
El Senado de Estados Unidos aprobó en la madrugada de este sábado la gran reforma fiscal impulsada por el presidente, Donald Trump, que supone la mayor bajada de impuestos de los últimos 30 años, pero también un aumento importante del déficit presupuestario.
Después de las discrepancias surgidas este jueves, que provocaron que se pospusiera la votación, la Cámara Alta aprobó su versión con 51 votos a favor, todos de senadores republicanos, y 49 en contra.
Los líderes republicanos en el Senado deberán conciliar ahora el texto aprobado con sus colegas de la Cámara Baja, que tienen su propia versión, aprobada el pasado 16 de noviembre, antes de que Trump pueda promulgar su ansiada reforma fiscal. El presidente quiere que ello suceda antes de finales de año, para apuntarse su primera gran victoria legislativa, algo que le ha resultado muy difícil de hacer hasta el momento a pesar de que su partido controla ambas cámaras del Congreso.
Los demócratas han criticado duramente no solo la esencia de la reforma, que entienden como un regalo al sector más rico de la población a costa de la clase media, sino también el secretismo del procese, dado que el borrador final de la reforma no ha estado disponible para el público hasta pocas horas antes de la votación, con enmiendas a mano de última hora, con errores de forma y vulnerables a la manipulación a posteriori.
«Han cogido una mala reforma y la han hecho peor», ha declarado el líder de la minoría democrática en el Senado, Chuck Schumer. «Lo han hecho, además, en la sombra, con prisas, y con una batería de cambios de última hora que no hace sino meter más dinero en los bolsillos de los ricos y de las corporaciones», ha lamentado.