ARCHENA/ Dómix Garrido Abenza homenajea en Badajoz a los 4.000 fusilados en la masacre de 1936

Con su performance de este viernes, ‘unaciudadROJA’, enmarcada en ‘#90añosderepresión’, el de Archena pretende «abrir un litigio simbólico contra el olvido»

El artista performativo Dómix Garrido, fotografíado el año pasado en el cementerio de Espinardo

El artista de Archena Dómix Garrido Abenza (1963) continúa con su serie de acciones enmarcadas bajo el título #90añosderepresión y, tras pasar por Murcia y Melilla, este viernes en Badajoz se propone «cerrar un ciclo y abrir un litigio simbólico contra el olvido», explica el artista performativo, que expone su cuerpo «en la calle y públicamente por imperativo ético, moral y político».

El año pasado evidenció el dolor colectivo en Murcia con «másdequinientos» un homenaje a las más de 500 personas fusiladas en la Cárcel Vieja, espacio convertido en Centro de Cultura Contemporánea. Como parte del festival Transformance, Garrido honró a las víctimas dando más de 500 vueltas, algunas de ellas en compañía de los asistentes, alrededor de uno de los patios de la Antigua Prisión Provincial de Murcia, una vuelta por cada fusilado.

El investigador escénico, docente y gestor cultural recorrió también «los mapas del trauma» en Melilla con una performance realizada el pasado 17 de julio, bajo el título ’17alas17′, «aludiendo a la consigna del general Mola para el inicio del golpe de estado» en 1936.

«De alguna manera se obliga al espectador a adoptar por un instante la fría lógica del teniente coronel Yagüe», asegura el creador

Su tercera acción comenzará este viernes a las 20.00 horas en el Palacio de Congresos (antigua plaza de toros) de Badajoz. Bajo el título ‘unaciudadROJA’ se recordarán a los miles de fusilados en los pueblos y la ciudad extremeña. «’unaciudadROJA’ no es una metáfora artística; es la transcripción literal de la mente del verdugo, el eco de una orden de exterminio que el cemento urbanístico contemporáneo pretende sepultar», apunta el creador.

El contexto del título de la obra, según comparte el archenero, remite a una entrevista realizada por John T. Whitaker, periodista del New York Herald Tribune, publicada años más tarde en la que «el teniente coronel Yagüe reconocía, en septiembre de 1936, abiertamente la matanza». El periodista lo relataba así: «Naturalmente que los hemos fusilado -me dijo-. ¿Qué se podía esperar? ¿Pensaban que me llevaría conmigo a cuatro mil rojos mientras mi columna avanzaba luchando contra reloj? ¿Debería dejarlos en libertad a mis espaldas, permiténdoles que hicieran nuevamente de Badajoz una ciudad roja?».

«El trienio devastador que concluyó en 1939 exige que mi cuerpo siga operando como un archivo vivo del trauma. Hasta 2029 continuaré transitando el dolor», comparte

«La silla metálica antropomórfica que llevo a Badajoz no es un objeto neutro. Arrastra en sus abolladuras, marcas y golpes, la memoria acústica del dolor colectivo ensayado en Murcia. Al trasladarla y anudarla al perímetro del Palacio de Congresos -antigua plaza de toros-, tejo un cordón umbilical que une la sangre de diferentes geografías bajo un mismo plan sistemático de exterminio», explica Garrido sobre una acción con memoria en la que pretende confrontar la mirada del perpetrador. «Al instalar un cristal rojo traslúcido frente a la acción, el ciudadano es invitado a asomarse y contemplar lo que sucede. De alguna manera se obliga al espectador a adoptar por un instante la fría lógica del teniente coronel Yagüe, desnudando la banalidad del mal para que la sociedad mida su propia capacidad de empatía ante el dolor ajeno. Así se convierte el espacio del crimen en un espacio de resistencia y reconocimiento absoluto de lo imperdonable», da pistas sobre su performance.

La silla antropomórfica metálica utilizada en la acción de Murcia que viajará a Badajoz.
La silla antropomórfica metálica utilizada en la acción de Murcia que viajará a Badajoz. (Raúl Ragel)

«Melilla fue la primera población donde se fusilaron a personas leales a la II República. Las tropas sanguinarias volaron desde el Norte de África a la península, arrasando a su paso cientos de pueblos en su camino hacia Madrid. En la provincia de Badajoz tuvieron su más encarnizada gloria; los fusilamientos masivos fueron la seña de identidad de los sublevados, purgando la región mediante el vacío demográfico», recuerda Garrido, a punto de dar por finalizada la primera andadura de su trilogía. No obstante, asegura que su investigación corporal no se detiene. «El trienio devastador que concluyó en 1939 exige que mi cuerpo siga operando como un archivo vivo del trauma. Hasta 2029 continuaré transitando el dolor, por responsabilidad política, en la carretera de Málaga, las cenizas de Guernica, las fosas en barrancos de Granada o Burgos y en tapias de cementerios de Zaragoza, Santander y Madrid entre otras… Porque mientras quede un solo cuerpo sin nombre bajo la tierra, la historia no habrá terminado de escribirse».

Un monumento invertido

Entre los principios fundamentales que sostienen su arte en acción, el artista que ha trabajado en Francia, Portugal, Marruecos, Italia, Grecia, Bélgica, Austria, Reino Unido, Islandia y Noruega, entre otros países, sostiene que «el cuerpo es un monumento invertido» ya que «frente al bronce o el acero estático de la escultura oficial, el cuerpo del performer transpira y habita el espacio de forma efímera. Mi presencia física no busca decorar ni invadir la calle; como registro vivo de la memoria, busca encarnar de manera radical la ausencia de los miles de asesinados que ya no pueden pisarla».

Y recuerda que «el paso del tiempo no desactiva el horror si no media la reparación. Mi acción es una interrupción violenta de la normalidad cotidiana: obligo al presente a rendir cuentas con el pasado. La sociedad tiene el deber ético y político de mantener vivo el recuerdo para evitar los mismos errores en el presente, pues noventa años después de la barbarie de 1936, las injusticias siguen siendo actuales».