Llueve sobre mojado en España: ¿qué ocurre cuando el suelo alcanza su capacidad de absorción?

  • La presidenta del Colegio Oficial de Geólogos da claves para responder a un terreno «con vida propia»

  • España deja atrás el segundo enero más lluvioso del siglo XXI y el suelo da muestras de saturación

Los efectos en el suelo por las lluvias constantes
Carretera de acceso a Benamahoma, en la serranía de Cádiz Gogo Lobato Gogo Lobato / Europa Press
Daniel Herrero  RTVE

La sucesión de borrascas que han recorrido España en estas últimas semanas han convertido el último mes en el enero más lluvioso del siglo XXI, según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Pero al hablar de lluvias, no basta con observar el cielo y también es necesario bajar la mirada, hacia un suelo que comienza a dar muestras de una saciedad que, si no se atiende, puede acarrear peligros a corto y medio plazo.

La Aemet examina dentro de su particular balance hídrico la humedad acumulada en el suelo, con un mapa dominado por niveles altos o muy altos en la última semana de enero. La humedad supera el 98 por ciento en aproximadamente la mitad de la España peninsular, especialmente en la zona oeste, norte y noroeste, y la previsión meteorológica para los próximos días invita a pensar que estos colores verdes se mantendrán o extenderán a nuevas áreas.

De la mano de la presidenta de Colegio Oficial de Geólogos, Nieves Sánchez, examinamos las consecuencias que puede acarrear este incesante goteo

¿Qué pasa cuando el suelo ‘rebosa’?

La escorrentía es la corriente de agua que se vierte cuando un cauce o terreno sobrepasa su capacidad de almacenamiento. Puede ser subterránea o superficial y esta última, la que surge en superficie, deriva de forma natural hacia los ríos, en función de la cuenca hidrográfica que corresponda. Es «la que genera más daños» si no se atiende o se canaliza de manera adecuada.

Las lluvias torrenciales son cada vez más frecuentes y con ellas, los desprendimientos de tierra

Esta escorrentía superficial puede favorecer deslizamientos de tierras, desprendimientos de rocas o favorecer el arrastre de material que pueda favorecer la colmatación en las presas, como se conoce a la acumulación progresiva de sedimentos en el fondo de estas estructuras.

¿Cuáles son los factores de riesgo?

El agua caída es un factor a tener en cuenta, pero no el único. El nivel freático, que toma como referencia la distancia entre el agua subterránea y la superficie, es otro valor reseñable, según la experta, que advierte de que no todos los suelos tienen la misma composición y, por tanto, no responden igual ante unas lluvias constantes como las caídas en las últimas semanas.

Además, Sánchez avisa de las áreas de rocas que puedan perder estabilidad si el agua va penetrando por las líneas más débiles, así como de pendientes sin árboles en las que no exista una sujeción natural del propio suelo. Se trata de la «barrera natural geológica» que también quedó dañada que las zonas de España que sufrieron el verano pasado la ola de incendios forestales y que ahora pueden tener «un riesgo muy alto» agudizado por la acumulación de ceniza.

¿Cómo puede afectar a infraestructuras y cultivos?

Para Sánchez, un ejemplo claro de lo que puede pasar si no se atienden las consecuencias de las lluvias sobre el terreno es el derrumbe de un muro al paso de un tren de Rodalies el 20 de febrero en Gelida (Barcelona). Murió un maquinista y más de una treintena de personas resultaron heridas.

Los terrenos en pendiente agudizan los riesgos y también pueden registrarse problemas en túneles, ya que el entorno de estos pasos recogerá previsiblemente durante los próximos días más agua. Por este motivo, es necesaria una «vigilancia continua» sobre las estructuras que estén a priori más expuestas y evitar las construcciones en zonas inundables, examinando al detalle aquellas donde ya es demasiado tarde y hay viviendas, como quedó de manifiesto en la dana del 29 de octubre de 2024 en Valencia.

El exceso de agua afecta además a las zonas cultivables, ya que si el terreno no permea el agua puede terminar por afectar a toda la superficie y dejarla inundada «cuando no es deseable» para determinadas cosechas. Las raíces pueden pudrirse y los frutos terminar dañados a medio plazo.

¿Se puede prevenir?

La cantidad de lluvia no se puede controlar, pero sí sus consecuencias. El Colegio Oficial de Geólogos aboga por la prevención y la vigilancia, teniendo en cuenta además que la «emergencia climática» no hará sino agravar los riesgos naturales. «No estamos haciendo caso a ese empeoramiento y tendríamos que estar dedicando más recursos», enfatiza Nieves Sánchez, en un llamamiento dirigido a todos los niveles de la administración.

Sánchez reivindica el papel del geólogo en la elaboración de los planes urbanísticos y en la preparación de mapas que permitan evaluar riesgos y mejorar la vigilancia en días de precipitaciones generalizadas como las de esta semana.

«El terreno es algo dinámico, con vida propia», por lo que al ser humano sólo le queda examinarlo y adelantarte a potenciales dinámicas. Sobre el papel, siempre debe haber una pregunta: ¿»Cómo va a comportarse el terreno si tenemos dos o tres meses de lluvias intensas?»