Murcia recuerda al pintor Eduardo Rosales en el 150 aniversario de su fallecimiento

El Mubam dedica al madrileño una muestra con más de un centenar de piezas que profundizan en su relación con esta tierra

LA OPINIÓN

Eduardo Rosales (1836-1873) está ampliamente considerado como uno de los pintores españoles más destacados del siglo XIX. Y aunque nació y murió en Madrid, ciudad en la que pasó la mayor parte de su corta vida –falleció con apenas 37 años–, buscó el descanso de la huerta murciana en sus últimos días: se instaló en una casita situada junto al Santuario de la Fuensanta y se abrió a que esta tierra le inspirara, dejando a su muerte un buen puñado de obras que demuestran hasta qué punto su breve instancia a orillas del Segura fue determinante tanto en sus últimos años de vida, como para su pintura.

Y eso Murcia no lo olvida. Por eso cuando se cumple el 150 aniversario de su muerte, el Museo de Bellas Artes de la capital del Segura, el Mubam, le ha dedicado una exposición en su logia que podrá ser visitada hasta el 10 de marzo y que este viernes fue inaugurada por el secretario general de la Consejería de Turismo, Cultura, Juventud y Deportes, Juan Antonio Lorca, quien recordó –en su afán de demostrar al altura pictórica de Rosales– que el madrileño cuenta con una sala propia en el Museo del Prado. También habló de su vinculación con nuestra Región, que está íntimamente relacionada con su amistad con otro pintor, el mazarronero Domingo Valdivieso, «quien le invitó a pasar un par de temporadas en nuestra tierra en busca de alivio para su deteriorada salud, pues padecía tisis».

Lorca destacó también que «es la primera vez que se homenajea en Murcia a uno de los pintores españoles más prestigiosos del tercer cuarto del siglo XIX, y con ocasión del aniversario de su muerte se están realizando una serie de acciones en torno a su vida y obra, con actividades y exposiciones programadas de forma conjunta entre el Gobierno regional, a través del Museo de Bellas Artes, y el Museo Ramón Gaya y la Fundación Cajamurcia».

La muestra, comisariada por Juan Antonio López Delgado y José López Almagro, aglutina más de un centenar de piezas, entre dibujos, libros, cartas manuscritas y fotografías originales del artista, así como otras piezas relativas a él y a sus familiares y algunos amigos; artículos «difíciles de reunir y que reclamaban un marco adecuado como la Logia del Mubam», señaló el secretario general.

Por supuesto, en esta exposición se hace hincapié en esos dos estancias en Murcia, correspondientes al tramo final de su vida. A través de una serie de cartas, se recorren los lugares en los que vivió, las obras que pintó en sus estancias y las personas con las que tuvo amistad, como Valdivieso y el también pintor Lorenzo Dubois, el escritor Fuentes y Ponte y el compositor Antonio López Almagro, entre otros. También por lo excepcional brilla con luz propia el dibujo de la Corona de Imperiales o Diademas, que es el único conservado de la diseñada por el artista para la imagen de la Virgen de la Fuensanta, para suplir la falta producida por el robo que sufrió el santuario de la patrona de Murcia el 13 de enero de 1873. Y también de la patrona puede admirarse un dibujo donado por el propio Rosales ese mismo años a la Comisión Provincial de Monumentos.

También pueden contemplarse en el Mubam una serie de obras y testimonios que el pintor nos dejó sobre el paisaje murciano de su entorno. El mercado de los jueves, los refajos, cobertores y toda la indumentaria huertana, el naranjero de Algezares o la venta de novillos son algunos de los temas que inspiraron al madrileño, aunque si hay una pieza que sobresale es la del murciano vendedor de botijos y cántaros, de 1872.

Por otro lado, de la documentación mostrada destacan el alto número de fotografías fechadas en gran parte en la década de los sesenta, producción de Jean Laurent, uno de los principales fotógrafos de la época, que se convirtió en el retratista de los madrileños, aristócratas, políticos y del mundo de la cultura, que representan hoy un conjunto documental inigualable. Y, a modo de epilogo, la exposición dedica una parte a la amistad fraterna y artística entre Valdivieso y él: ambos coinciden entre 1854 y 1855 en la Academia de San Fernando de Madrid y vuelven a encontrarse después en Roma. Dos obras ilustran a la perfección esta relación: el retrato del mazarronero que firma Rosales y la aparición del madrileño en el Cristo yacente de Valdivieso.

La exposición contará con visitas especiales de la mano de los comisarios de la muestra, así como de acciones didácticas y visitas guiadas por el personal del Museo, junto con el documental Eduardo Rosales y Murcia, de José López Almagro, y las conferencias: ‘Eduardo Rosales en Murcia’, el 14 de diciembre, y ‘Domingo Valdivieso-Eduardo Rosales. Amistad fraterna y camaradería artística’, el 17 de enero, ambas a cargo de Juan Antonio López Delgado.