Así es el manto que luce hoy de estreno la Fuensanta para la Romería

Confeccionado en la fábrica Garín de Valencia, recupera la tradición de los siglos XVIII y XIX, cuando la Patrona vestía tejidos semejantes que habían caído en desuso

La Virgen de la Fuensanta, fotografiada ayer en la Catedral de Murcia.

La Virgen de la Fuensanta, fotografiada ayer en la Catedral de Murcia. / Israel Sánchez

Murcia despierta este 16 de septiembre con la mirada puesta en su Patrona. La Virgen de la Fuensanta, madre protectora y símbolo identitario de un pueblo, sale hoy de nuevo al encuentro de los murcianos vestida con un manto que no es solo una pieza de seda, sino un puente con la historia. Azul, bordado con hilo de plata y confeccionado en la fábrica Garín de Valencia, este nuevo manto recupera la tradición de los siglos XVIII y XIX, cuando la Patrona vestía tejidos semejantes que con el tiempo habían caído en desuso.

El historiador del arte Santiago Espada subraya la excepcionalidad de esta obra: el diseño sigue la técnica globo, poco conocida en España y prácticamente desaparecida. «Su recuperación es un acontecimiento insólito», señaló, recordando que, junto al manto recientemente restaurado de Nuestro Padre Jesús Nazareno, forman un conjunto único en el país.

La confección, realizada sobre tejido antiguo, ha requerido un proceso artesanal que ha devuelto protagonismo a la lentitud paciente de los telares manuales. Espada explicó que el trabajo fue «muy meticuloso», hasta el punto de que en una jornada completa de trabajo apenas podían completarse entre 30 y 40 centímetros de la parte inferior de la pieza. El resultado: un manto que combina fidelidad histórica con excelencia artística.

Casa Garín

La manufactura ha corrido a cargo de la casa Garín, referente en el arte sedero desde el siglo XIX. Sus telares Jacquard manuales, conservados sin mecanización, siguen produciendo tejidos con las mismas técnicas de hace más de doscientos años. Esta fábrica ha vestido a reyes, participado en exposiciones universales y restaurado palacios. Hoy su huella se entrelaza con la devoción murciana, prolongando una tradición que enlaza historia, fe y artesanía.

Una donación

La pieza que hoy deslumbra en la Romería ha sido posible gracias a la donación de la familia García de Andrés y Martínez. Luis Miguel García de Andrés, Caballero de la Virgen, inició este proyecto junto a su esposa hace casi un año. Ambos han querido que el manto no solo luzca en esta jornada festiva, sino que forme parte de las celebraciones del centenario de la coronación.

Este es el mano que luce hoy la Virgen con motivo de la Romería.

Este es el mano que luce hoy la Virgen con motivo de la Romería. / Israel Sánchez

Pectoral de la parra

El atuendo se completa con el conocido como «pectoral de la parra» y un broche regalado también por los donantes. «La exquisita confección del atuendo ofrece una estampa histórica, como es la recuperación de calzar al Divino Niño. Encajes traídos de anticuarios de Sevilla, los botones de plata del Rvdo. Ibáñez, el bastón de marfil, los lazos, la falda ahuecada con su enagua, la dulcísima mano de la Madre que sostiene el cetro, su cara, sus ojos… En definitiva, una estampa evocadora, que embelesa el corazón del pueblo murciano», tal y como explican los Caballeros de la Virgen de la Fuensanta.

Como si fuera la primera vez

La preparación de la Virgen ocupó la Catedral hasta altas horas de la madrugada. María Artiñano de la Cierva, camarera de la Patrona, relató cómo a la una de la mañana de ayer aún estaban ultimando los detalles. «Aunque llevo nueve años haciéndolo, es como si fuera la primera vez. Me sigo emocionando», confesó.

«Se podría decir que yo prácticamente nací en la Catedral. Es un sentimiento muy intenso el que tengo yo por la Virgen. Siempre con cierta preocupación por que todo salga bien, por que siempre esté guapa y a la gente le guste, pues hay mucha expectación», añadió Artiñano, subrayando la devoción transmitida de generación en generación en su familia, pues su bisabuela, su abuela y su madre fueron también camareras de la Virgen antes que ella.

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Para concluir, Artiñano hizo hincapié en la necesidad de que no se pierdan tradiciones tan bellas como esta, y para ello hay que transmitírselas a las nuevas generaciones.