Santa Eulalia, donde lo castizo se mezcla con lo nuevo

Vecinos y comerciantes del murciano barrio describen el entorno como lugar de confluencia entre tradición e innovación en medio de un clima que en los últimos años se presenta más inseguro

La Iglesia de Santa Eulalia de la ciudad de Murcia.

La Iglesia de Santa Eulalia de la ciudad de Murcia. / L.O.

Alba Marqués  LA OPINIÓN

La Opinión de Murcia lanza este miércoles el primer capítulo de una serie que recorrerá calles, barrios, pedanías y diputaciones de la Región de Murcia para conocer de cerca la realidad de vecinos y comerciantes de toda la vida, así como de aquellos que acaban de llegar. ‘La Voz de la Calle’ hace su primera parada en Santa Eulalia, el barrio más castizo de la capital murciana, donde conviven tradición e innovación y donde el apoyo vecinal está por encima de un entorno que en ocasiones se presenta problemático.

Santa Eulalia tiene ese sabor entrañable de barrio de toda la vida con comercios de siempre. La joyería Valverde Joyeros abrió hace 54 años; más de medio siglo de historia que comparte con otra tienda local como es la droguería-perfumería Sepúlveda, también emplazada en el barrio. No obstante, hay un comercio aún más mítico en la zona: el tostadero Solano se fundó en 1941 y, desde entonces, nunca ha cerrado.

Comerciantes que se conocen, conviven y ayudan, tal y como ellos mismos manifiestan, pero que también reciben con los brazos abiertos a los nuevos emprendedores. «Cuanto más vida tenga el barrio, muchísimo mejor», celebra Eduardo Solano Gallego, la tercera generación de maestros tostadores y actual gerente de este familiar tostadero de frutos secos. El comerciante destaca como punto fuerte de su lugar de residencia «la cercanía que tenemos entre nosotros».

La librería El Faro de Lola o el taller de cerámica Tilde son solo algunos de los ejemplos de locales que recientemente han abierto sus puertas y reciben gran afluencia de público. «Estoy encantada con el barrio, la verdad. Los vecinos, el resto de comercios alrededor…. me han dado una súper buena acogida, estoy muy contenta», expresa Belén Pérez, dueña de Tilde Taller de Cerámica.

Esa convivencia entre lo nuevo y lo antiguo es la tónica que se viven entre las calles de Santa Eulalia. Personas mayores que ya vienen de generaciones que echaron raíces en el barrio se mezclan entre universitarios, jóvenes y familias recién llegadas. Todos ellos destacan el ambiente generalmente tranquilo de la zona, su diversidad cultural y la gran variedad de ocio y restauración que alberga. Bares históricos como Ítaca comparte oferta de ocio con otros más recientes como La Isla y restaurantes como Los Toneles hace lo propio con los recién llegados Albedrío o Por Herencia, entre muchos otros.

La inseguridad, un problema que va a más

Como es condición natural, nada es perfecto. Gran parte de los vecinos y comerciantes indican que el peor aspecto del barrio, prácticamente lo único negativo, es una inseguridad que parece creciente en los últimos años.

Pese a su ubicación céntrica y cercanía a monumentos emblemáticos como la Catedral de Murcia, Santa Eulalia también es una zona cercana a puntos de venta de droga de la ciudad. Los comerciantes denuncian haber vivido varios incidentes en los últimos tiempos; robos y tirones de bolsos, principalmente.

Aunque cabe señalar que no es una sensación unánime, otros viandantes indican que nunca han tenido un problema y se sienten muy seguros al moverse por el barrio.