíferos de la cuenca del Segura siguen mostrando síntomas de presión. El último informe de seguimiento del Plan Hidrológico 2022-2027, hecho público este lunes, confirma que la mayoría de las masas de agua subterránea continuaban en 2024 sin alcanzar el buen estado ambiental y que algunas incluso han empeorado su situación. Según el documento, 46 de las 63 masas de agua subterránea de la demarcación (73%) se encuentran actualmente en mal estado, frente a solo 17 que presentan un estado considerado bueno.
Este diagnóstico refleja un problema estructural en la cuenca del Segura, una de las más deficitarias de Europa y donde los acuíferos han sido históricamente una fuente clave para abastecimiento y regadío.
El informe detecta un empeoramiento del estado global —que combina el estado cuantitativo y el químico— en tres masas de agua subterránea respecto a la situación recogida en el anterior informe. Se trata de los acuíferos de Valdeinfierno, Sinclinal de Calasparra y Caravaca, que han registrado un deterioro en su estado en el análisis correspondiente al año hidrológico 2023-2024.
Los acuíferos de Valdeinfierno, Calasparra y Caravaca, en peor estado
En el caso del Sinclinal de Calasparra, el informe atribuye el deterioro principalmente a descensos piezométricos asociados a la explotación de sondeos, es decir, a la bajada del nivel del agua subterránea por la extracción. Por su parte, en el acuífero de Caravaca el deterioro se relaciona con la reducción del caudal de manantiales debido a la sequía, lo que ha afectado al equilibrio del sistema hidrogeológico.
Los técnicos apuntan que este deterioro podría tener carácter temporal si los niveles se recuperan tras el fin del episodio de sequía o si cesa la explotación extraordinaria de algunos sondeos.

Mapa con el estado ambiental de los acuíferos de la demarcación del Segura. / CHS
Problemas también en la calidad del agua
El informe también detecta problemas en el estado químico de algunos acuíferos, especialmente por la presencia de contaminantes. En concreto, se ha observado un empeoramiento del estado químico en las masas de agua Conejeros-Albatana y Ontur, donde se han detectado incumplimientos vinculados a nitratos, sulfatos o incluso metales como el plomo en puntos de control. Además, en otros acuíferos como Tobarra-Tedera-Pinilla o Valdeinfierno también se registran problemas asociados a nitratos o pesticidas en puntos de abastecimiento.
La planificación hidrológica prevé que muchas de estas masas de agua no puedan alcanzar el buen estado hasta dentro de varios años. De hecho, el plan fija distintos horizontes para cumplir los objetivos ambientales: algunas masas deberían recuperarse en 2027, mientras que otras no lo harán hasta 2033, 2039 o incluso más allá de esa fecha.
Este calendario refleja la dificultad de revertir procesos como la sobreexplotación histórica de acuíferos o la contaminación difusa por actividades agrícolas, y el riesgo de que se limite aún más la extracción a partir de 2027 por la normativa europea, si no se concede antes una prórroga.
Revisión del riesgo de inundaciones
En paralelo, el Comité de Autoridades Competentes de la Demarcación Hidrográfica del Segura ha celebrado una reunión para analizar distintos aspectos relacionados con la planificación hidrológica y la gestión del riesgo de inundaciones.
Durante el encuentro se revisó el proceso de actualización de los mapas de peligrosidad y riesgo de inundación del tercer ciclo, así como la cartografía de zonas de flujo preferente en varios tramos de la demarcación.
Entre ellos figuran prolongaciones de cauces como la rambla de Béjar, la rambla de Nogalte o la rambla del Miedo, además de otros situados en San Pedro del Pinatar, San Javier o Los Alcázares. Tras el proceso de consulta pública, en el que se presentaron cinco alegaciones, los técnicos concluyeron que no era necesario modificar la delimitación final de estas zonas.