El Mediterráneo hierve: un «caldo» que «dopa» tormentas más destructivas

  • Las temperaturas marinas de récord dan más energía a vaguadas y danas, como ocurrió en la de Valencia en 2024

  • Para que ocurran tormentas severas tienen que darse otros factores, como inestabilidad atmosférica y calor en superficie

Un barco afectado por las tormentas y varado en la playa este viernes en Santa Ponça (Mallorca)
Un barco afectado por las tormentas y varado en la playa este viernes en Santa Ponça (Mallorca) EFE/CATI CLADERA
Álvaro Caballero  RTVE

Se terminó la parte «aburrida» del verano, al menos en términos meteorológicos. Las fuertes tormentas del jueves en Valencia y otros puntos del este, con vientos de hasta casi 150 km/hora, supusieron la «jornada del cambio», tal y como explica a RTVE Noticias el portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), José Luis Camacho.

Tras el fin de la canícula, el periodo central del estío marcado por el calor y la estabilidad atmosférica, entramos en una época propicia para las tormentas, con la entrada de borrascas y vaguadas, como ya estamos viendo este fin de semana. Pero este final del verano llega marcado por la particularidad de unas temperaturas marinas de récord en el Mediterráneo occidental y también en el Cantábrico, un ingrediente esencial para lluvias más intensas y torrenciales.

Las aguas del Mediterráneo han alcanzado valores inauditos como los 33,02 °C que registró la boya de Dragonera, en Baleares, el pasado 5 de agosto, la temperatura más alta registrada en cualquier punto de la costa española por la red de Puertos del Estado. Y no es solo el Mediterráneo: el Cantábrico ha superado por primera vez los 28 grados -en Gipuzkoa- y el Atlántico norte los 22 -en A Coruña-.

 

Las tormentas de verano en el este de la Península como las que se están registrando o se esperan estos días se explican por un conjunto de factores: «Tenemos una situación de inestabilidad en altura, calor muy intenso en superficie y vientos marítimos que arrancan desde un Mediterráneo que prácticamente es un caldo», explica el meteorólogo de Meteored Samuel Biener.

«Con todos estos ingredientes tenemos gasolina de primera para que las tormentas que se formen sean aún más virulentas y que tengan un mayor potencial destructivo», añade.

Temperatura de la superficie del mar diaria en los océanos mundiales, exceptuando los de los polos
Temperatura de la superficie del mar diaria en los océanos mundiales, exceptuando los de los polos C3S/ECMWF

La diferencia de temperatura en altura y en superficie, clave

La presencia de una vaguada trae aire frío en capas altas de la atmósfera. Este aire frío choca con valores en superficie muy altos, y esto es lo que genera que «las tormentas puedan crecer con muchísima fuerza, que tengan una verticalidad muy importante«, apunta el meteorólogo de TVE Marc Santandreu. Precisamente, el reventón húmedo que se dio el jueves en Valencia vino potenciado por temperaturas de hasta 44 grados en muchos municipios de la comunidad.

A esto se añade el «dopaje extra» de las altas temperaturas marinas, que «pueden dar mucha más humedad» a la tormenta, y esto genera que tengan «más consistencia y durabilidad a las tormentas». Las tormentas tienen un momento de inicio y otro de muerte, que se da en general cuando se acaba la energía de la que se alimentan. Por lo tanto, a más energía, tienen una vida más larga, señala Santandreu.

El jueves se dio la circunstancia de que los reventos húmedos estuvieron alimentados por vientos secos de poniente. Pero si el viento hubiera sido húmedo de levante, las tormentas habrían sido probablemente «muy severas», apunta.

El Mediterráneo, hasta 6 grados por encima de lo habitual

Las elevadas temperaturas de la superficie del mar de este año han sido notables «no solo por su intensidad, sino también por lo pronto que se alcanzaron», apuntaba un reciente estudio del consorcio científico internacional World Weather Attribution.

En agosto, las temperaturas del Mediterráneo frente a las costas del sur de Francia han estado 6 grados por encima de lo normal, y las del Atlántico frente a la Península Ibérica a 5 por encima de los valores habituales, según los datos del programa europeo Copernicus Marine Service para el 13 de agosto.

Ola de calor marina en Europa, con valores hasta 6 grados por encima de lo habitual, el 13 de agosto
Ola de calor marina en Europa, con valores hasta 6 grados por encima de lo habitual, el 13 de agosto COPERNICUS MARINE SERVICE

José Luis Camacho, de la Aemet, recuerda que es ahora a finales de agosto cuando las aguas superficiales alcanzan sus valores más altos. Esto se debe, por un lado, a que han estado calentándose por el sol durante todo el verano, y por otro, a que la estabilidad atmosférica ha provocado que no haya tormentas que mezclen estas aguas con las más profundas y frescas.

