La transición política que EE.UU. busca imponer en Cuba: ¿negociar con los Castro la cabeza de Díaz-Canel?

  • Dentro del régimen cubano despunta la figura de Óscar Pérez-Oliva, viceprimer ministro desde octubre

  • Es sobrino-nieto de Fidel y Raúl Castro y algunos analistas lo ven como el ‘Delcy Rodríguez’ de Cuba

Díaz-Canel y Raúl Castro en un acto oficial: EE.UU. busca imponer una transición negociada con la familia Castro en Cuba
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, con Raúl Castro, en el desfile del Primero de Mayo en 2019. Getty
Sara Gómez Armas  rtve

Después de un par de meses de especulaciones, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, se vio obligado la semana pasada a reconocer públicamente que su gobierno mantiene conversaciones con Estados Unidos, algo que Donald Trump ya había confesado en numerosas ocasiones, junto con su vaticinio de que el régimen revolucionario cubano, impulsado por los Castro en 1959, tenía las horas contadas.

«Están hablando con nosotros. Es una nación fallida. No tienen dinero, no tienen petróleo, no tienen nada«, repitió Trump esta misma semana, cuando aseveró que «tendrá el honor de tomar Cuba», en referencia a su intención de forzar un acuerdo con las autoridades de La Habana o, de lo contrario, impulsar una intervención más directa, como en Venezuela o Irán.

 

La presión sobre Díaz-Canel, elegido a dedo por Raúl Castro para ser su sucesor en la isla —en 2018 asumió la presidencia y el 2021 la dirección del Partido Comunista de Cuba (PCC)—, no cesa. Poco después de las contundentes palabras de Trump sobre la «toma de Cuba», el diario The New York Times publicaba que la administración estadounidense habría exigido la renuncia de Díaz-Canel para avanzar en las conversaciones, que se estarían llevando a cabo directamente con emisarios de la familia Castro, según cuatro fuentes familiarizadas con el asunto.

El secretario de Estado, Marco Rubio, se apresuró a desmentir esa posibilidad y subrayó que EE.UU. persigue un verdadero cambio de régimen, no solo un cambio de caras: «Quienes están al mando no saben cómo solucionar el problema, es necesario que asuman el liderazgo personas nuevas». Sin embargo, el prestigioso medio ha insistido en que el Departamento de Estado no les ha denunciado por esa información, dando por buena su versión, más allá de la retórica de Rubio.

 

«Acabar con Díaz-Canel forma parte de la idea de borrón y cuenta nueva, de iniciar un nuevo proceso. Sería algo muy simbólico, forzar la renuncia del presidente«, apunta a RTVE Noticias el experto en relaciones Cuba-EE.UU. Arturo López Levy, quien ve detrás de esa idea la mente de Rubio, de ascendencia cubana y verdadero artífice de la política estadounidense en Latinoamérica. También permitiría a la familia Castro, que además ostenta el poder económico en la isla, mantener su estatus a cambio de una cabeza de turco. La renuncia de otros dirigentes históricos de la Revolución, cercanos al fallecido Fidel Castro e identificados con la línea dura; más apertura económica y la liberación de más presos políticos —Cuba ha anunciado la excarcelación de medio centenar— son otras de las exigencias de Estados Unidos.

Díaz-Canel, ¿el chivo expiatorio de la transición?

Para el profesor especializado en Latinoamérica de la Universidad de Dallas Orlando J. Pérez, Díaz-Canel va a ser el «chivo expiatorio» de los Castro en este nuevo proceso de diálogo con EE.UU. La grave crisis económica que atraviesa la isla, endurecida por el asedio petrolero impuesto por Trump el pasado enero, ha elevado a máximos tanto el descontento social como el desgaste político de Díaz-Canel, un líder poco carismático con un pobre respaldo social. «Los Castro siempre han sido muy hábiles en dirigir a otros el foco de descontento. En este caso, creo que lo están haciendo deliberadamente hacia Díaz-Canel. Él está tratando de salvarse, pero yo creo que la familia Castro va a ganar», argumenta.

 

En la misma línea opina Miguel Cossio, periodista-analista cubanoamericano y director del Museo de la Diáspora de Miami. «Díaz-Canel no manda en Cuba. Su poder es limitado, es más bien un administrador. Fue puesto a dedo por Raúl Castro; no fue elegido por el pueblo. Así que es un fusible, reemplazable. Está condenado. Su salida es un paso, pero no implicaría el gran cambio en Cuba per se», destaca.

