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Las encuestas prevén una segunda vuelta entre Keiko Fujimori y uno de los otros dos candidatos conservadores
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El voto rural, clave para los candidatos de una izquierda fragmentada y reducida
Este domingo tendrán lugar las elecciones generales más complejas de la historia reciente de Perú, en las que más de 27 millones de ciudadanos elegirán a su noveno presidente en la última década. Una inestabilidad política que ha cansado a la población, que esta vez tendrá que elegir entre 35 candidatos, algo nunca visto en la historia del país.
Dentro de esta larga lista de posibles mandatarios destaca como favorita la derechista Keiko Fujimori, hija y heredera política del expresidente Alberto Fujimori, que gobernó entre el año 1990 y el 2000. Sin embargo, el alto número de papeletas sitúa al país en un panorama de fragmentación política, donde las encuestas han variado bruscamente en las últimas semanas y donde los especialistas no se atreven a descartar nada.
En el caso de que ninguno de estos candidatos alcance el 50% de los votos, algo que parece prácticamente imposible, los peruanos serán llamados a las urnas de nuevo en una segunda vuelta prevista para el 7 de junio, que enfrentará a los dos candidatos más votados.
Inestabilidad política
La nación peruana elige al que será su noveno mandatario en un período de 10 años. Una década de inestabilidad política en la que cuatro expresidentes diferentes han ingresado en prisión: Alejandro Toledo, (2001-2006), que cumple condena por colusión y lavado de activos; Ollanta Humala (2011-2016), condenado por haber recibido aportaciones ilícitas de Hugo Chávez para financiar sus campañas electorales; Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018), en arresto domiciliario entre 2019 y 2022 por sus vínculos con la constructora brasileña Odebrecht; y Pedro Castillo (2021-2022), condenado a 11 años de prisión por intentar un golpe de Estado en 2022.
Un período gris para el pueblo de Perú que ha provocado una clara desafección por la clase política. Según Franco, 8 de cada 10 peruanos consideran que todos o la mayoría de los políticos son corruptos, según el Barómetro de las Américas. Un desapego por la política de un país donde, paradójicamente, es obligatorio votar. Los que no acuden a las urnas deben abonar una multa. Sin embargo, en un país con profundas desigualdades territoriales y de complejidad geográfica, muchas veces votar puede implicar un coste por el traslado mayor que la propia multa, dice la politóloga Franco. «Por ello, pese a su obligatoriedad, sigue habiendo un 20-30% de ausentismo».
Crecimiento económico
A pesar de esta volatilidad política, la situación económica del país es opuesta, con un sano crecimiento anual al 3% en los últimos dos años y una inflación del 2%, por debajo del techo marcado.
El economista Alejandro Indacochea considera que una de las claves de este crecimiento es que Perú es un «país privilegiado y singular» en el contexto mercantil, con una posición única como nexo entre Sudamérica y Asia. Prueba de ello es la creación del puerto de Chancay, a unos 75 kilómetros de Lima, el primer puerto inteligente y automatizado de la región, que busca la conectividad de Perú con el mercado chino. El país cuenta con 23 Tratados de Libre Comercio (TLC), con China y Estados Unidos entre otros: «Perú es probablemente la economía más aperturista del mundo a pesar de solo representar un 0,3% del comercio mundial».
La importación de cobre es otro factor que influye en la estabilidad económica del país, que es el tercer productor mundial. «Es un material necesario en la carrera de la Inteligencia Artificial, esencial para la infraestructura de centros de datos, redes sociales y robótica», señala Indacochea. Este mineral ha aportado 24.000 millones de dólares en 2025.
Esta estabilidad financiera es controlada por un Banco Central que se ha mantenido independiente de la clase política durante los años de inestabilidad. Su presidente, Julio Velarde, lleva 20 años en el cargo, y ha sobrevivido al paso de cada uno de los presidentes de la República. Sin embargo, la economía no es indemne al contexto político ya que, según Indacochea, sin las turbulencias en los sucesivos gobiernos, «el crecimiento de Perú habría alcanzado el 6% y habría eliminado casi por completo la pobreza».