Esto es algo habitual, pero el cambio climático ha disparado estas temperaturas marinas a valores fuera de lo común. Según el análisis de la WWA, el Mediterráneo occidental (el que baña a España) se han calentado en 3,1 grados respecto a la media histórica, a una velocidad mayor que el calentamiento de la atmósfera (de 1,4 °C a actualmente). Por ello, estiman que las tórridas temperaturas alcanzadas en los días más cálidos de julio «hubieran sido virtualmente imposibles en un clima preeindustrial».

Las olas de calor marinas, como se conoce a este fenómeno, dan como resultado baños menos agradables, noches tórridas en la costa que hacen imposible el descanso, mortandad masiva de especies como los corales o algunas algas y el desplazamiento a zonas más frías de otras, pero uno de sus efectos más temidos es la relación con las lluvias torrenciales.

«Fenómenos antes inocuos ahora tienen un punto de mala uva»

Con el cambio climático «es más fácil llegar ahora que hace 20 o 30 años a precipitaciones que acumulen, por ejemplo, 15, 20 o 30 litros en una hora», señala Camacho. «Fenómenos que antes eran prácticamente inocuos ahora tienen un punto de mala uva», expone.

Varios estudios en los últimos años han demostrado el vínculo entre altas temperaturas del mar y tormentas destructivas, tal y como ha recopilado el meteorólogo e investigador en la Aemet Juan Jesús González Alemán. Ocurrió con el histórico temporal de viento de 2022, con el granizo gigante de ese mismo año, que dejó una víctima mortal, y con la dana de Valencia de 2024, que provocó más de 230 muertos y una destrucción sin precedentes en la historia reciente de nuestro país.

Este último análisis, del pasado febrero, mostró que la lluvia durante la dana se intensificó un 21% respecto a la que habría caído en un mundo sin cambio climático y el área afectada aumentó un 55%.

 

¿Podría darse otra dana como la de Valencia?

«Con el Mediterráneo en niveles de ola de calor marina severa y extrema, entramos en la temporada de mayor riesgo con el sistema ya cargado», advertía González Alemán en redes. Pero, ¿podría darse otra dana como la de Valencia?

Samuel Biener aclara que aquel desastre fue «un evento extraordinario que se repite cada muchos años», y ve difícil que este otoño pueda repetirse algo así en la misma zona geográfica. Aun así, advierte de que «no hace falta que caiga semejante diluvio para que se produzcan daños».

Influyen varios factores más allá de la temperatura del mar para que se puedan dar eventos tan extremos. Por ejemplo, que la lluvia caiga sobre una zona muy habitada, o la orografía, que puede provocar que «las tormentas se regeneren sobre la misma zona», como ocurrió en Valencia. Todo ello sin entrar en la parte humana y social de las riadas: avisos, construcciones en zonas inundables y demás.

Ahora mismo tenemos el «puzzle desarmado», según Santandreu. Las piezas -aire frío en capas altas, calor en superficie y mar cálido- no se han unido aún de manera correcta. Pero si lo hicieran, «podrían dar paso evidentemente a situaciones muy adversas». 

En todo caso, no tiene por qué ocurrir sí o sí. En otoños anteriores, aunque el Mediterráneo llegara con aguas muy cálidas, no se dieron las danas o vaguadas que hubieran provocado que descargara con fuerza la lluvia. «Tenemos ahí la mecha, pero falta algo que la encienda», ejemplifica Biener.

¿Es más destructiva una dana que una vaguada?

La palabra dana quedará ya para siempre asociada a las catastróficas inundaciones de Valencia, pero ¿son más destructivas que una vaguada? Las danas, conocidas como gota fría popularmente en el Levante, zona en la que son más habituales, están detrás de desastres como la Pantanà de Tous de 1982 o las lluvias de 1973 en el sureste. Pero no son de por sí más virulentas que las vaguadas. 

Estas se conocen así por su forma de valle en un mapa de isobaras: provocan bajas presiones e inestabilidad, pero no están cerradas como una dana, sino que tienen forma de «V». Las vaguadas también pueden provocar una gran adversidad, como una dana. Todo depende de «la posición y la dinámica» dentro de la propia tormenta, su estructura interna, según explica el portavoz de Aemet.