Iván G. P., de 25 años, acudió al cuartel asegurando que había encontrado los cuerpos de su madre y su hermano al llegar a casa, pero su relato no convenció a la Guardia Civil.
LA VERDAD

El horror cobró forma, en la madrugada de ayer, entre las cuatro paredes de un dúplex de Las Torres de Cotillas. Antonia Parra, de 56 años, y su hijo menor, Miguel Ángel García, de 23 años, fueron asesinados a golpes en un brutal crimen que conmocionó a la localidad en pleno Martes Santo y que presuntamente fue perpetrado por el hijo mayor de la familia: Iván G. P., de 25 años.
El joven, arrestado como principal sospechoso en del crimen, pasará mañana a disposición del juzgado de guardia de Molina de Segura, informó un portavoz de la Guardia Civil.
Iván acudió a primera hora de la mañana al cuartel de la Guardia Civil explicando, desesperado, que, al llegar a casa, se había encontrado los cadáveres ensangrentados de su madre y de su hermano. Acabó, sin embargo, siendo detenido a última hora de la tarde como presunto autor del doble homicidio, según confirmaron fuentes del Cuerpo.
El adosado familiar, enclavado en la calle Asturias de Las Torres de Cotillas, fue escenario de un crimen que no se vio exento de grandes dosis de violencia. Tal y como explicaron las fuentes, madre e hijo fueron golpeados en múltiples ocasiones con un objeto contundente, posiblemente una barra de hierro o una pesa de gimnasio. Recibieron numerosas embestidas, principalmente en la cabeza. Los cuerpos aparecieron tendidos en el salón de la vivienda, que estaba totalmente encharcado de sangre.
«Gritaba ‘mis padres, mis padres, auxilio’», explica una panadera a la que el sospechoso acudió a pedir ayuda
Los dos fallecidos, Antonia y Miguel Ángel, residían desde hacía más de quince años en esa vivienda de dos plantas junto al padre de familia, Julio, y a Iván, el presunto homicida. Fue precisamente este último el que, poco antes de las siete de la madrugada, dio la voz de alerta asegurando que, al llegar a casa, se había encontrado con la dantesca escena. Con las manos ensangrentadas, el joven acudió a pedir auxilio a una panadería, apenas a unos cien metros de su vivienda, en la que aún se podían apreciar, a primera hora de la mañana de ayer, las manchas de sangre que dejó en una de las ventanas. «Gritaba ‘mis padres, mis padres, auxilio’, pero no sabíamos por qué lo decía», explicó una de las trabajadoras del negocio, que incidió en el fuerte nerviosismo que mostraba el chico.
Los investigadores comprobaron que la puerta de la casa no había sido forzada
«Iba con el coche subiendo y bajando, como loco», explicó María, otra de las vecinas de la barriada, que se despertó sobresaltada por las voces del joven. Totalmente fuera de sí y sin esperar a que sus vecinos comprendieran sus palabras, Iván se marchó a toda prisa con su automóvil y se presentó en el cuartel de la Guardia Civil de Las Torres. Allí explicó que, al llegar a su casa ya de madrugada, había encontrado los cadáveres ensangrentados de su madre y su hermano.
Tras la alerta del joven, los investigadores de la Policía Judicial se desplegaron rápidamente a la zona, que quedó totalmente acordonada. Ese fue el panorama que se encontró Julio, el padre de familia, cuando llegó a la vivienda poco después. «Había salido de trabajar y se estaba tomando un café en el bar cuando vio a la Policía y se enteró», explicó María, una prima de la fallecida. Los familiares y amigos íntimos de las víctimas se comenzaron a arremolinar en torno al cordón policial en busca de una explicación que no llegaba. «Me ha llamado mi sobrina y me ha dicho ‘vamos a acercarnos a casa de la tata, que algo gordo tiene que haber pasado’», relató una familiar, que no podía imaginar, ni por asomo, el discurrir que iban a tomar los acontecimientos a lo largo del día.
Tras tropezar con el cordón policial, Julio, el marido de la difunta y padre del otro fallecido, fue trasladado al cuartel para tomarle declaración como testigo. El hombre actualmente se ganaba un dinero cuidando por la noche a un hombre mayor y por ese motivo no se encontraba en el domicilio en el momento del doble asesinato. Esa fue la explicación que ofreció, horas después, al prestar declaración en el cuartel, que abandonó en torno a las tres de la tarde visiblemente abatido.
Supuestas amenazas
En las dependencias continuó, sin embargo, el hijo mayor del matrimonio, al que se sometió a un largo interrogatorio que concluyó con su detención.Los investigadores del Instituto Armado barajaron, a lo largo de una jornada de infarto, varias hipótesis, entre ellas que el asesinato respondiese a un hipotético ajuste de cuentas. La principal vía de investigación, sin embargo, se centró, desde primera hora de la mañana, en este joven, después de que los agentes encontrasen algunas incoherencias sospechosas en su relato. El acusado, según fuentes policiales, es un «chico conflictivo» que cuenta con antecedentes, principalmente por denuncias de malos tratos.
Según explicaron fuentes cercanas a la investigación, Iván sostuvo que en el momento de los hechos no se encontraba en la casa y alertó, además, de que en los últimos días estaba siendo víctima de amenazas. Explicó, al parecer, que horas antes había confesado a un policía local de la localidad la situación de temor que estaba atravesando. Esta se debía a un trabajo que una organización criminal le había encargado en Japón y que, supuestamente, él no llevó a cabo pero sí cobró.
La Guardia Civil, sin embargo, encontró en la vivienda algunos indicios que apuntan a que fue presuntamente el hermano mayor el que acabó con la vida de sus dos familiares. Uno de los detalles que no pasó por alto a los investigadores de la Policía Judicial es el hecho de que la puerta de la vivienda no había sido forzada. Según fuentes cercanas al caso, en el dúplex se hallaron, además, numerosas huellas de pisada con sangre y el sospechoso tenía los zapatos manchados con esta sustancia. La Guardia Civil aguarda aún el resultado de otras pruebas, algunas de ellas de laboratorio, para afianzar sus conclusiones.
En torno a las nueve de la noche, el supuesto homicida fue atendido en el calabozo por sanitarios de la UME 12 de Molina tras advertir a los agentes que se encontraba mal y que sufría un gran nerviosismo. Fue sometido a diversas pruebas médicas que descartaron que fuese necesario un traslado a un hospital. Su abogado, Luis Santos, tras entrevistarse con él, dijo que Iván niega todas las acusaciones y que está colaborando con la investigación.