El mar Báltico como escenario estratégico: implicaciones para España

RAFAEL JOSÉ R. DE ESPONA

En el ámbito de los estudios navales aplicados a las relaciones internacionales, el Mar
Báltico es perfectamente conocido, si bien su relevancia para España ha sido tradicionalmente secundaria. En principio, la aproximación inicial al espacio báltico suscita
curiosidad en los politólogos ante el cariz de las relaciones europeas con Rusia, que
en este escenario están revestidas de caracteres de gran elocuencia.
Como es bien sabido, varios son los países centroeuropeos y nórdicos que tienen parte de sus fronteras en el Mar Báltico: los escandinavos Noruega, Suecia, Finlandia, así como Dinamarca, Alemania y Polonia, Estonia, Letonia, Lituania y Rusia.
Pero para estos países dicho mar no tiene la misma significación como espacio de
proyección exterior.

La presencia de Rusia, aún teniendo un borde marítimo muy reducido en el
Mar Báltico, es, sin embargo, de gran trascendencia tanto para sus vecinos bálticos
como para la propia política exterior de Moscú. La proyección de los intereses rusos
en Europa desde San Petersburgo y desde el exclave ruso báltico ubicado en el interior de la UE y la OTAN –Kaliningrado– no sería posible de no existir la vía marítima.
De hecho, la política energética europea ha sido radicalmente cambiada por la sencilla razón de que el Mar Báltico ha brindado la oportunidad de que Rusia abastezca de
hidrocarburos directamente a sus socios (Alemania) a través del nuevo poliducto
báltico, obviando la utilización de la red de gasoductos continentales que vinculan el
suministro al tránsito territorial. Ello permite a Rusia dejar de lado a todos los países
situados en el trazado de dichos gasoductos.
En base a lo antedicho, el propósito de esta disertación consiste en presentar
las líneas maestras del contexto geoestratégico actual en el escenario báltico, así
como apuntar las implicaciones que para nuestra nación, España, tiene el Mar Báltico
–especialmente el Oriental– desde la perspectiva enraizada en el vector euroatlántico
de política exterior e intereses de seguridad y defensa.
I. GEOPOLÍTICA
Desde 1990, la disolución de la URSS cambió el escenario geopolítico báltico y, con
posterioridad a ello, la ampliación de la UE y la OTAN incluyendo las naciones bálticas
(en el año 2004) ha integrado plenamente esta región en el seno de las instituciones
euroatlánticas.
La cooperación política regional a nivel multilateral ha avanzado con el apoyo
de dos organizaciones internacionales regionales: de un lado, el Consejo de los Estados del Mar Báltico (constituido en 1992) que aglutina a 11 países, a saber Alemania,
Dinamarca, Rusia, Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, Noruega, Suecia y Finlandia,
a los que, finalmente, se ha añadido Islandia. De otro, el Consejo de Repúblicas Bálticas
(fundado en 1990), el cual coordina a tres países: Estonia, Letonia y Lituania. Asimismo, esta institución agrupa diversos órganos de coordinación permanente –a nivel
ministerial, parlamentario y diplomático– entre las mencionadas naciones Estonia,
Letonia y Lituania.
En cuanto a los actores individuales principales presentes en el escenario báltico,
destacamos los siguientes:
La Unión Europea: Europa incorpora economías emergentes en el Báltico,
lo cual puede suponer una asimetría en base al criterio de configuración
económica intracomunitaria de la denominada «Europa de las dos velocidades». Asimismo, las relaciones UE-Rusia están indefinidas, con muestras de
debilidad europea en las negociaciones diplomáticas. Ello repercute especialmente en la frontera báltica oriental de la UE (integrada por Polonia,
Estonia, Letonia y Lituania).
La OTAN: Dicha organización internacional amplía sus fronteras directas
con Rusia con la incorporación de las naciones bálticas. Ello supuso ciertas
amenazas de Rusia en 2003, antes de la entrada de Estonia, Letonia y Lituania
en 2004, en base a un temor infundado. El Consejo OTAN-Rusia demuestra
que la cooperación es posible.
Rusia: La influencia política y económica de Rusia es directa en Bielorrusia,
pero regresiva en los Estados del Báltico. Las minorías rusas presentes en
Estonia y Letonia (que alcanzan al 30% de la población) suponen un factor
de influencia social. Rusia tiene el exclave Kaliningrado ubicado en la costa
báltica, y necesita a Lituania para su comunicación terrestre. Desde los últimos años, Rusia encuentra en Alemania un socio estratégico.
