El equipo grana se impuso por 0-1 al Rayo Majadahonda (Flakus, de penalti) y se pone con quince puntos, igualado con el Zaragoza.
GREGORIO LEÓN
El Murcia salió del Cartagonova en estado depresivo. El que pierde el derbi aparece al día siguiente vestido de luto. Pero tenía una oportunidad para no prolongar el duelo. Era en la Comunidad de Madrid, territorio prohibido para los grana desde hace dos décadas. Hasta este domingo. La victoria en el Cerro del Espino transporta al equipo a la zona más elevada de la clasificación, discutiéndole el liderato al Zaragoza.
Los árbitros suelen ser firmes en sus decisiones. El soporte de vídeo en Primera RFEF no tiene el impacto del VAR en el fútbol profesional. Y aunque les muestren evidencias que refuten su dictamen, lo sostiene. Fue lo que pasó a los cuatro minutos. Alberto González peleó con un defensa. Los dos cayeron, dentro del área. Y el colegiado pitó penalti. No lo era. Pero el Murcia aprovechó el regalo para adelantarse desde los once metros. David Flakus lanzó con maestría el penalti. El viento de cola llegaba muy temprano. Pero no lo usó adecuadamente. Dejó que creciera el Rayo Majadahonda, al compás de las dudas de la defensa grana, despojada de autoridad.
Quiso llevar la gobernanza del partido el Murcia en la reanudación. Más al ver que el rival perdía una unidad, por expulsión de Iñigo Ramos por una entrada destemplada a Héctor Pérez. Pero vivió un sobresalto con un remate de Manín, salvado por Dani Jiménez, otra vez supremo. Sergi Guilló metió piernas frescas, dando entrada a Yoldi, Chema Núñez, Álvaro Bustos, Álvaro Giménez y Mounir. Y consagró todos sus esfuerzos en conservar, no sin sufrimiento, un triunfo que tiene el color del oro.
El Murcia ha llegado a la cima. Sin brillo, pero con eficacia.