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Tras la muerte de Jameneí se abren todas las incógnitas sobre la reacción de la rama más leal y disciplinada del régimen
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Los guardianes de la Revolución controlan también amplios sectores de la política, el ejército y la economía
- DIRECTO: sigue la última hora de los ataques de EE.UU. e Israel a Irán
Tras la huida del Sha, el 16 de enero de 1979, la inestabilidad en Irán reinaba en todas las esferas del país. Después de días de vacío de poder, el regreso de Ruhollah Jomeini provocó la creación de un nuevo estado teocrático: la República Islámica de Irán. Pero Jomeini no confiaba en los remanentes del ejército que quedaban ni en los resquicios del antiguo régimen que aún estaban en las instituciones. Para proteger al nuevo sistema, el Gran Ayatolá mandó crear una nueva fuerza militar: La Guardia Revolucionaria, conocidos como los Pasdarán. Su objetivo era uno y claro: proteger el sistema político y ayudar a los clérigos a aplicar la moral y los códigos del sistema islámico. Ahora, casi cincuenta años después de su nacimiento, tras la muerte de su líder supremo, Ali Jameneí, prometen venganza con un castigo “duro y decisivo” y la mayor operación militar en la historia del país contra Israel y objetivos de Estados Unidos.
Su experiencia bélica lleva décadas fraguándose. La guerra de Irán contra Irak, iniciada en 1980, un año después de su creación, transformó y convirtió a esa Guardia Revolucionaria de una milicia ideológica inicial a la poderosa fuerza que ha sido hasta ahora. Y desde entonces, no se entiende —ni se sostiene— el sistema sin los Pasdarán. Son, en realidad, un ejército paralelo, mucho mejor armado, más sofisticado y entrenado y, sobre todo, leal: no rinde cuentas al Gobierno, solo lo hace ante la figura del Líder Supremo: primero fue Jomeini, ahora lo es Jamenei, y si hubiera otro, sería leal a él.
Un ejército paralelo
Hoy en día es una de las fuerzas militares más sofisticadas y eficaces de Oriente Medio, probablemente solo superada por las israelíes. Los analistas estiman que, entre todos, la Guardia Revolucionaria cuenta con unos 190.000 efectivos. Su estructura duplica muchas de las ramas y cuerpos del ejército regular iraní y funcionan de manera independiente de él. Cuenta con cinco ramas, sus propios servicios secretos y sus propios canales de financiación.
Tiene un cuerpo terrestre, otro naval y otro armado. Ellos son los que controlan y gestionan el programa de drones y misiles y cuentan con unos 125.000 efectivos. Sus servicios de inteligencia son más precisos y mejor adiestrados que la inteligencia civil. Y luego está su unidad de élite, la joya de la corona: la Fuerza Quds.
Esta unidad es la encargada de la otra gran misión de los Pasdarán: exportar la revolución y construir alianzas militares regionales, ahora debilitadas. La Fuerza Quds ha creado, entrenado y financiado a milicias aliadas en lugares estratégicos y ha intervenido en casi todos los conflictos de la región desde que se fundó: fue el principal aliado de Hezbolá durante la guerra civil libanesa de 1982 y le ayudó a convertirse en seria resistencia ante Israel; fue aliado clave del régimen de Al Asad durante la Guerra Civil siria y en la lucha contra el grupo terrorista Estado Islámico; ha sido un apoyo imprescindible para los hutíes en la guerra de Yemen y de las milicias chiíes en los conflictos internos de Irak.
Durante el mandato de Qassem Soleimaní, su general más apreciado, la Fuerza Quds logró crear una estrecha red militar aliada, el llamado Eje de la Resistencia, que incluía a Irán, Siria, Hezbolá, Hamás, Yihad Islámica y las milicias hutíes. Todos ellos han sido actores del conflicto iniciado tras el ataque de Hamás a Israel el 7 de octubre de 2023. Un ejemplo claro del poder e influencia exterior que los Pasdarán habían logrado crear.
Los basiyíes, actores de la represión interna
Pero la Guardia Revolucionaria también tiene otra función: proteger al sistema islámico en el interior del país, y para ello cuenta con otra temida división: Los basij o Basiyíes, organizaciones paramilitares, de lealtad al régimen incuestionable, encargadas de controlar cualquier forma de disidencia interna dentro de Irán.
Su historia también viene de lejos. Los basiyíes fueron fundados por Jomeini y se nutren de voluntarios. Originalmente, eran aquellos que eran demasiado jóvenes o demasiado viejos para el servicio militar, es decir, aquellos que tuvieran menos de 18 o más de 45 años, además de todas las mujeres. En la guerra contra Irak de los años 80 se hicieron famosos por un escalofriante papel: algunos de ellos, la mayoría adolescentes, se inmolaban cruzando a pie campos de minas mientras recitaban cánticos religiosos chiíes, un sacrificio cuyo objetivo era hacer estallar las bombas ocultas para que los tanques pudieran avanzar.
Después de esa guerra, el cuerpo de voluntarios basiyíes fue reorganizado e incorporado como rama propia de la Guardia Revolucionaria, que hoy les controla. Se calcula que cuenta con unos 90.000 integrantes fijos organizados en células por todo el país, pero algunas fuentes sugieren que podría llegar a movilizar a cientos de miles. La Guardia Revolucionaria les ha dotado de armas pesadas y semipesadas y adiestramiento en guerrilla urbana.
Su objetivo principal es el control social y la represión de la disidencia. Es decir, los basiyiíes son la fuerza de choque de la Guardia Revolucionaria para controlar la calle, y sin ahorrar en métodos: Las denuncias por asesinatos, torturas y violaciones de derechos humanos cada vez que surge un conato de protesta son constantes por parte de organizaciones humanitarias y de la ONU.
Los tentáculos de los Pasdarán en la política y la economía
Pero la influencia de la Guardia Revolucionaria se extiende por muchas otras dimensiones del país. De sus filas han salido y siguen saliendo, por ejemplo, muchos de los líderes políticos, desde gobernadores locales hasta altos cargos nacionales. Entre los más conocidos, el expresidente Mahmud Ahmedinayad, el actual secretario de Seguridad Nacional, Alí Larijani, con aspiraciones en la nueva era post-Jameneí, o el ex ministro de Exteriores Abbas Araghchi.
Aunque, quizá, uno de los poderes más influyentes es el económico. Se calcula que los Pasdarán controlan entre el 30 y el 40% de la economía del país a través de sus conglomerados empresariales y fundaciones, que les sirven, además, como método autónomo para su financiación. Con asociaciones empresariales como Khatan Al Anbiya, Etemad e Mobin o Iran Electronics Industries, la Guardia Revolucionaria domina sectores como la ingeniería, la construcción, el sector del petróleo y gas o la electrónica y las telecomunicaciones. También ejercen control directo en fundaciones relacionadas con entidades financieras o empresas farmacéuticas. Y con todas sus estructuras económicas dan empleo a decenas de miles de personas en amplios sectores.
La Guardia Revolucionaria es, en definitiva, un elemento propio del régimen, quizá el más determinante: el Ejército más ideológico y capaz, pero, también, un actor transversal que traspasa diferentes esferas de la sociedad. Es mucho más que una guardia pretoriana, es el pilar que defiende y sostenía a todo el sistema, hasta ahora. Habrá que ver cuál es su papel en la nueva etapa que se avecina tras la ofensiva desatada por EE. UU. e Israel, que ha culminado con la muerte de la cabeza del régimen, una muerte que ellos prometen vengar.
