-
Tras su derrota en el referéndum, los partidos de centroizquierda se reposicionan para las elecciones de 2027
-
Meloni trata de recomponerse del golpe mediante las dimisiones de cargos políticos polémicos
Hasta ahora, Georgia Meloni había cumplido más de tres años de mandato próspero y con la sensación de respaldo mayoritario del pueblo italiano. Sin embargo, los acontecimientos de los últimos días han tambaleado los cimientos de su gobierno. El pasado lunes, la presidenta perdió el referéndum que suponía la implantación de su polémica reforma judicial. El ‘no’ a la reforma venció por un 53% del apoyo, y la política romana presenció cómo los ciudadanos le daban la espalda.
Ahora, el gobierno está marcado de incógnitas, y mientras Meloni suelta lastre deshaciéndose de los políticos que representaban al ala más combativa contra los jueces, los italianos se preguntan hasta qué punto marcará el rumbo de la legislatura esta derrota. Una legislatura que finaliza en 2027, y que hasta ahora parecía un camino despejado para los ultraderechistas de Hermanos de Italia, pero el resultado de las urnas ha llevado a la oposición a una alegría inesperada.
Para Steven Forti, analista político y profesor de Historia en la Universidad Autónoma de Barcelona, Meloni sale «muy debilitada» con la derrota del «sí» que ella impulsaba, y este inesperado contratiempo tiene una lectura doble: «A nivel interno, se ha creado un debate sobre la estrategia a seguir de cara al final de la legislatura, que acaba en septiembre de 2027, y sobre la posibilidad de adelantarlas o no para pillar a contrapié a la oposición».
Asimismo, a nivel internacional, esta derrota modifica la imagen de la primera ministra a nivel europeo: «En el último año, se presentaba como casi la única jefa de gobierno en la Unión Europea con una mayoría sólida y con el apoyo de su pueblo. Esta visión ya no se mantiene».
La oposición, frente a un halo de esperanza
La oposición italiana, encabezada por el grupo de centroizquierda Partido Democrático (PD), ha entrado en “modo campaña” y se muestra optimista tras el batacazo electoral de Meloni. Elly Schlein, secretaria general del PD, ha señalado que “ahora corresponde a los progresistas trabajar para convertir la mayoría alternativa a la derecha en una mayoría política”. Para ella, la inesperada victoria del “no” ha debilitado a Meloni, que maneja un gobierno en “profunda crisis”.
Ahora, los grupos de centroizquierda que conforman la oposición (PD y Alianza Verdes e Izquierda) deben considerar la fórmula que emplearán para hacer frente a Meloni en las elecciones generales que se prevén para 2027. En los anteriores comicios, estas alternativas políticas se presentaron en coalición, obteniendo un total de 83 diputados, frente a los 241 de Meloni y sus socios de gobierno. Schlein es optimista y ve posible que se conforme una nueva unión: “Nos pondremos de acuerdo, hay más cosas que nos unen que las que nos dividen”.
Dentro de la ecuación de apoyo entre las izquierdas puede haber cabida también para el partido Movimiento 5 Estrellas, de Giuseppe Conte, que actualmente ha abandonado la deriva antisistema del partido en sus primeros años, y parece dispuesto a concurrir a unas primarias de “campo largo” contra una Meloni a la que, como ha manifestado en sus redes sociales, “se le ha acabado el tiempo”.
Asimismo, Forti considera que este nuevo escenario supone una bocanada de aire fresco para los partidos en la oposición, que hasta ahora habían mantenido sus rencillas internas: «Tienen muchas diferencias, sobre todo en la política exterior o por ejemplo con las ayudas a Ucrania, con el PD a favor y el Movimiento 5 Estrellas en contra. Sin embargo, son conscientes de que hay un reclamo en el electorado progresista para que trabajen de forma colectiva en un candidato único».
Acto de defensa del gobierno
La votación del referéndum, que estuvo marcada por una sorprendentemente alta participación que rozó el 59%, pretendía aprobar una reforma judicial cuya medida estrella, entre otras, consistía en el establecimiento de un sorteo como método de elección de los miembros del Consejo Superior de la Magistratura. Un proyecto que, para muchos magistrados y partidos de la oposición, pretendía debilitar la autonomía de los jueces.
«Meloni pretendía asimilar el modelo que se ha establecido en países como Hungría, fortaleciendo el poder ejecutivo», explica Forti. Un primer paso para, según el analista, promover otros proyectos futuros como el Premierato, una transformación del sistema parlamentario italiano, acercándolo al presidencialismo, con el propósito de «aumentar el poder del consejo de ministros y debilitar el papel del presidente de la República».
Y así lo ha analizado también gran parte de la población italiana, lo que explica el claro rechazo a esta reforma. Para explicar el fracaso del «sí» incluso en regiones sureñas donde la derecha parecía tener el voto asegurado, Forti matiza que según las encuestas a pie de urna, el 60% de los votantes ejercieron el derecho al voto «para defender la Constitución».
En tan solo tres regiones (Lombardía, Véneto y Friuli-Venezia Giulia, todas al norte y gobernadas por la derecha desde hace años) de las 20 que componen el mapa político italiano ha ganado el «sí». Forti también recalca como factor la campaña electoral tan polarizada en favor del «sí», con «declaraciones burdas y una estrategia muy agresiva hacia el sistema judicia»l.
Por ello, los primeros movimientos defensivos de la líder de Hermanos de Italia han sido las destituciones de los cargos que han salido más señalados de este intento de reforma. El primero fue el subsecretario de Justicia, Andrea Delmastro, condenado por revelar secretos sobre un preso anarquista. Además, Delmastro ha visto cuestionarse su imagen en Italia cuando se ha hecho público que compartía una empresa con la hija de un conocido mafioso.
La segunda víctima de esta «purga» ha sido Giusi Bartolozzi, jefa de gabinete del Ministerio de Justicia, integrante del partido ultraderechista berlusconiano Forza Italia. En septiembre de 2025, Bartolozzi fue investigada por la fiscalía de Roma por la liberación del criminal libio Usāma al-Maṣrī Nağīm en un avión del Estado italiano.
Por último, Meloni sorprendió esta semana pidiendo públicamente la dimisión de la ministra de Turismo, Daniela Santanchè, marcada por diversos problemas judiciales, relacionados con la supuesta falsificación de balances en su antigua editorial, Visibilia, y fraude de beneficios durante la pandemia. La ministra ha tratado de oponer resistencia, llegando a presentarse el pasado miércoles en el ministerio, pero finalmente la presión de su propio partido y de la oposición han provocado que acepte su dimisión a través de una carta abierta en la que defendía un historial penal “impoluto”.
El presidente de la República, Sergio Mattarella, ha firmado en la tarde del viernes el decreto de cese de Santanchè como ministra de Turismo y ha asignado esta cartera temporalmente a la propia Meloni.
El papel de Forza Italia
El terremoto político también ha afectado a los socios de la coalición de gobierno de Meloni, Forza Italia, que ha relevado al que hasta ahora era jefe de grupo en el Senado, Maurizio Gasparri. Una dimisión que fue solicitada por 14 de los 20 senadores de FI, a través de una carta al secretario del partido Antonio Tajani, vicepresidente del gobierno y ministro de Exteriores.
Medios italianos como el Corriere della Sera consideran el resultado del referéndum como «decepcionante para Forza Italia» debido a que el «no» ha vencido en regiones gobernadas por este partido de ultraderecha, lo que ha provocado que la familia Berlusconi pida «análisis y cambios inmediatos».
Unos cambios que permiten a Meloni achicar agua, tras su primera derrota en más de tres años de mandato.
