Así se gestó el ataque contra Alí Jameneí en el corazón de Teherán: una pista de la CIA y presiones de Arabia Saudí

Así se gestaron los ataques de EE.UU. e Israel contra Irán
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sigue desde la Casa Blanca los ataques contra Irán Daniel Torok Daniel Torok/The White House via AP
Daniel Herrero   RTVE

El líder supremo de Irán, Alí Jamenei, figuraba desde hace años en la diana de Israel y en el último año se había convertido en un objetivo claro también para los Estados Unidos de Donald Trump, que confiaba en cobrarse una nueva pieza de caza mayor en el convulso tablero geopolítico de Oriente Próximo. Desde el sábado, el nombre de Jameneí está tachado de esta lista.

Trump ya había comenzado a agitar en enero el fantasma de un futuro cambio de régimen, al albor de unas protestas que dejaron decenas de miles de muertos en territorio iraní, pero no ha sido hasta el último día de febrero cuando, con la ayuda de Israel, ha dado el que espera que sea el empujón definitivo para forzar reformas en uno de los países del mundo menos abiertos a ellas.

Los ataques se iniciaron a las 9.45 (hora de Teherán) del sábado 28 de febrero, según el Departamento de Defensa estadounidense. La Operación Furia Épica estaba en marcha y ya desde el principio no parecía limitada a la cuestionada infraestructura nuclear iraní. Tanto Trump como su aliado Benjamin Netanyahu llevaban semanas agitando el fantasma de un futuro cambio de régimen y los bombardeos de sus respectivos países iban ahora dirigidos contra el corazón del poder iraní.

 

Imágenes de satélite evidencian la destrucción del complejo de Teherán donde Jameneí residía y, según los primeros indicios, ha terminado perdiendo la vida. La principal agencia de inteligencia de Estados Unidos, la CIA, identificó la ubicación exacta del líder supremo poco antes del inicio del ataque, según fuentes citadas por el diario estadounidense The New York Times.

De hecho, la información de la CIA habría sido clave a la hora de que la Administración Trump decidiese dónde y cuándo atacar, ya que en un principio las autoridades israelíes y estadounidenses habían planeado bombardear la capital iraní durante la noche. La orden final llegó tras una información que anticipaba que Jameneí se reuniría en la mañana del sábado con otros altos cargos del régimen.

Un asesinato en plenas negociaciones

Trump siempre se ha jactado de jugar a varias bandas, con una estrategia de palo y zanahoria que también ha aplicado en otros conflictos como el de Ucrania. En el caso de Irán, en el mismo día era capaz de apostar por ventanas diplomáticas como la que se había abierto en Ginebra con el proceso de negociaciones y de amenazar al régimen de los ayatolás con la destrucción total si no accedía a sus plegarias.

Israel, en cambio, nunca ha ocultado sus alegatos a favor de la mano dura, mientras que otros países de la región lanzaban mensajes de cautela y contención ante el temor al estallido de un conflicto de alcance regional. Arabia Saudí, que llegó a tantear una reconciliación con Israel antes del estallido del conflicto en la Franja de Gaza, pudo haber influido en esta última escalada al advertir a los estadounidenses de que Irán saldría reforzado y más peligroso si no atacaban inmediatamente.

 

Arabia Saudí e Irán simbolizan los principales polos de poder suní y chií, respectivamente, y han buscado dominar el tablero regional principalmente a través de grupos afines a los que han brindado apoyo político y económico. Un delicado equilibrio en el que Riad ha visto una grieta de la mano de Trump: según fuentes citadas por The Washington Post, el príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, ha abogado en varias conversaciones con el inquilino de la Casa Blanca por descabezar el régimen iraní.

Estas conversaciones se habrían sucedido durante el último mes, al mismo tiempo en que Bin Salman intentaba aplacar los temores de Irán asegurando a su presidente, Masoud Pezeshkian, que en ningún caso Arabia Saudí permitiría que su territorio o su espacio aéreo fuese utilizado por Estados Unidos para un hipotético bombardeo sobre territorio iraní. De hecho, parece que la postura saudí fue crucial en enero para disuadir a EE.UU. de acometer un ataque contra Irán al calor de las protestas ciudadanas, al considerar entonces que el golpe podría no ser definitivo para el régimen.

Ni es la primera vez ni será la última

Trump lanzó tras llegar a la Casa Blanca alegatos en favor de la paz, pero no ha dudado en utilizar el resorte militar cuando le ha convenido, bajo el argumento de la necesidad en favor de un bien mayor. En el caso de Irán, ya colaboró con varios ataques localizados en junio de 2025 en la denominada Guerra de los 12 Días, coordinada también con Israel y centrada entonces en objetivos de la industria nuclear.

La guerra de los 12 días de 2025, el antecedente del conflicto entre Israel e Irán

En las últimas semanas, el runrún de un nuevo ataque era ya evidente, tanto por las declaraciones del propio Trump como por los movimientos de equipos militares en toda la región, y pese al simbólico éxito de la muerte de Jameneí y otros altos mandos iraníes, el mandatario estadounidense ha dejado claro que no tiene previsto parar.

«Los bombardeos intensos y precisos seguirán de manera ininterrumpida durante toda la semana o todo el tiempo que sea necesario hasta lograr el objetivo de la paz en todo Oriente Próximo y en el mundo», proclamó Trump en el mismo mensaje en que anunciaba el sábado por la noche la muerte de Jameneí, «una de las personas más malvadas de la historia». Y horas después, insistía: si Irán cumple su amenaza de escalada, se encontrarán «con una fuerza que nunca antes se ha visto».