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La apertura de Ormuz, el final de la guerra, las sanciones y el programa nuclear, temas principales de un posible acuerdo
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Trump quiere una paz regional fomentando que más países firmen los Acuerdos de Abraham
Estados Unidos e Irán están negociando un acuerdo que ponga fin a la guerra, iniciada a finales de febrero por Washington y Tel Aviv, que permita la apertura del estrecho de Ormuz, una vía marítima fundamental para el comercio, y terminar con la crisis económica mundial provocada por este bloqueo.
Bajo la atenta mirada de los mercados, ambos países desarrollan un diálogo, donde la apertura de Ormuz, el fin de los ataques, el levantamiento de las sanciones y el programa nuclear son los puntos claves, si bien de momento las dos partes no están abordando en esta fase el dosier atómico, quizás el tema más espinoso de todos, que han dejado para más adelante.
Durante el pasado fin de semana, EE.UU. habló de un «pacto inminente», aunque poco después tanto el propio presidente Donald Trump como el Gobierno iraní se apresuraron a aclarar que había que dar tiempo a la negociación. Las filtraciones sobre el posible pacto publicadas en los últimos días por los medios estadounidenses apuntan a un desbloqueo gradual de Ormuz y una extensión de 60 días del alto el fuego para tratar los asuntos más complicados.
Ormuz, el estrecho de la discordia
Debido a las enormes repercusiones del bloqueo de Ormuz para la economía, este es el asunto principal de la conversación, aunque Irán ha advertido en numerosas ocasiones que en ningún caso no se volverá al «statu quo» anterior a la contienda.
Trump ha insistido en varias ocasiones que Ormuz debe quedar abierto totalmente, aunque la negociación apunta a que haya algún tipo de supervisión iraní.
El portavoz del Ministerio iraní de Exteriores, Esmaeil Bagaei, aclaró el lunes que el acuerdo con EE.UU. no incluye detalles sobre la gestión del estrecho, ya que, en su opinión, es un asunto que corresponde a los Estados que están a sus orillas, vía Irán y Omán, aunque no nombró a Emiratos Árabes Unidos (EAU), que también es ribereño.
Teherán busca que se reconozca su soberanía sobre Ormuz, que en su punto más estrecho tiene 29 millas náuticas (54 kilómetros), pero no está claro si esto implicaría tener derecho al cobro de una tasa por el paso de los barcos y si Washington llegaría a aceptar esta posibilidad.
La República Islámica sostiene que no aspira a cobrar ningún «gravamen», pero defiende que el tránsito supone una serie de costes derivados de los servicios de navegación y protección que deben ser asumidos.
Irán cerró Ormuz en represalia por los bombardeos de EE.UU. e Israel iniciados el 28 de febrero, que dieron comienzo a la guerra. Washington mantiene un bloqueo de los puertos iraníes desde hace un mes.
El estrecho, que separa la península Arábiga de Irán y conecta el golfo Pérsico con el de Omán, es fundamental para el comercio mundial. Por él pasó una media de 20 millones de barriles de crudo al día en 2025.
Según datos de ONU Comercio y Desarrollo (UNCTAD), entre el 1 y el 27 de febrero pasado, antes del inicio de la guerra, navegaron por Ormuz una media de 127 barcos diarios, mientras que a lo largo de marzo hubo un descenso del 95 %, con un promedio de seis embarcaciones cada día.
El fin de la guerra
Para la apertura de Ormuz y el tránsito seguro de los barcos, primero es necesario el fin de las hostilidades. Tras el comienzo de la ofensiva de EE.UU. e Israel, Teherán respondió lanzando ataques contra países vecinos, como Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Catar.
El 7 de abril, Trump anunció un alto el fuego de dos semanas, gracias a la mediación de Pakistán, que entró en vigor al día siguiente y que no ha logrado aliviar la tensión.
No está muy claro tampoco si el fin de la violencia supondría que acaben las hostilidades entre Israel y el grupo chií Hizbulá, respaldado por Irán, en el Líbano, donde hay millones de desplazados internos por el conflicto. La agencia Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria de Irán (IRGC), informó el pasado fin de semana de que Irán ha pedido el fin de la guerra en «todos los frentes», lo que incluiría el Líbano, y la retirada de las fuerzas estadounidenses de «la zona de guerra».
Por su parte, filtraciones en medios de EE.UU. han indicado que Washington habría pedido que Irán deje de apoyar a grupos aliados en la región que operan en el Yemen, Irak, el Líbano o Gaza.
La paz regional de Trump
Pero para pacificar Oriente Medio, el gran proyecto de Trump es extender los Acuerdos de Abraham, de normalización de relaciones con Israel a más Estados de los que ya lo han firmado.
El lunes, el presidente estadounidense anunció en Truth Social que quería vincular el pacto con Irán a que varios países como Arabia Saudí, Catar y la propia República Islámica suscriban acuerdos para establecer lazos con el Estado israelí.
Aparte de esos tres países, Trump mencionó en su mensaje a EAU, Pakistán, Turquía, Egipto, Jordania y Baréin. Si bien EAU y Baréin ya estamparon su firma en 2020 durante el primer mandato del republicano, y Egipto y Jordania rubricaron sendos tratados de paz con el Estado israelí en 1979 y 1994.
El jefe de Estado estadounidense habló durante el pasado fin de semana con responsables de esos Estados para abordar el tema: «Pido obligatoriamente que todos esos países firmen de inmediato los Acuerdos de Abraham, y que, si Irán firma su pacto conmigo, como presidente de Estados Unidos de América sería un honor que sea parte de esta Coalición Mundial sin paragón«, instó Trump en Truth Social.
