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Un estudio halla que el artista representó con sorprendente precisión el cielo de verano de la Provenza
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Alrededor de la pintura se ha creado un largo y fecundo debate sobre cuánto hay en él de real y cuánto de imaginario
No solo es la obra más famosa de Vincent van Gogh, sino probablemente una de las más reproducidas, imitadas y copiadas de la historia del arte. La noche estrellada representa la visión del atormentado artista neerlandés desde su habitación en el sanatorio de Saint-Rémy-de-Provence, donde se internó voluntariamente en mayo de 1889 tras la crisis que le llevó a cortarse la oreja unos meses antes.
A pesar de haberse estudiado ampliamente, la obra sigue envuelta en un halo de misterio, ya que Van Gogh habló muy poco sobre ella en sus numerosas cartas. Los análisis elaborados hasta el momento sobre ‘La noche estrellada’ apuntan a que la pintó entre el 17 y el 19 de junio de 1889, antes de otra de sus crisis.
Sin embargo, el cielo que plasmó Van Gogh no se corresponde con el de esa fecha en Saint-Rémy: destaca especialmente la delgada luna en cuarto creciente pintada por el artista, ya que en el momento en el que supuestamente lo pintó había en el cielo una luna gibosa menguante -la que se da justo después de la luna llena, mucho más redonda que un cuarto creciente-.
Tauro, Venus y la Luna, tal y como se situaban esa noche
Algunos historiadores del arte que estudiaron la obra con una interpretación astronómica apuntaron a que la constelación de Aries aparecía en el cielo, mientras que otros negaban este extremo. Este callejón sin salida llevó a los expertos en Van Gogh a primar las interpretaciones religiosas y simbólicas de la obra, concluyendo que el artista había recurrido, en gran medida, a su imaginación.
Sin embargo, un estudio publicado este jueves en la revista Scientific Reports, asociada a Nature, halla que, en realidad, Van Gogh representó con sorprendente precisión el cielo nocturno del verano en la Provenza francesa. Simplemente, no la pintó en junio, sino en julio.
El cuadro representa con relativa exactitud la «V» que forman las cinco estrellas más visibles del cúmulo de Híades, la cabeza del toro en la constelación Tauro, y cómo se sitúan al este, junto a Venus. «Para un astrónomo observacional, el cúmulo de estrellas de La noche estrellada son las Híades, en la constelación de Tauro. Pero en cuanto leí los estudios anteriores que lo interpretaban como Aries, sentí que el cuadro me llamaba», ha explicado el primer autor del estudio, Elijah Jeong-hyun Kim, CEO de la compañía de ciencia espacial surcoreana SLLAB e investigador predoctoral de la Escuela de Investigación Espacial de la Universidad Kyung Hee.
Viajes a Francia para ponerse en la piel del pintor
Kim ha liderado el primer análisis astronómico en 40 años de la obra. Su equipo llevó a cabo dos viajes al sur de Francia en 2019 para ponerse en la piel de Van Gogh y mirar el mismo cielo que observó el genio neerlandés.
A partir de bocetos previos de Van Gogh, los autores reconstruyeron el estrecho campo de visión que pudo ver desde la habitación del sanatorio. Descubrieron que la luna creciente, Venus y el cúmulo estelar de las Híades, en la constelación de Tauro, habrían sido visibles justo antes del amanecer del 22 de julio de 1889, en una configuración que corresponde en líneas generales a la representada en el cuadro.
Además, los registros meteorológicos históricos sugieren que el cielo nocturno en torno a esa fecha habría estado lo suficientemente despejado como para observar esta disposición astronómica, y las frecuentes menciones a las cigarras en las cartas de Van Gogh apuntan a un periodo de calor, lo que concuerda mejor con las temperaturas registradas a finales de julio que en junio.
No era la primera vez que Van Gogh representaba fielmente el cosmos. En 1888, cuando llegó a Arlès, pintó Terraza de café por la noche, de nuevo una pintura nocturna en la que se veía el cielo veraniego del Mediterráneo. Los autores del estudio analizan también esta obra y en ella han encontrado un reflejo fidedigno del triángulo del verano, uno de los conjuntos astronómicos más reconocibles del cielo en el hemisferio norte.
«La esperanza está en las estrellas»
Que Van Gogh representara con relativa exactitud el cielo no significa que La noche estrellada no esté cargada de simbolismo. El artista tenía un empeño especial en pintar el cielo nocturno desde que llegó al sur de Francia. En una carta a su hermano Theo, tras haber pintado La noche estrellada sobre el Ródano‘ confesó una «tremenda necesidad de, diré la palabra, de religión, de modo que salgo por la noche a pintar las estrellas».
Escribió sobre la existencia de otra dimensión después de la muerte y la asoció con el cielo nocturno: «Sería tan simple y explicaría tanto las cosas terribles de la vida, que ahora nos asombran y nos hieren tanto, si la vida tuviera otro hemisferio, invisible, es cierto, pero donde uno llega cuando muere». Y también apuntó: «La esperanza está en las estrellas», aunque matizó que «La noche estrellada no «fue un regreso al romanticismo o a ideas religiosas».
Aun así, muchos críticos subrayaron la interpretación religiosa de la obra. El historiador del arte Lauren Soth habló de la luna creciente como una imagen de «consuelo», a lo que se suma la relación del ciprés que aparece en primer plano con la muerte.
Ahora, este estudio viene a aclarar que la luna creciente fue más bien una representación de la realidad, igual que Venus y el resto de astros reflejados en la pintura. Los autores puntualizan que las nuevas evidencias no establecen que Van Gogh pintara La noche estrellada en base a una sola noche. De igual modo, su imaginación tuvo un papel esencial: el pueblo que aparece al fondo del cuadro no se veía desde su ventana, y se asemeja más bien a una localidad neerlandesa, lo que puede asociarse a la infancia y juventud del artista.
Esta no es la última palabra sobre un cuadro que sigue fascinando con su magia. Tampoco es el fin del trabajo de este grupo de científicos. Tal y como ha anticipado Kim: «Nuestro diálogo con los otros cielos de Van Gogh sigue en marcha. Tenemos previsto contar esas historias una por una».