Ante el hermetismo que siempre ha regido en la toma de decisiones dentro del régimen cubano, la semana pasada se lanzó un mensaje claro. Tanto en la comparecencia de Díaz-Canel, en la que confirmó las «fases iniciales» de las conversaciones con EE.UU. para «resolver las diferencias bilaterales», como en su reunión previa con dirigentes del país para abordar el asunto; sentado en segunda fila aparecía Raúl Guillermo Rodríguez Castro, apodado como ‘El Cangrejo’: el nieto favorito de Raúl Castro y quien fue su escolta personal en sus años de presidente. Es así como se confirmó de forma tácita que es él quien —junto con la viceministra de Exteriores, Josefina Vidal, según trascendió luego— está manteniendo los contactos con EE.UU. El pasado febrero se habría reunido directamente con el equipo de Rubio en los márgenes de una cumbre de Caricom en San Vicente y Nieves.

Cuba confirma conversaciones con EEUU
El nieto de Raúl Castro, conocido como ‘El Cangrejo’, en el extremo izquierda, en segunda fila, en la rueda de prensa de Díaz-Canel. AFP

Díaz-Canel insistió en que la decisión de iniciar un diálogo con EE.UU. la tomó él, como presidente y primer secretario del PCC; con el respaldo «del general de Ejército Raúl Castro», aunque tanto analistas políticos como los propios cubanos, dentro y fuera de la isla, ponen en duda ese papel prominente de Díaz-Canel en el proceso. «Nada fue coincidencia, la presencia del nieto de Raúl Castro en la sala —quien no tiene ningún cargo político— tenía una doble lógica: por un lado, arropar al presidente, pero también constatar el papel de Raúl Castro, que es todavía, a sus 94 años, quien da legitimidad al sistema», explica Pérez.

«Pero Díaz-Canel sabe que tiene las horas contadas«, insiste. «No es popular ni querido, no es carismático, ni tiene el pedigrí revolucionario de Fidel o Raúl. Solo es un tecnócrata que escaló en las filas del partido. No creo que sufra una defenestración humillante, pero lo apartarán poco a poco», vaticina. Esta es la peor crisis económica que ha vivido la isla ha sido bajo su mandato, una mezcla de mala gestión interna y de endurecimiento del embargo de Estados Unidos, que ha arrastrado a Cuba un colapso sin precedentes, agravado con el asedio petrolero de Trump. Esta misma semana, el país sufrió otro apagón nacional, el sexto en año y medio.

Sexto apagón en Cuba en año y medio
Sexto apagón en Cuba en año y medio AP/Ramón Espinosa

«No estoy tan seguro de la implicación directa de Díaz-Canel en las conversaciones con EE.UU, a pesar de que así lo haya dicho. La conversación la llevan otros: la familia de Raúl Castro y su entourage»matiza Cossio, quien subraya que, incluso ocho años después de haber dejado la presidencia y cinco desde que abandonó la dirigencia del partido, Raúl Castro sigue siendo el poder en Cuba. «Aún con 94 años, enfermo y sordo, sigue portando el cetro. Las decisiones no se toman sin su conocimiento o aprobación. Este es uno de los problemas para acelerar el cambio por la vía institucional. Cuba es un Estado mafioso y policial controlado desde hace 67 años por el apellido Castro», abunda.

Para Arturo López-Levy, el rol de Raúl Castro es más simbólico que real. «Creo que es muy relevante cuando interviene, algo así como un poder de veto, pero en lo fundamental ya no conduce el día a día del Gobierno cubano», indica. Este experto considera que el poder del histórico dirigente de la Revolución cubana es «como un cuño»: «Cuando aparece, él respalda o acuña una decisión política, lo que también implica que, con su poder de veto, puede dilatar medidas».

Pero ¿está la familia Castro posicionando a ‘El Cangrejo’, nieto favorito de Raúl para liderar el país? «Yo creo que su papel es instrumental; es el mensajero de las decisiones en relación con EE.UU., pero no quien las toma. Es un interlocutor con acceso directo al poder», explica López-Levy. «No tendrá ningún papel en la transición ni es el negociador. Es un simple enviado, un ‘correo’ por la confianza familiar, porque el poder en Cuba se concentra en la familia Castro y en la élite que controla el aparato económico-militar y los cuerpos de seguridad», coincide Cossio.

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y el nieto de Raúl Castro, conocido como ‘El Cangrejo’ detrás en un acto. EFE

Este aparato económico-militar ejerce su poder fundamentalmente a través del conglomerado Gaesa, el gran holding empresarial estatal de Cuba, controlado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias, históricamente regidas por Raúl Castro. Maneja sectores estratégicos como turismo, remesas, comercio y logística; controla los puertos y aduanas; y representa una gran parte de las exportaciones y divisas del país, bajo total opacidad institucional. Al frente de este gigante empresarial estaba el general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, padre de ‘El Cangrejo’ y yerno de Raúl Castro, hasta que murió de un infarto en 2022. En las calles de Cuba se hablaba de él como el verdadero poder fáctico en Cuba, que contaba con la total confianza de Raúl Castro —a pesar de llevar años divorciado de su hija Deborah Castro—, y capaz incluso de mandar callar a Díaz-Canel en reuniones. Su hijo, de 41 años, sí podría capitalizar esa esfera de influencia económica.