El inquilino de la Casa Blanca ha recordado en su mensaje que esos pactos, a los que después de Baréin y EAU en 2020 se adhirieron Sudán, Marruecos y Kazajstán, han supuesto un «boom financiero, económico y social», pese a los tiempos de guerra. Trump ha asegurado, además, que ningún país integrante ha sugerido abandonarlos y hacer una pausa, porque «han sido geniales para ellos».
El programa nuclear y las sanciones, para más adelante
Según el medio estadounidense Axios, que cita a un responsable de la Administración, el borrador del acuerdo contiene el compromiso de Irán de que no obtendrá armamento nuclear, además de negociar la suspensión de su programa de enriquecimiento de uranio y la eliminación de sus reservas de uranio altamente enriquecido.
Por su parte, Estados Unidos aceptaría iniciar un diálogo sobre el posible levantamiento de las sanciones y el desbloqueo de los fondos iraníes durante el periodo de 60 días adicional al alto el fuego. En ese sentido, siempre de acuerdo a Axios, las fuerzas norteamericanas seguirían movilizadas en la región y únicamente se replegarían si se alcanza un acuerdo definitivo.
Washington reimpuso las sanciones a Irán después de que Trump decidiera retirar en 2018, durante su primer mandato, a EE.UU. del acuerdo nuclear conocido como JCPOA, suscrito en 2015 entre Irán y el P5+1 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU —EE.UU., Rusia, China, Francia, el Reino Unido— más Alemania, y la UE).
Tras la retirada de EE.UU. y la reimposición de sanciones, Teherán suspendió sus compromisos bajo el JCPOA y expandió su actividad nuclear, que siempre ha defendido que es con fines pacíficos.
Entonces, ¿quién sale ganando de esta guerra?
Los cálculos de The Watson School of Public and International Affairs de la Universidad de Brown, en EE.UU., apuntan que para el país el coste de la guerra va más allá de los misiles, bombas, municiones y el despliegue de soldados, que en total asciende a un monto de unos 29.000 millones de dólares, como estima el Pentágono.
De hecho, conforme se acerca el verano y aumentan los viajes, este estudio subraya que desde el inicio de la contienda los consumidores estadounidenses han tenido que afrontar unos costes extra de la energía, que llegan hasta los 40.000 millones de dólares, lo que supone 300 dólares por familia.
Más allá del impacto en el bolsillo, tampoco parece que la guerra le haya supuesto a Trump grandes réditos políticos, en un año en que habrá elecciones de medio mandato en noviembre.
Según una encuesta publicada en la última semana por Ipsos, el 71 % de los estadounidenses opina que su país no debería haberse metido en este conflicto. El porcentaje sube hasta el 79 % para la franja de edad entre los 18 y los 34 años en el país.
A esto se suma que algunos republicanos del ala dura del partido en el Senado, como Ted Cruz y Lindsay Graham, han criticado el plan de Trump para llegar a un acuerdo con Irán y se preguntan para qué ha servido entonces la contienda.
«Si el resultado de todo esto es que ahora el régimen iraní, todavía dirigido por islamistas que corean ‘muerte a América’, reciba ahora miles de millones dólares, pueda enriquecer uranio y desarrolle armas nucleares, además de tener un control efectivo del estrecho de Ormuz, esa solución es un error desastroso», escribió Cruz durante el pasado fin de semana en su cuenta de X.
En el caso de Irán, desde el comienzo del conflicto, ha visto su cúpula de poder descabezada, con su líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei muerto por los ataques de EE.UU. e Israel durante el primer mes de ofensiva, aunque ha sido reemplazado por su hijo, Mojtaba Jamenei, y el régimen continúa funcionando.
Según el Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), durante la primera semana de la guerra, los ataques de misiles iraníes cayeron el 90 % debido a los bombardeos estadounidenses e israelíes. Irán ha perdido muchas de sus lanzaderas de misiles e instalaciones de producción de armamento.
La Fuerzas Armadas de EE.UU. afirman haber hundido el 90 % de la flota de la Armada israelí, mientras que Israel habría matado a 250 responsables iraníes, entre ellos miembros de la cúpula castrense y a Jamenei padre.
Los bombardeos de EE.UU. e Israel han tenido como blanco instalaciones nucleares e infraestructura petrolera del país islámico, como la de la isla de Jark, que es la principal terminal de crudo de Irán, al pasar por allí el 90 % de las exportaciones.
Para Israel, el coste de la guerra han sido 11.500 millones de dólares en gastos presupuestarios, según los cálculos iniciales de su Ministerio de Finanzas, publicados el pasado 12 de abril.
El ministerio avisó de que la campaña lanzada por Israel y EE.UU. contra Irán están suponiendo un alto desgaste económico, que va a suponer pérdidas en el PIB y un incremento del gasto presupuestario.
En paralelo, Israel ha vuelto a invadir el Líbano, donde ha golpeado una amplia gama de objetivos y ha causado la muerte de casi 3.200 personas desde el 2 de marzo, dicen los datos del Ministerio libanés de Sanidad.
Luego están las repercusiones para los aliados estadounidenses en la región, los países del Golfo, que se han visto golpeados por los ataques de Irán que han dejado decenas de fallecidos y han ocasionado daños materiales en instalaciones industriales y de energía.
Y están las consecuencias para todo el mundo por el cierre de Ormuz, que ha disparado los precios y la inflación. De acuerdo con un estudio del Kiel Institute for the World Economy, los países importadores de energía del sureste asiático, el África subsahariana y Oriente Medio afrontan pérdidas «desproporcionadas» por el bloqueo de Ormuz.
Entre las economías más industrializadas, Japón y Corea del Sur, son las más expuestas debido a su fuerte dependencia de las exportaciones de combustible procedentes del Golfo.


