La democracia estadounidense, a examen

  • La guerra arancelaria, las operaciones militares en Venezuela e Irán o el acoso a los medios encienden las alarmas

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de espaldas y ante una cortina azul y varias banderas estadounidenses, saluda durante un mitin en Texas
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante un acto electoral en Lubbock, TexasREUTERS/Kaylee Greenlee

Juan Tato SuárezEnviado especial de RNE a Washington  RTVE

El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca hace casi dos años ha tensado hasta límites insospechados las costuras de la democracia estadounidense. En los últimos 21 meses, el presidente de los Estados Unidos ha ejercido de forma descarnada el poder ejecutivo. El comandante en jefe lanzó operaciones militares en Venezuela y en Irán sin contar con el aval del Congreso, se arrogó las competencias legislativas en materia comercial para lanzar una guerra arancelaria contra medio mundo, ha sido implacable con los medios de comunicación críticos con su gestión, ha desafiado la independencia de la Reserva Federal y ha utilizado al Departamento de Justicia para perseguir a rivales políticos.

Muchos se preguntan, dentro y fuera de Estados Unidos, si Trump está deslizando a su país por la pendiente de la autocracia. El Instituto V-Dem de Suecia, que supervisa la democracia en todo el mundo, alerta del retroceso democrático en Estados Unidos. El país ha dejado de ser considerado una «democracia liberal» para convertirse en una «democracia electoral». Los ciudadanos pueden seguir votando, pero los contrapesos institucionales, el Estado de derecho y las libertades civiles se han visto deteriorados. Kurt Weyland, profesor de la Universidad de Texas, cree que «Trump ha sometido la democracia estadounidense a un serio test de resistencia, con acciones que nadie esperaba, sin precedentes, iliberales, problemáticas y peligrosas».

Dos años de políticas de Trump que pueden costar el Congreso a su partido: «Es un lastre para los republicanos»Miguel Charte

Dos años de políticas de Trump que pueden costar el Congreso a su partido: "Es un lastre para los republicanos"

Melissa Michelson, politóloga del Menlo College de California, denuncia que Trump «ha utilizado ampliamente su autoridad ejecutiva y empujado los límites de lo que se considera aceptable o legal para un presidente». Michael Shifter, profesor de la Universidad de Georgetown, no tiene ambages en reconocer que en los últimos años ha habido una erosión de la democracia en Estados Unidos: «No hay respeto para leyes, para las reglas, para las normas, no hay contrapesos. La Corte Suprema ha sido muy favorable a Trump en las decisiones más importantes (…) que han sido parte de su plan de consolidar y concentrar el poder ejecutivo».

Con todo, Kurt Weyland, autor de un libro sobre cómo las democracias resisten la amenaza del populismo (Democracy’s Resilience to Populism’s Threat: Countering Global Alarmism), recomienda mirar las cosas con perspectiva. Argumenta que, a pesar del estrés al que Trump ha sometido a las instituciones, «la democracia estadounidense continúa operando, las elecciones siguen siendo libres y justas, la oposición democrática es dinámica, está movilizada, no se ha dejado intimidar ni ha sido desmantelada; los medios de comunicación son en su mayoría libres y dicen lo que quieren; y la sociedad civil sigue siendo fuerte». «¿Qué régimen autoritario —se pregunta— permitiría que la oposición esté tan cerca de lograr una victoria tan significativa en las urnas?».

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llega a bordo del Air Force One al Aeropuerto Internacional Presidente Donald J. Trump, en West Palm Beach, Florida.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llega a bordo del Air Force One al Aeropuerto Internacional Presidente Donald J. Trump, en West Palm Beach, Florida.Mark SchiefelbeinAP / Mark Schiefelbein

En juego el control del Congreso

Las elecciones de mitad de mandato podrían cambiar la composición de un Congreso que ha sido extremadamente complaciente con el presidente. Ante el deterioro de la calidad democrática, Kurt Weyland ve «chocante que los republicanos en el Congreso no hayan ejercido mucha resistencia». Para Michael Shifter, el Capitolio «ha sido totalmente cómplice con la agenda de Trump y no ha sido un contrapeso, una crítica, un poder independiente, como establece la Constitución». Los republicanos tienen mayoría en la Cámara de Representantes y en el Senado y sus parlamentarios no han sido capaces de sobreponerse a la presión que Trump ha ejercido sobre ellos. El presidente ha premiado a los leales y castigado a los disidentes en las primarias del partido. Varios candidatos republicanos han visto frustradas sus aspiraciones al Congreso por no contar con el beneplácito de su líder.

El mandatario ha logrado moldear el partido a su imagen y semejanza. En 2024, Trump consiguió ensanchar la base electoral de los republicanos ganando votos entre la clase trabajadora y atrayendo buena parte del voto latino, tradicionalmente en manos de los demócratas. Adolfo Franco, estratega y asesor republicano, opina que los republicanos siguen necesitando a Trump en estas elecciones de mitad de mandato: «En el pasado hemos visto que cuando el nombre de Trump no aparece, la gente que simpatiza con él suele no participar».

