Le Pen acaricia su sueño presidencial: la justicia reduce su inhabilitación y podrá ser candidata

  • La ultraderechista fue condenada por malversación de fondos del Parlamento Europeo

  • Joan Bardella, presidente de Agrupación Nacional, es su heredero político

Le Pen acaricia su sueño presidencial: la justicia reduce su inhabilitación y podrá ser candidata
La líder de extrema derecha Marine Le Pen sale del tribunal durante una breve pausa en su juicio de apelación en París. Michel Euler / AP
Álex Mateos  rtve

La política ultraderechista francesa Marie Le Pen ha esquivado el veto de la justicia para presentarse como candidata a la presidencia de Francia en 2027. El Tribunal de Apelación de París ha rebajado su pena por malversación de fondos a tres años de prisión, de los que solo debe cumplir uno con bracalete; y 45 meses de inhabilitación, pero solo 15 de ellos son firmes. De esta forma, a priori, podrá presentarse a las elecciones del próximo año y acariciar su sueño de convertirse en la primera presidenta de Francia, como favorita en las encuestas, con Emmanuel Macron —quien la batió en segunda vuelta en 2017 y 2022— fuera de juego para la reelección y sin otros rivales fuertes.

En marzo de 2025, Marine Le Pen fue condenada a cinco años de inhabilitación para ejercer un cargo público y cuatro años de cárcel por pagar con dinero del Parlamento Europeo a trabajadores de su partido ultraderechista Reagrupación Nacional (RN). Esa suspensión, hoy rebajada, le impedía presentarse por cuarta vez a las elecciones de 2027, pero ahora la justicia abre la puerta a su rehabilitación política, aunque si se postula, deberá hacer campaña con el brazalete por su condena.

Esa sentencia, dictada por un juzgado de primera instancia en marzo de 2025, fue recurrida por la política, lo que provocó que el pasado febrero el Ministerio Público anunciase una requisitoria ligeramente menos severa que la del Tribunal Correccional, al solicitar cuatro años de cárcel, con solo uno de cumplimiento en arresto domiciliario con brazalete electrónico —frente a los dos de la petición iniciales—, y cinco de inhabilitación, pero sin aplicación preventiva.

Aunque la hija del expresidente de Frente Nacional (partido ultraderechista que ella rebautizó como Agrupación Nacional y luego Reagrupación Nacional, RN), Jean-Marie Le Pen, todavía tenía una última bala en la recámara, la de recurrir al Tribunal Supremo, ya había anunciado anteriormente que, en caso de que el veredicto de Apelación fuese negativo, «daría un paso al lado» en favor del joven Joan Bardella, su delfin y actual presidente de Agrupación Nacional. De momento, su futuro político es una incógnita.

 

La condena

Le Pen fue la presidenta de RN durante 10 años, hasta 2021, cuando fue declarada culpable por el Tribunal Correccional de París por malversación de fondos públicos. La Fiscalía modificó levemente la petición, que originalmente incluía que dos de los cuatro años de prisión serían en firme con brazalete electrónico.

El caso implicaba a otras 24 personas vinculadas al partido por hechos cometidos entre 2004 y 2016, que sumaban un perjuicio de 4,1 millones de euros al Parlamento Europeo. Le Pen habría establecido una red de desvíos de fondos destinados a los salarios de los asistentes en la Cámara para pagar a los miembros de la agrupación. Casi 10 años después de que se vislumbraran los primeros indicios de este entramado, la francesa y el resto de afectados fueron procesados en 2023. Su formación fue multada con dos millones de euros.

Desde el inicio de la investigación, Le Pen defendió la gestión del dinero del partido, afirmando que el caso era una «caza de brujas». Muchos de sus aliados internacionales, como el presidente estadounidense Donald Trump o el exmandatario brasileño Jair Bolsonaro, la respaldaron.

Bajo la sombra paterna

La figura política de Le Pen está marcada por la eclipsante figura de su padre, Jean-Marie, combatiente de las guerras de Argelia e Indochina, marcado por la pérdida colonial. Fundó el Frente Nacional en 1972, con cabida para colaboracionistas, neonazis y terroristas de la OAS, la organización contraria a la salida francesa de Argelia que trató de asesinar al entonces presidente Charles de Gaulle, enemigo declarado de Le Pen. En 2011, cedió el testigo del liderazgo del partido a su hija.