Pérez-Oliva, el nuevo ‘delfín’

Aunque el nieto predilecto de Raúl parece descartado en el futuro político de la isla, hay otro miembro de la familia Castro que despunta: Óscar Pérez-Oliva Fraga, de 54 años. No desciende directamente del linaje de Fidel ni de Raúl; lleva el Castro de cuarto apellido. Es nieto de Angélica Castro, hermana mayor de ambos dirigentes revolucionarios y, por tanto, sobrino-nieto de estos. Desde 2024 dirige el influyente Ministerio de Comercio Exterior e Inversión Extranjera (Mincex); y en apenas dos años ha escalado también al tercer puesto del escalafón del poder orgánico, como viceprimer ministro del país, a tan solo dos peldaños de Díaz-Canel.

Ingeniero electrónico de formación, tiene una amplia experiencia en gestión empresarial, primero en BioCubaFarma, la empresa farmacéutica cubana, y luego en el gigante GAESA, bajo la tutela de López-Calleja, como director de negocios en la Zona Especial de Desarrollo Mariel, un puerto franco que estaba llamado a ser el foco para la inversión extranjera en Cuba, que finalmente hizo aguas. Ahora, en el centro del poder político, es visto como un tecnócrata reformista, pero conoce de primera mano el entramado del poder económico-militar.

El viceprimer ministro de Cuba, Óscar Pérez-Oliva
El viceprimer ministro de Cuba, Óscar Pérez-Oliva AFP

«Desde el Mincex, ha abogado por reformas y apertura hacia una economía de mercado. Tiene experiencia; se ha labrado una carrera por méritos propios, aunque pertenezca a la periferia de la familia Castro. No viene del círculo más cerrado», señala López-Levy sobre Pérez-Oliva, a quien algunos apuntan como el ‘Delcy Rodríguez’ para la transición cubana. «No sé si será el rostro de la transición, pero sí puede ser el rostro de una transformación económica porque maneja el ministerio que puede ser la llave para esos cambios», matiza.

El analista Orlando Pérez sí lo ve como la cara del cambio, quien pueda llevar la batuta de una transición política. «Cumple todos los requisitos: primero, es aceptable para los Castro porque es familia, aunque sea lejana, y cuenta, por ende, con el aval del aparato de seguridad; segundo, es presentable para Washington como un interlocutor creíble, con experiencia como gestor, partidario de una apertura económica; y tercero, es elegible constitucionalmente, porque ya está dentro del organigrama del Gobierno y del partido», esgrime. Fue el año pasado cuando, estratégicamente, entró como diputado en la Asamblea del Poder Popular, lo que le habilita formalmente para poder ser elegido presidente.

No obstante, reconoce que la transición teledirigida por EE.UU. en Venezuela no es exportable a Cuba. «Pérez-Oliva no va a actuar como Delcy. El engranaje político en Cuba es diferente al de Venezuela. En Cuba no es tan fácil encontrar un perfil como los hermanos Rodríguez, dispuestos a transar, a cumplir con los designios de Trump. Cuba es un régimen que lleva 67 años arraigado en términos institucionales, con el clan de los Castro incrustado en el poder. No es tan fácil zafarse de ellos, como hicieron con Maduro, y a la vez, satisfacer las ansias de cambio de la diáspora», argumenta. Y a diferencia de Venezuela, el sistema cubano no ha cedido ni un espacio a una oposición política real, semejante a la que aglutina María Corina Machado.

 

Con la entrada en escena tanto de Rodríguez Castro, el ‘nietísimo’, como de Pérez-Oliva, los Castro «están moviendo ficha» para cuando llegue el momento de deshacerse de Díaz-Canel. «No quieren que esos cambios se vean como una imposición o como respuesta a la presión de EE.UU. Ese es el cálculo que están haciendo desde hace tiempo. Para el régimen, es importante que los cambios parezcan orgánicos desde dentro del sistema. Como dijo Fidel, todo dentro de la revolución, nada fuera de la revolución», indica Pérez.

Aunque en el sur de Florida, bastión político del exilio cubano anticastrista —y base de apoyo político a Marco Rubio—, la opción de Pérez-Oliva es vista por muchos como otra forma de continuismo y de supervivencia del régimen de los Castro. «No hay transición posible con ninguno de ellos», subraya Cossio.

«Para el exilio cubano, el modelo de partido único o que los Castro sigan controlando el poder, no es transición. Eso sería una prolongación del modelo totalitario, con China y Vietnam como ejemplos. Sería una sucesión inaceptable para el exilio cubano y estoy seguro que también para Marco Rubio y Donald Trump», valora.