EUROPA NO QUIERE LA INMIGRACIÓN ILEGAL PERO NO ADOPTA NINGUNA POLÍTICA PARA IMPEDIRLA.

Juan Alcaraz (ASUNTOS POLICIALES)

Llevamos ya varios años en los que la Unión Europea, se está enfrentando a la entrada en su territorio de inmigrantes ilegales promovida, de manera más o menos velada, por Marruecos, Turquía y Bielorrusia; con el objetivo de obtener réditos políticos y económicos. El uso de los flujos inmigratorios con tales fines, está viviendo ahora un momento particularmente intenso. Refugiados e inmigrantes, se han convertido en moneda de cambio, lo que deriva en el excesivo peso que la Unión Europea otorga a estados vecinos en la gestión de las fronteras. Esa dependencia tan estrecha para frenar la inmigración, se ha convertido en un arma de doble filo que agita a todo el club comunitario.

Un año después de presentar el Nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo, que es la hoja de ruta que debe de guiar la política inmigratoria de la Unión Europea, sigue preocupando la instrumentalización de la inmigración para desestabilizar la Unión y sus Estados miembros. Siguen fracasando, todos los intentos, de acercar posturas, sobre los numerosos asuntos de la agenda migratoria que están pendientes, ahora que se ha conocido que durante el pasado mes de octubre, el resultado de una investigación periodística alemana que revelaba las expulsiones en caliente hacia Bosnia, por parte de Croacia y Bosnia, extremos que han negado ambos países.

La realidad está indicando que, se está dejando en manos de países que no son homologables, democráticamente hablando, porque no respetan los derechos humanos, el cumplimiento del Derecho Internacional de protección de los refugiados y además Europa, pierde capacidad de ser críticos con ellos porque son aliados fundamentales para reducir la llegada de personas irregulares.

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Marruecos y Turquía saben que, cuentan con un as bajo la manga. Así ha quedado patente en varias ocasiones, la última de ellas ocurrió en el pasado mes de mayo del presente año de 2.021, cuando más de 10.000 inmigrantes entraron a la fuerza en Ceuta, muchos de ellos a nado, a través de los espigones fronterizos. La acción marroquí alentando el cruce, se produjo como parte de la campaña de malestar por haber permitido la entrada y permanencia en España del líder del Frente Polisario, Brahim Gali, afectado por la gripe china. Todo ello, en el marco permanente de la guerra diplomática con toda la Unión Europea para imponer la soberanía marroquí sobre el Sáhara Español.

De igual manera, Turquía hace lo mismo para que cesen las críticas a los ataques armados que hace a las milicias kurdas en Siria; para acallar las voces que le acusan también de un creciente autoritarismo o para reclamar más dinero del que se le abona a cambio de acoger en su territorio a cerca ya de cuatro millones de refugiados sirios

En el caso de Bielorrusia, ya se le advirtió de manera oficial en el mes de junio de 2.021, de organizar el tráfico ilicito de inmigrantes hacia la Unión Europea. Primero a Lituania, después a Polonia y por último, a Letonia. El propósito era presionar para que se levantaran las sanciones impuestas por este motivo, que se habían sumado a las impuestas por Estados Unidos, Reino Unido y Canadá. Aunque se trata de un caso distinto a Marruecos y Turquía porque no ha sido utilizado como un país en transito, sino organizado para personas de Oriente Medio, las autoridades de este país han aprendido que podían utilizar la inmigración como una arma politica.

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La inmigración irregular es una de las cuestiones que más asusta en el seno de la Unión Europea aunque las entradas ilegales ya no son tan abultadas como en el pasado, si comparamos sobre las 100.000 llegadas en el año 2.019, con las de 2.015, cuando casi dos millones de personas accedieron a territorio europeo. El inevitable parón, debido principalmente, a la pandemia china, ha vuelto a exponer la crisis económica derivada de la misma, su repercusión en el estado de bienestar y la preocupación por el cambio climático. Pero las cifras comienzan a remontar tras la crisis sanitaria. En los nueve primeros meses de 2.021, el número de inmigrantes que han logrado cruzar las fronteras de la Unión Europea, asciende a 120.000, lo que supone 43.000 personas más que en mismo período del años pasado y casi 30.000 más que en el año 2.019.

Las llegadas a España, en igual período de tiempo, han crecido con fuerza como lo demuestra las 25.852 personas que han logrado entrar, un 54% más que en mismo espacio de tiempo del año anterior. Este incremento, lo ha provocado -en gran medida- las llegadas a la Islas Canarias, que se han duplicado.

Sobre la inmigración, España tendría mucho que decir pero carece de la capacidad politica necesaria para que sus demandas puedan ser atendidas. Desde hace años, la posición española ha sido pretender más solidaridad, no solo en el aporte de más recursos sino sobre todo en el reparto en la acogida de las personas que llegan. La idea es la misma que plantea Italia ya que, estar situados en el mar Mediterráneo, no nos hace los únicos responsables de acoger a los inmigrantes. Ambos países no son más que dos Fronteras Exteriores del espacio Schengen, como hay otras tantas.

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Como se está viendo, la politica actual europea parece como si fuera una externalización de la politica migratoria que pone a la Unión Europea en una posición de debilidad frente a las estrategias de presión. La alternativa a todo ello sería abrir vías de tránsito, seguras y legales, de forma que la lucha contra los flujos irregulares resulte más legítima y creíble. Hay varios mecanismos para ello que ya existen, como la concesión de visados de trabajo y residencia desde el país de origen; la concesión de visados humanitarios para los refugiados y la apertura de corredores de protección internacional. No habría que innovar en términos políticos sino aplicar herramientas que, lamentablemente, los estados no quieren utilizar.

La solución también pasaría por profundizar las relaciones diplomáticas; fomentar la colaboración institucional y policial y establecer acuerdos económicos para el desarrollo de esos países. Sin olvidar que, el país que no permite solicitudes de asilo, falta al Derecho Europeo e Internacional.