El abandono del campo pasa factura al Valle de Ricote

La baja rentabilidad de las producciones y la competencia de la agricultura industrial, parte del problema

LA OPINIÓN

La riqueza paisajística y cultural del Valle de Ricote es única e innigualable en la Región de Murcia, pero como todo, los grandes y rápidos cambios sociales y económicos acaban barriendo unas costumbres y tradiciones que hasta ahora dibujaban un enclave querido por los murcianos. La crisis de rentabilidad en el sector primario ha pasado factura a los municipios que conforman esta comarca regional, hasta el punto de que ha sido objeto de interés de expertos en geografía y ciencias ambientales de las universidades de Hamburgo (Alemania) y Ginebra (Suiza) que se han dedicado a estudiar en los últimos años el estado de los paisajes agrícolas de las comunidades del Mediterráneo, y que entre los años 2016 y 2019 centraron su atención en el Valle de Ricote.

Sus conclusiones, publicadas en la revista Regional Environmental Change, son claras: Distintos factores socioeconómicos han conllevado el abandono de grandes parcelas de cultivo en la comarca donde se ubican los municipios de Abarán, Blanca, Ojós, Ricote, Ulea, Villanueva y Archena. En los cuatro años señalados, estos invertigadores internacionales han datado que de media el 51,35% de la superficie agrícola del valle está abandonada. Desde el primer año de estudio y hasta el último, este porcentaje disminuía desde un 56,33% de zonas agrícolas no cultivadas a un 40%, aunque los expertos destacan que sigue registrándose un alto porcentaje de abandono de tierras agrícolas detectadas dentro de los huertos tradicionales del Valle de Ricote.

Y es que señalan que las parcelas pequeñas se cultivaron en un porcentaje más alto que las parcelas grandes o medianas. Dos tercios de los terrenos estudiados tienen una extensión inferior a 1.500 metros cuadrados, un dato en el que influye la topografía de la comarca, territorio que acompaña al río Segura desde Abarán hasta Archena, y los investigadores apuntan a que la fragmentación del terreno es «un desafío económico y de gestión que causa altos costos de transacción» entre unos agricultores y otros.

La agricultura familiar en pequeña escala sigue siendo la forma de cultivo más extendida en esta zona hasta la actualidad, pero los bajos ingresos que se perciben de la agricultura en la zona, sumado a la competencia de mercado con la agricultura industrial a gran escala en los alrededores, la fragmentación de la tierra, la falta de interés en la continuación de las actividades agrícolas entre las generaciones jóvenes, la falta de modernización y los fuertes lazos emocionales con la tierra que impiden el cambio de dueño de parcelas agrícolas explican el abandono de la tierra.

La tradicional huerta del valle también ha logrado ser un punto positivo para la comarca, ya que el cultivo en propiedades de pocas hectáreas «garantizan la seguridad alimentaria y tienden a ser menos vulnerables a la volatilidad de los precios. Sin embargo, como en la mayoría de las regiones europeas, la superficie agrícola cubierta por parcelas pequeñas y medianas disminuyó entre 2016 y 2019, mientras que la superficie agrícola cubierta por parcelas grandes se expandió».

Cambio de paradigma

La solución pasaría por un cambio en el enfoque del sector, logrando una mayor rentabilidad al favorecer prácticas agroecológicas y venta de productos de forma directa al consumidor local, así como un impulso económico a futuras generaciones para que tomen el relevo de los más mayores y colaboren en la regeneración de tierras agrícolas abandonadas. El refuerzo en la cadena alimentaria local y fomento del empleo en la zona enfocado a estas prácticas contribuirían incluso al lograr frenar el éxodo rural en la comarca.