Los demócratas quieren teñir de azul el Congreso con más socialistas que nunca y las encuestas soplando a favorSusana Samhan

Los demócratas quieren teñir de azul el Congreso con más socialistas que nunca y las encuestas soplando a favor

Trump ha decidido personalizar la campaña de las legislativas. «Votad como si yo estuviera en la papeleta», ha repetido el presidente hasta la saciedad. Una maniobra política que no está exenta de riesgos. Los índices de popularidad del presidente están por los suelos, por debajo del 40 %. Melissa Michelson cree que Trump no necesita decirle a la gente que finja que él está en la papeleta: «Donald Trump está presente en toda esta campaña; las acciones que ha llevado a cabo, las decisiones que ha tomado como la guerra con Irán o los aranceles, así como las decisiones adoptadas por la Casa Blanca, están afectando la vida cotidiana de las personas, el coste de la gasolina, de los alimentos y su capacidad para pagar sus facturas». Mark Hugo López, analista del Pew Research Center, recuerda que Donald Trump ganó las presidenciales de 2024 con la promesa de hacer frente a la inflación. Dos años después, los precios siguen subiendo: «La inflación está muy, muy alta y esto está en la mente de los votantes estadounidenses. Hay muchos, muchos aspectos de las políticas públicas de Donald Trump, como la guerra de Irán o los aranceles, que han tenido un impacto negativo en la economía».

Las encuestas anticipan que los republicanos perderán el control de la Cámara de Representantes y, probablemente, también del Senado. No es extraño, es habitual. En los últimos 20 años, el partido del gobierno ha sufrido una pérdida significativa de respaldo popular en las elecciones de mitad de mandato. Pero a Donald Trump no le gusta reconocer las derrotas.

¿Cuestionará Trump el resultado?

Donald Trump aún no ha reconocido la victoria de Joe Biden en las elecciones de 2020. El 6 de enero de 2021, semanas antes de abandonar la Casa Blanca, el todavía comandante en jefe alentó a una turba de seguidores suyos a asaltar el Capitolio, lo que supuso una de las mayores crisis políticas en los 250 años de historia de Estados Unidos.

Miles de arrestos, sentencias de prisión y una investigación en curso: la huella del asalto al Capitolio tres años despuésMARTA REY

Miles de arrestos, sentencias de prisión y una investigación en curso: la huella del asalto al Capitolio tres años después

En los últimos meses, Trump ha alimentado las sospechas de un fraude electoral en las legislativas. En febrero, el periodista de la NBC, Tom Llamas, le preguntó si daría por buenos los resultados de las elecciones de mitad de mandato si los republicanos perdían el Congreso. La respuesta dejó abiertos todos los escenarios: «Lo haré si las elecciones son honestas».

Donald Trump lleva años cuestionando el sistema electoral, en particular la composición de los censos y la limpieza del voto por correo. Además, a lo largo de los últimos dos años, los estados republicanos han tratado de redibujar las circunscripciones electorales para favorecer una distribución del voto más beneficiosa para su partido: el famoso gerrymandering.

El rediseño de los distritos electorales: el as en la manga de Trump que puede volverse en su contra en las ‘midterms’Susana Samhan, Daniel Flores

El rediseño de los distritos electorales: el as en la manga de Trump que puede volverse en su contra en las 'midterms'

Como aditamento, el presidente ha jugado al despiste con la idea de desplegar agentes del ICE en los centros de votación, una medida coercitiva respaldada por algunos prebostes del mundo MAGA como el exasesor presidencial Steve Bannon. En mayo, un periodista le preguntó a Trump si estaría dispuesto a desplegar a la Guardia Nacional o al ICE en los centros de votación en noviembre. Su respuesta volvió a ser ambigua: «Haré todo lo necesario para garantizar que tengamos elecciones limpias».

El ICE y otros cuerpos de seguridad han detenido de forma arbitraria a miles de personas, en ocasiones de forma violenta. Algunos casos, muy mediáticos, saltaron a las primeras planas de la prensa internacional: la deportación de Kilmar Abrego a una cárcel de El Salvador, la detención del niño de cinco años Liam Conejo, las muertes de Renee Good y Alex Pretti… Para Mark Hugo López, director de investigación de raza y etnicidad del Pew Research Center, «uno de los asuntos importantes para muchos votantes, particularmente los votantes latinos, es si habrá personas de ICE en los lugares para votar». Adelys Ferro, directora del Caucus Venezolano Americano, confiesa que «ese es un miedo que tenemos todos».