Marine Le Pen es madre de tres hijos. Se ha divorciado dos veces. Tras licenciarse en Derecho, en 1998 entra al FN como asesora. A medida que escalaba y ganaba poder dentro del partido, trató de suavizar su imagen, atravesada por las incendiarias declaraciones de su padre. Llegó a afirmar que la ocupación nazi de Francia «no fue particularmente inhumana», aseveró que «no todas las razas tienen las mismas capacidades», o incluso comparó la pedofilia con «la exaltación de la homosexualidad».

Sus primeras pruebas electorales son en 2012, año en el que consigue, con un 17,9% del apoyo, superar el techo del partido, aunque no pasó a la segunda vuelta, el llamado ballotage, algo que sí había logrado su padre diez años antes frente a François Mitterrand. Finalmente François Hollande y Nicolas Sarkozy se disputaron la presidencia, con la victoria del primero. En 2017 y 2022, su rival fue el liberal de centroderecha Macron, vencedor en ambas ocasiones.

En 2015, Marine expulsó a su padre de FN, después de que este afirmase que las cámaras de gas de los nazis «no habían sido más que un detalle en la historia». Esto marcó la ruptura final entre ambos, hasta la muerte de Jean-Marie en 2025. Tras muchos esfuerzos, consigue cambiar en 2018 el nombre del partido a Agrupación Nacional, algo que consideraba «más convencional».

En sus segundas elecciones presidenciales, Le Pen se muestra a sí misma como una Donald Trump francesa, autodenominándose la «política del pueblo». Su línea política, en muchos aspectos, recuerda a muchos candidatos de la extrema derecha tradicional: una crítica dura a la inmigración, abogando por la limitación del asilo y la expulsión automática de todos los extranjeros sin los papeles en regla, la erradicación del «terrorismo islámico» y el rearme policial.

Sin embargo, muchas de las propuestas sociales de la hasta hoy posible candidata mostraban un marcado tono estatista: defendía la progresividad fiscal gravosa para las rentas altas, el blindaje de la sanidad pública, y la defensa de la semana laboral de 35 horas y la jubilación legal a los 60. No obstante, todas estas medidas buscaban priorizar al pueblo francés y a la «identidad nacional».

Bardella, de pupilo a heredero

Tras el paso atrás de Le Pen, es el turno del joven Joan Bardella, de apenas 30 años. Aún es una incógnita si el actual eurodiputado y presidente de RN contará con la autonomía suficiente dentro del partido, o bien sucumbirá al yugo lepenista. Por el momento, ha mostrado posturas más vinculadas a la derecha tradicional francesa —sin liderazgos fuertes— y a los círculos empresariales.

El presidente del partido de extrema derecha Agrupación Nacional, Jordan Bardella, es abrazado Marine Le Pen durante un mitin en Liévin Jean-Francois Badias Jean-Francois Badias / AP

Con Macron fuera del mapa y Le Pen inhabilitada, Bardella parte como favorito en las encuestas y parece un serio candidato al Elíseo en 2027. Los sondeos del instituto Ipsos-BVA le otorgan un 35-36% de apoyo, superando en casi tres puntos a su sucesora, y por delante de los ex primeros ministros de centroderecha Édouard Philippe y Gabriel Attal, y del progresista Jean-Luc Mélenchon.

De cara al público, Le Pen ha tratado de distanciar la candidatura de su delfín —que ya cosechó un incontestable triunfo en las europeas de 2024— y ha insistido en que Bardella es «complementario» a ella. Existen ciertas diferencias ideológicas entre ambos. Si bien Le Pen se caracteriza por una política con una doctrina más social e intervencionista, Bardella posee un planteamiento económico más neoliberal.

Sin embargo, el heredero ya tiene detractores, incluso dentro del partido. Algunas figuras han criticado su inexperiencia y su juventud, aún insuficiente para poder liderar una candidatura fiable a la Presidencia. Otros ven ese giro liberal con desconfianza.