La asociación Hippocampus detecta un aumento de avistamientos, mientras la Comunidad impulsa el plan de recuperación de la nacra, una especie en peligro crítico de extinción

Un caballito, en el Mar Menor. / L. O.
La calma también deja huellas bajo el agua. En un momento en el que la superficie del Mar Menor recupera una apariencia de normalidad tras años marcados por las crisis ambientales, en el fondo de la laguna comienzan a apreciarse pequeños indicios de esperanza. Son señales discretas, todavía insuficientes para hablar de una recuperación consolidada, pero que alimentan, un año más, el optimismo de quienes llevan años observando su biodiversidad.
Ese prudente cambio de tendencia alcanza al caballito de mar de hocico largo (Hippocampus guttulatus), una de las especies más castigadas por los episodios de mortandad registrados en 2019 y 2021. Desde la asociación Hippocampus, dedicada a su estudio y conservación, reconocen que los primeros muestreos realizados este año no han permitido localizar ejemplares porque se efectuaron en zonas poco favorables o con una elevada presencia de anémonas, lo que dificulta su detección. Sin embargo, las noticias que llegan desde distintos puntos de la laguna invitan al optimismo.
José Antonio Oliver, coordinador de la asociación, explica que cada vez reciben más avisos de personas que afirman haber visto caballitos, incluidos ejemplares juveniles. «Con respecto al año pasado hay más avistamientos y más datos», señala. Aunque insiste en que todavía no existen datos científicos suficientes para cuantificar la población, considera que ese aumento de observaciones podría reflejar una mejora reproductiva. «Parece que hay una buena predicción de reproducción; a ver si continúa así», añade.
La cautela sigue siendo obligada. Después del desplome sufrido por la especie tras las crisis ecológicas de la laguna, los niveles poblacionales permanecen muy lejos de los registrados antes del deterioro ambiental. Oliver recuerda que la recuperación resulta casi una obligación biológica tras aquellos episodios que dejaron a la población al borde del colapso. «Solo le queda recuperarse, porque si no no tiene manera de sobrevivir», resume.
Cinco años sin nuevos desastres ambientales también han permitido que el ciclo natural de reproducción pueda desarrollarse con mayor estabilidad. Esa continuidad, unida a unas condiciones ambientales más favorables, favorece que las nuevas generaciones puedan incorporarse progresivamente a la población reproductora. Aun así, los expertos insisten en que cualquier episodio extremo podría alterar nuevamente ese frágil equilibrio.
Paralelamente, el proceso para incorporar el caballito de mar al Catálogo Español de Especies Amenazadas como especie vulnerable continúa avanzando, aunque sin novedades concretas sobre los plazos. El procedimiento administrativo sigue abierto y, según explica Olivar, existe la confianza de que finalmente obtenga esa catalogación. La declaración supondría reforzar su protección legal en todas las zonas donde habita y obligaría a desarrollar medidas específicas de conservación. El coordinador advierte de que, si las condiciones ambientales empeorasen en el futuro, la especie podría incluso pasar a la categoría de «en peligro de extinción».

El consejero Juan María Vázquez, junto al alcalde de San Javier, José Miguel Luengo, y otros integrantes de la redacción del Plan de Recuperación de la nacra. / CARM
A información pública el plan para proteger la nacra
La situación de otra especie emblemática del Mar Menor, la nacra común (Pinna nobilis), también concentra buena parte de los esfuerzos de conservación. La Comunidad Autónoma acaba de sacar a información pública su Plan de Recuperación, que contempla más de treinta actuaciones para garantizar la supervivencia de este molusco, del que el Mar Menor alberga una de las dos únicas poblaciones supervivientes de España tras la mortalidad masiva iniciada en 2016.
El documento prevé el seguimiento científico permanente de las poblaciones, programas de reproducción en cautividad, bancos genéticos, control del fondeo en zonas sensibles, restauración del hábitat y campañas de sensibilización ambiental. Además, fija áreas críticas de protección sobre más de 10.900 hectáreas y permitirá adoptar restricciones temporales cuando exista riesgo para la especie.
Desde Hippocampus colaboran de forma puntual en esa labor comunicando al Acuario de la Universidad de Murcia la localización de ejemplares detectados durante sus inmersiones para que los especialistas valoren las actuaciones necesarias. Al mismo tiempo, la asociación mantiene activos sus proyectos de seguimiento del caballito de mar, los itinerarios submarinos de divulgación y el proyecto Plumbum para retirar plomos de pesca del fondo marino.
La recuperación del Mar Menor sigue escribiéndose con pasos pequeños. Cada nuevo avistamiento de un caballito de mar y cada nacra localizada recuerdan que la biodiversidad aún conserva capacidad para abrirse camino, siempre que el ecosistema mantenga la estabilidad necesaria para hacerlo.