Sin embargo, para la politóloga especializada en democracia Gabriela Vega Franco, empiezan a aparecer «señales de alerta» que podrían poner en peligro esta relación de independencia: «Instituciones clave como el Ministerio de Economía han estado cada vez más expuestas a presiones políticas que afectan reglas fiscales. El Tribunal Constitucional ha abierto la puerta a que el Congreso apruebe normas con impacto en el gasto público, algo que antes estaba restringido».
Las últimas encuestas: Fujimori, favorita
Una crisis política que espera cerrar capítulo con las elecciones de este domingo, que deben marcar un nuevo rumbo en el país. Carlos Meléndez, analista político e investigador del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa, considera que el alto número de candidatos, provoca que «estas elecciones estén marcadas por la indecisión», lo que ha derivado en una volatilidad en las encuestas de las últimas semanas. Una situación que, indica Franco, incrementa la complejidad del proceso electoral y eleva los costos de información para los votantes.
Ninguno de los candidatos ha alcanzado el 20% de los votos en los sondeos publicados. Para Meléndez, serán «las dos mayores minorías» las que pasarán a la segunda vuelta: «En Perú basta con tener un 10-15% de seguidores leales, porque la masa mayoritaria indiferente se mueve de acuerdo a cómo plantean la disputa política los que sí están organizados».
En Perú, las dos corrientes políticas con mayor influencia social son el «fujimorismo», en torno a la figura del expresidente Alberto Fujimori y caracterizado por conservadurismo social y neoliberalismo económico; y el «castillismo», surgido alrededor del expresidente Pedro Castillo y símbolo nacional del socialismo. Ambos movimientos, de un alcance similar (cada uno representa a un 15% de los votantes), con la diferencia de que el voto «castillista» se fragmenta en varios candidatos progresistas y el voto «fujimorista» se condensa en su heredera natural, su hija Keiko Fujimori.
Por ello, la ex primera dama del Perú parte como favorita en la última encuesta de Datum, donde se mantendría con un 14,5% de los votos. Meléndez ve a Fujimori y a su partido, Fuerza Popular, como única certeza en una previsible segunda vuelta del 7 de junio. Faltaría por saber quién la acompañará como segundo más votado, aunque todo parece indicar que este puesto se decidirá entre el presentador de televisión y cómico Carlos Álvarez, del partido País para Todos, con un 10,9% de apoyo; y el empresario y exalcalde de Lima Rafael López Aliaga, de la mano de Renovación Popular, con un 9,9% de los votos, ambos candidatos de corte conservador.
Los candidatos conservadores, en auge
Según el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), el porcentaje de peruanos que se ubican ideológicamente a la derecha ha aumentado de un 29% en 2021 a un 41% en 2026. Una derechización notoria de una sociedad con un índice alto de criminalidad y donde los partidos conservadores han puesto el foco en la inmigración: «Es mucho más fácil para el electorado ser de derechas en este contexto de crisis de seguridad pública», argumenta Meléndez.
Este voto conservador se repartirá mayoritariamente entre los tres candidatos que las encuestas mantienen como los favoritos. En el caso de Fujimori, Meléndez le concede ser la única que ha logrado generar un «sentimiento de identidad para sus seguidores». Para Indacochea, el fujimorismo mantiene una posición pro mercado de apertura y neoliberalismo que gusta al votante.
Hasta la última semana, el candidato que parecía pisarle los talones más de cerca a Fujimori era López Aliaga. Un político, según Meléndez, para «las clases altas», considerado el «Bolsonaro peruano» por su ideología «provida» y su oposición al aborto y al matrimonio igualitario. Sin embargo, la última encuesta de Datum habla de una leve caída del empresario, que sería adelantado por el ultraconservador Carlos Álvarez: «Álvarez es un outsider natural», explica Meléndez. «Es conocido por ser imitador de políticos en televisión, y atrae particularmente a un sector antipolítico desapegado del establishment». Su ideario político se basa en una crítica dura a la inmigración y al sistema democrático.