Alemania: Ha proyectado sus intereses construyendo en los últimos años
una especial relación bilateral con Rusia, soslayando el principio de solidaridad intracomunitaria. No debe olvidarse que la reunificación alemana integró repentinamente la RDA y todavía subsisten algunos vínculos heredados de la etapa del Pacto de Varsovia. Consecuentemente, las relaciones de
Alemania con Polonia han perdido fuerza en contraposición a la intensificación de la sinergia de Polonia con Lituania, junto con Estonia y Letonia.
• EE.UU.: Su presencia en la región del Báltico Oriental se establece en base
a relaciones bilaterales intensas a nivel diplomático y de defensa, especialmente con Polonia y Lituania, así como con Estonia y Letonia.
II. ECONOMÍA
En conjunto, el Mar Báltico constituye una región con una economía próspera y con
un vector de desarrollo económico ascendente, en el cual cabe distinguir dos áreas:
• Por una parte, un área económica desarrollada integrada por Noruega, Suecia, Finlandia, Alemania y Dinamarca. Son países ricos, con capacidad de
inversión exterior, que han focalizado en el Báltico Oriental (ejemplos: la
banca SEB, el grupo bancario NORDEA, la empresa de telecomunicaciones
NOKIA, la constructora lituano-polaca VITI).
• Por otra, un área económica emergente formada por Polonia, Estonia, Letonia,
Lituania, Kaliningrado y San Petersburgo, si bien estas dos últimas están
fuera del sistema económico de la UE y por tanto responden a esquemas
diferentes. Las naciones bálticas crecen a una media de entre el 7-9% del
PIB, controlando las tasas de inflación y paro (Lituania espera integrarse en
la zona Euro en el año 2008). Pero la perspectiva a largo plazo intensificará
su propia capacidad inversora exterior, habiendo ya invertido entre sí (ejemplos: el banco letón PAREX, el grupo de refinerías polaco PKN ORLEN) y
en otros Estados más alejados incluso (como es el caso de varias empresas
de Lituania en Ucrania).
Los sectores económicos de mayor significación geoestratégica en el Báltico
son dos:
• Logística y transporte: Se encuentran grandes mercados de consumidores
en Polonia y Alemania con puertos como el de Hamburgo, así como se canalizan exportaciones rusas de hidrocarburos a través de Letonia (puerto de
Ventspils). Pero el puerto lituano de Klaipeda tiene una proyección directa a
mercados de Bielorrusia, Ucrania y CEI. Este puerto nunca se congela en
invierno y es el de mayor proyección futura en el Báltico Oriental. Asimismo, el proyecto ferroviario RAIL BALTICA intensificará el tráfico ferroviario en el Báltico Oriental, desde Polonia hasta Finlandia.
• Energía: Corresponde este ámbito económico a una categorización propia
de seguridad nacional, especialmente para pequeños Estados como las tres
naciones bálticas. En cuanto a las infraestructuras energéticas, actualmente
se desarrollan o está previsto el inicio de instalaciones energéticas y nuevas
interconexiones a lo largo del Báltico Oriental, de las que se destacan: el
poliducto ruso-germano báltico E.ON-Gazprom –que supone un riesgo
ecológico (productos químicos hundidos en barcos de la segunda guerra
mundial) y generará serias consecuencias políticas y económicas–; las
interconexiones eléctricas Polonia-Lituania y Suecia-Lituania, para conectar las redes de Estonia y Letonia con el resto de Europa; la continuidad e
intensificación de la energía nuclear en Lituania (más tres países coinversores: Polonia, Estonia y Letonia) mediante la construcción de una nueva
central nuclear con dos o tres reactores; el desarrollo de capacidad de procesamiento y almacenamiento de LNG para Polonia y Lituania, contando con
Noruega como proveedor futuro.
Con relación al suministro, destaca la posición de Rusia como el principal proveedor europeo de hidrocarburos pero, ante los riesgos políticos y la utilización del
arma energética por parte de Moscú (evidenciada en los recientes episodios acaecidos
en Bielorrusia y Ucrania), se hace necesario asegurar nuevas vías de suministro, entre
las que destacan las provenientes de Noruega e, incluso, del Magreb. En todo ello
influyen poderosamente factores políticos (el riesgo de la creación de una OPEG del
gas) y económicos (los costes de inversión y la necesidad de financiación extranjera).
Por ello, las inversiones son imprescindibles dada la insuficiencia de recursos propios
para los proyectos energéticos previstos en Polonia, Estonia, Letonia y Lituania. Estos suponen una importante oportunidad para inversión foránea, pero al tratarse de un
sector estratégico con implicación directa en la seguridad nacional, es una oportunidad para Estados socios de la UE pero alejados del área de influencia rusa en el Báltico
(como es el caso de España e Italia).