La sombra del ICE en el voto latino de las ‘midterms’: «Se llevan a los que trabajan, no me parece justo»Marta Rey Maté

La sombra del ICE en el voto latino de las 'midterms': "Se llevan a los que trabajan, no me parece justo"

«Es grave la persecución que están haciendo de nosotros, de nuestras familias, de nuestros amigos, de nuestros vecinos, de nuestros compañeros de trabajo y la persecución que están haciendo de ciudadanos estadounidenses sólo por cómo nos vemos, gracias, entre otras cosas, a una decisión política horrenda y abominable de la Corte Suprema de los Estados Unidos, que le permite a la administración Trump detener a personas solo por cómo nos vemos», denuncia.

Ante la previsible derrota electoral, el magnate republicano ha deslizado la sospecha de que millones de inmigrantes irregulares llegados a Estados Unidos bajo la Administración Biden se disponen a hurtar la voluntad soberana del pueblo. Trump lleva meses presionando al Congreso para aprobar la SAVE America Act, un proyecto legislativo que exige una prueba documental de ciudadanía para inscribirse en el registro electoral.

El texto pasó el filtro de la Cámara de Representantes, pero no el del Senado, donde la minoría de bloqueo de los demócratas impidió que la SAVE America Act se convirtiera en ley. De haber sido aprobada, la norma habría creado nuevas barreras para millones de votantes. Se estima que más de 20 millones de estadounidenses en edad de votar no tienen acceso inmediato a documentos como un certificado de nacimiento; aproximadamente la mitad de la población no tiene pasaporte vigente.

¿Qué pasará si los republicanos pierden el control del Congreso?

Melissa Michelson cree que una de las razones por las que Trump insistió tanto en aprobar la SAVE Act fue para poder alegar fraude si los republicanos salen derrotados de las urnas en las legislativas: «Pienso que siempre ha tenido previsto hacerlo. Al insistir repetidamente en esa ley, estará en condiciones de regresar después de las elecciones y decir: «¿Veis? No aprobasteis la ley y permitisteis que os robaran las elecciones. Estoy convencida de que eso ocurrirá». Mark Hugo López, del Pew Research Center, anticipa que los resultados electorales serán especialmente cuestionados si la distancia entre republicanos y demócratas es muy «estrecha».

Trump ha azuzado el fantasma del pucherazo antes incluso de que los estadounidenses empezaran a votar por correo en las legislativas. El presidente teme perder el control del Congreso y convertirse en un «pato cojo» en los dos años que le restan de mandato. Melissa Michelson cree que, si ese escenario se materializa, Trump gobernará a golpe de decreto, recurriendo todavía más a las órdenes ejecutivas: «el presidente cree que dispone de un amplio margen de actuación y tratará de avanzar sus objetivos desde la Casa Blanca sin contar con el Congreso».

Adolfo Franco, estratega del Partido Republicano, reconoce que, si el 3 de noviembre hay una ola demócrata en las elecciones, será para Trump «un poco más difícil llevar a cabo la agenda sin mayoría en el Congreso». Controlar el Senado permitiría a los demócratas bloquear nuevos nombramientos de la administración y de la judicatura, algo especialmente relevante si se produjera una vacante en el Tribunal Supremo, cuyos miembros —de carácter vitalicio— deben ser confirmados por la cámara alta.

Trump ha expresado también su temor a que, si pierde el control del Congreso, los demócratas puedan activar el procedimiento del impeachment para echarlo de la Casa Blanca. Ya lo hicieron dos veces durante su primer mandato y las dos veces de manera infructuosa, al no lograr reunir los votos de dos tercios de los miembros presentes en el Senado para condenarlo. Nada hace pensar que en esta ocasión fuera a ser diferente.

Michael Shifter, profesor de la Universidad de Georgetown, está seguro de que «no hay ninguna posibilidad de que el Senado, si hay un impeachment en la Cámara, sea cual sea el resultado del 3 de noviembre, vaya a condenarlo y a sacarlo del poder». No descarta, sin embargo, que, si los demócratas toman el control, vaya a «haber muchas investigaciones y posiblemente un impeachment, si no del presidente Trump, tal vez de algunos de sus secretarios, y aquí Hegseth (secretario de Defensa) se está mencionando mucho».

Estados Unidos se juega mucho el 3 de noviembre. Las elecciones de mitad de mandato pondrán a prueba la credibilidad del sistema democrático. La gran duda es si Trump respetará el resultado electoral, si los demócratas se hacen con el control del Congreso. Desde el punto de vista político, son muchas las preguntas que sobrevuelan el horizonte de la cita con las urnas. ¿Recuperará el Capitolio su rol de contrapeso al poder ejecutivo? ¿De qué manera una victoria demócrata limitaría los márgenes de actuación del presidente? ¿Qué Trump veremos en el tramo final de su presidencia? ¿Cómo podría afectar una derrota del trumpismo a la carrera por la nominación republicana de 2028? Las respuestas estarán condicionadas, lógicamente, por el resultado de las elecciones y empezarán a perfilarse a partir del miércoles.