Dentro de este selecto grupo de candidatos que alcanzan el 5% de intención de voto aparece otro outsider, el empresario y presentador televisivo Ricardo Belmont, del Partido Cívico OBRAS, cuyo discurso centrista y pacifista le ha permitido una subida de última hora en los sondeos.
¿Fin del legado castillista?
Este aumento considerable del conservadurismo peruano contrasta con la caída de una izquierda muy afectada por el fracaso del gobierno de Pedro Castillo y su intento fallido de golpe de estado en 2022. Meléndez da muy pocas opciones a cualquiera de los candidatos progresistas para pasar a la segunda vuelta: «Roberto Sánchez, de Juntos por Perú, todavía tiene una posibilidad. Se presenta a sí mismo como el heredero del «castillismo», confiando en el voto rural del sur, tradicionalmente progresista.
Otra alternativa progresista que aparece como la séptima favorita para los peruanos sería la del exdirector del Banco Central, el académico y economista Alfonso López Chau, del partido Ahora Nación. Un candidato más cercano a la «izquierda del siglo XX», describe Meléndez, con un enfoque más nacionalista y tradicionalista.
El voto rural vs Lima, un contraste claro
Una de las claves que decantarán estas elecciones es la diferencia entre el voto de la capital Lima y el sur andino, la zona rural del país. Para Meléndez, el elector limeño es un ciudadano «pro políticas de mercado, preocupado por la seguridad pública, más integrado en la economía internacional y más anclado históricamente a la derecha».
Sin embargo, en los departamentos andinos del sur del país se sitúan las zonas más pobres, donde la sociedad se organiza en comunidades campesinas e indígenas. Un territorio tradicionalmente progresista. Sin embargo, Meléndez advierte que las nuevas generaciones del sur andino comienzan a mostrarse «menos colectivistas y más individualistas».
Según la última encuesta de intención de voto de Datum, el socialista Roberto Sánchez y Keiko Fujimori son los candidatos favoritos también en las zonas rurales, obteniendo cada uno un 15% de intención de voto en este territorio. Una previsión que demostraría cómo la izquierda en Perú ha perdido también el apoyo de las clases bajas que históricamente había aglutinado.
Vuelta al sistema bicameral
Otra particularidad de estas elecciones es que el Congreso peruano pasará a estar compuesto por 60 senadores y 130 diputados. Esto supone la vuelta de la bicameralidad a un país que vio en 1993 cómo el gobierno de Alberto Fujimori creaba una nueva Constitución que eliminaba el Senado e instauraba un Congreso unicameral que únicamente contaba con 130 diputados.
Entre las funciones que realizarán los senadores, destacan la aprobación de los proyectos de ley enviados por la Cámara de Diputados y la elección de altas autoridades y funcionarios, como el Defensor del Pueblo, el contralor general de la República o los magistrados del Tribunal Constitucional, entre otros.
Además de sus representantes en el Congreso, los votantes elegirán cinco puestos en el Parlamento Andino para el período de 2026-2031, el órgano de supranacionalidad de la comunidad andina, con 25 representantes de los estados de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Chile. La asamblea se reúne dos veces al año y tiene como principales objetivos el impulso de la integración regional y el control político, aunque carece de potestad para legislar en los países miembros.
Según Carlos Meléndez, este nuevo sistema destaca por su «asimetría», en el que el Senado tiene «muchas más prerrogativas que la Cámara de Diputados y la última palabra para legislar». Un diseño que fortalece aún más el poder legislativo frente al ejecutivo y que permite que perdure la separación de poderes en un país que busca calmar las aguas turbulentas de su política nacional.