III. Seguridad y defensa
El contexto de seguridad y defensa en el Mar Báltico se ha visto transformado por la
ampliación de la OTAN y la disolución del Pacto de Varsovia, así como por el descontrol
sobre la movilidad del crimen transnacional a través de la CEI.
En principio, se percibe ciertamente una clara estabilidad regional, reforzada
por los países OTAN –Noruega, Dinamarca, Alemania, Polonia, Estonia, Letonia y
Lituania– y regímenes neutrales como Suecia y Finlandia. La relación bilateral especialmente intensa con EE.UU., en los casos de Polonia y Lituania, refuerza la seguridad de ambos Estados. Asimismo, Noruega integrará su fuerza naval (fragatas AEGIS)
con maniobras navales norteamericanas en el Mar del Norte, que es el punto de salida
al Océano Atlántico de la flota rusa báltica, y ello con el fin de la protección de su
soberanía y ZEE (especialmente sus importantes yacimientos de hidrocarburos).
Lituania es el puesto oriental de la OTAN de alerta temprana aérea (contando
con el emplazamiento del BALTNET, unidad combinada Estonia, Letonia y Lituania).
Por su parte, Polonia presumiblemente emplazará el principal puesto del escudo antimisiles de EE.UU. Una pequeña formación naval permanente combinada, el
BALTRON, agrupa una flotilla de buques de Estonia, Letonia y Lituania, en constante patrulla por aguas del Mar Báltico.
Rusia ha mantenido para su flota del Báltico, en su exclave de Kaliningrado,
una importante base naval –Baltiysk–, donde se cree (en opinión del ex-Consejero de
Seguridad Nacional de los EE.UU. Z. Brzezinski) que también se emplazan armas
tácticas nucleares; la otra base naval rusa de la flota báltica se encuentra en la isla de
Krohnstadt, frente a San Petersburgo. Rusia se coordina con la OTAN a través del
Consejo OTAN-Rusia (reunido en Febrero de 2007 en Vilnius, coincidiendo con las
noticias trascendidas sobre el asunto del escudo anti-misiles proyectado en Polonia y
Chequia). Con relación al despliegue de unidades navales, es previsible que Rusia
intensifique sus maniobras aeronavales a medida que avance la construcción de su
poliducto báltico.
El escenario de un conflicto militar convencional es descartable en el Mar
Báltico. Sin embargo, algunas acciones de presión psicológica o desestabilización
diplomática (como las incursiones aéreas rusas en el espacio aéreo báltico durante las
misiones OTAN de policía aérea o la supuesta intromisión rusa en pecios de inteligencia naval de Finlandia) sí pueden tener lugar. Recientemente, las revueltas en Estonia
(al parecer coordinadas con la agresión a la Embajada de Estonia en Moscú), han
coincidido con un ciberataque a varias instituciones y entidades empresariales de
Estonia sobre el que Rusia se ha apresurado a negar su implicación. Estos episodios
serían reflejo parcial de lo que actualmente se califica como «conflictos de 4ª generación», en un nivel de baja intensidad, en todo caso.
La evolución del régimen totalitario de Bielorrusia posiblemente producirá ciertas convulsiones internas que pueden generar tensión ad extra hacia sus países vecinos bálticos (Lituania y Polonia, principalmente) si bien será plausiblemente circunscrita a la esfera política. Los cambios en Bielorrusia repercutirán asimismo en la política
exterior de Rusia hacia el entorno báltico, por cuanto ello probablemente habrá de
distanciar al gobierno de Minsk de Moscú.
En conjunto, únicamente el riesgo que supone el tráfico ilegal y las rutas navales utilizadas por el crimen organizado transnacional (especialmente varias mafias de
la CEI), desde varios puertos como, por ejemplo, Kaliningrado y San Petersburgo
entre otros, puede suponer una amenaza inmediata para la seguridad regional, y repercutir asimismo en la internacional.
IV. Y EL BÁLTICO
Ciertamente, el Báltico ha sido un escenario un tanto alejado de nuestras prioridades
históricas, aunque desde la disolución de la URSS y la ampliación oriental de la UE,
se contempla como un entorno más cercano. Además, la proyección económica española en Hispanoamérica ha cubierto ya un período amplio y tiene actualmente cierto
grado de saturación. La segunda esfera internacional de la política exterior española,
el Mediterráneo, no dispone de economías emergentes. Europa del Este posee un alto
grado de interés y numerosas posibilidades económicas, pero la complejidad del entorno en su conjunto y las singularidades de cada país hacen necesario seleccionar un
área de penetración y posicionamiento –a nivel político y económico–, y el Báltico
probablemente es el idóneo.
