Denuncian sufrir desde hace años peleas y problemas de «insalubridad»; «es legal si se cumplen ciertos requisitos», apunta el Ayuntamiento

Murcia LA VERDAD
«¿Por ahí hay salida? Yo creo que no, tira ‘pa’lante’». Eso comentaba una confundida pareja de viandantes a su paso por la calle Abenarabi, a la altura del jardín Camilo José Cela del barrio murciano de Vistalegre. En ese punto, y comunicando los dos espacios públicos, se encuentra el llamado edificio Capri. Desde su construcción, sus bajos, que no contaban con cerramiento alguno, han constituido una vía de paso entre esta vía y la citada zona verde. Sin embargo, la misma ha quedado restringida después de que este espacio haya sido vallado totalmente, al menos en lo que se refiere al espacio ubicado bajo la construcción.
Publicaba LA VERDAD hace varios meses que el número de personas sin hogar ha ido creciendo en los últimos años hasta alcanzar cifras que no se recuerdan. De hecho, hay áreas, como las zonas verdes y otros espacios públicos del barrio de San Antolín y el entorno del Malecón, que son desalojadas recurrentemente ante la presencia de asentamientos temporales y la pernocta habitual de transeúntes. No son estos los únicos espacios utilizados por las personas en situación de calle para pasar la noche, aunque sí es cierto que es más habitual verlos en el entorno del río que en puntos al norte de la plaza Circular.
Sin embargo, los vecinos del mencionado edificio señalan que llevan unos tres años padeciendo la «ocupación» de los bajos de su inmueble, situación que se ha ido agravando con el paso del tiempo hasta «volverse insostenible». «Aquí han llegado a dormir entre doce y catorce personas, que tiraban colchones, colgaban las ropas que lavaban en las fuentes del parque, consumían drogas y alcohol y, por supuesto, hacían sus necesidades, convirtiendo aquello en un estercolero que olía fatal; y todo ello sin olvidar que protagonizaban verdaderas trifulcas, gritándose e insultándose entre ellos, pero también increpando a los vecinos que les llamaban la atención», explica el presidente de la comunidad de propietarios del edificio Capri, Antonio Hernández.
La zona está calificada como ‘espacio privado de uso público’ y puede cerrarse si dejan un pasillo de 1,8 metros; se estudia si cumple
Pese a que los residentes de la zona no hablan de la comisión de delitos, sí aseguran que han sentido una cierta «inseguridad» ante esta situación. «A mí no me emociona dar la vuelta, pero ahora estoy mucho más tranquila cuando salgo de casa; de hecho, yo ya evitaba a veces pasar por aquí, prefería dar un rodeo», señala una vecina del edificio que prefiere no identificarse. «Aquí te levantabas y te encontrabas cristales rotos y restos de botellón por las mañanas», añade Eva, residente de un edificio cercano, que también evitaba este punto desde hace tiempo, al menos en horario nocturno. «La verdad es que yo no vivo justo aquí, pero entiendo que hayan vallado el entorno; había ya una situación incómoda», añade Maribel, mientras paseaba a su perra Kira por el jardín Camilo José Cela.

«Llamábamos de manera insistente a la Policía, pero nos decían que no podían hacer nada para echarlos si no se denunciaba la comisión de un delito», añade Hernández. Todo ello ha llevado a la comunidad de propietarios a actuar por su cuenta y hace un mes procedieron a ejecutar el mencionado cerramiento, en el cual han invertido unos 7.000 euros. Defiende Hernández que no se perjudica la movilidad de nadie, ya que se han mantenido dos pasos laterales, en el área entre edificios, convenientemente señalizados con carteles de ‘salida’ colocados sobre el vallado. «No sabemos dónde se ha desplazado esta gente, pero desde luego ya no está aquí, lo que nos da tranquilidad», remarcaba Antonio Hernández, mientras Jorge, otro vecino, le daba la razón.
Limitación «incómoda»
Sin embargo, Toñi Valiente, presidenta de la Asociación de Vecinos de Abenarabi, se mostraba hace unos días contrariada por esta decisión. Reconoce que esta limitación de los itinerarios peatonales es «incómoda» para los desplazamientos de vecinos de los alrededores, que ahora «cruzan por un estrecho paso para salir a un solar que está de aquella manera». Asimismo, pedía una aclaración sobre la legalidad de esta actuación.
«Nosotros tenemos numerosas servidumbres de paso en el entorno de la avenida de Europa y no tenemos permitido instalar maceteros o pivotes para evitar el paso de vehículos a la misma, que nos destrozan la cubierta de los garajes, generando filtraciones; y, en cambio, luego vemos actuaciones de este tipo», subraya Valiente, consciente de la pernocta de gente en este punto, aunque en un número mucho menor que el alegado por los vecinos de Capri. «En el entorno también hemos tenido durmiendo a personas sin hogar y se han ido marchando tras mediar con ellos», zanja.
Por su parte, el Consistorio explica que esta instalación fue acometida tras la presentación de una declaración responsable por parte de los vecinos y ahora se está estudiando si la misma cumple con los requisitos legales. Según lo establecido por el Plan General de Ordenación Urbana, este espacio está considerado como ‘espacio privado con uso público’ y puede ser vallado siempre que se mantenga un pasillo de una anchura de 1,8 metros. Ahora se está comprobando si el pasadizo dejado cumple con el mismo y si los cerramientos cumplen con las condiciones mínimas exigibles. Por otra parte, los vecinos deberán pasar a acometer la limpieza de un espacio que mantenían antes los servicios públicos.