De este modo, para España probablemente el mejor punto de entrada y aproximación a Europa del Este y Rusia está en el Báltico Oriental. Polonia ha sido el país
objetivo inicial, desde el punto de vista cuantitativo (por el volumen de inversiones,
oportunidades de expansión corporativa y por la dimensión estatal idónea para una
alianza política en el seno de la UE). Sin embargo, cualitativamente, las posibilidades
de Lituania son óptimas a efectos de cooperación bilateral en análisis estratégico,
gestión regional de la expansión corporativa (inversiones en terceros estados del Este,
operaciones financieras, comercio hacia la CEI) y como conexión logística en la vertiente comercial.
De hecho, el eje Galicia-Klaipeda une los dos extremos portuarios de la UE
con un 100% de operatividad (los puertos de Riga y Tallin se congelan) por lo que
esta alianza regional es de carácter estratégico (y así se ha materializado inicialmente
en varios convenios). La cooperación entre puertos (junto con el intercambio de información sobre gestión en los proyectos de puertos exteriores) intensificará su conexión logística europea y permitirá materializar una autopista del mar entre ambos.
España, como nación de proyección marítima, encuentra en los Estados bálticos,
especialmente en Lituania, un interlocutor con idéntica percepción del vector
euroatlántico en política exterior, al que fortalece. Doctrinalmente contrapuesta, la
visión europea franco-alemana es de carácter eurocontinental y por ello tiende a incorporar a Rusia como aliado, al tiempo que devalúa la entidad europea de España, al
tratarse de una potencia media ubicada en el extremo del eje eurocontinental constituido por París-Berlín-Moscú.
En consecuencia, potenciar la implicación de España en el escenario báltico,
especialmente el Oriental, supone lo siguiente:
En política exterior, permitirá obtener sinergias bilaterales y multilaterales en
el Báltico Oriental (con Polonia, Estonia, Letonia y Lituania) para configurar un bloque de Estados dentro de la UE, con capacidad de equilibrar el eje franco-alemán. Y
todo ello desde una perspectiva doctrinal diplomática de carácter euroatlántico. Al
mismo tiempo, ello permitirá coordinar iniciativas diplomáticas y relaciones de
interlocución hacia Rusia y la CEI, aunando los intereses españoles con las capacidades de análisis y gestión diplomática de Estados con experiencia en el entorno ruso y
a su vez con vocación y presencia europeas.
En las relaciones económicas, cabe destacar que ya hay un posicionamiento de
empresas españolas en Polonia (ENDESA, ACCIONA, FERROVIAL, FCC) en Lituania
(INDRA), en Estonia y Letonia (IBERDROLA), lo cual debe orientarse a intensificar
inversiones en economías emergentes sostenibles, coordinar la optimización de rutas
logísticas y proyección comercial al Este y, por último, aprovechar la eficiencia de la
estrategia corporativa regional para las relaciones con Europa del Este y Rusia planeando inversiones desde una plataforma financiera y de gestión como la que constituyen los Estados bálticos y, en especial, Lituania.
En cuestiones de seguridad y defensa, como Estado miembro de la OTAN,
España coopera de modo general con los diferentes países del Mar Báltico pertenecientes a la OTAN. Ahora bien, desde una perspectiva netamente nacional, se evidencia que hay un interés directo en dicha cooperación con países bálticos, especialmente
los que poseen una experiencia propia con relación a Rusia, por las repercusiones en
dos ámbitos que pueden proporcionar a nuestras FAS y Comunidad de Inteligencia un
conocimiento ajustado sobre los vectores de riesgo que pueden generarse con proyección a toda Europa.
Por una parte, destaca el análisis y prospección sobre Rusia. Los intereses rusos en la región y el estilo de su política exterior ante lo que considera su área de
influencia, hace especialmente patente la doctrina de utilización de la fuerza tanto por
medios no militares (energía) como militares (incursiones aéreas, disuasión).
Por otra, se evidencia la capacidad de alerta temprana sobre la transnacionalidad
criminal de las «mafias del Este», que utilizan como puntos de difusión a Bielorrusia,
así como a San Petersburgo y Kaliningrado. La penetración directa se realiza también
a través de la UE por Estonia, Letonia, Lituania y Polonia.
A modo de recapitulación, podría concluirse que el escenario geoestratégico
del Mar Báltico, especialmente el Oriental, supone un evidente punto de monitorización
de las relaciones Rusia-UE, así como un entorno donde la implicación española a
largo plazo puede obtener importantes resultados a favor de su proyección diplomática y expansión económica, partiendo de una común perspectiva euroatlántica desde la
que, una vez mas, se demuestra la vocación marítima de España.