ARCHENA/ Recordando El pasado «La epidemia de cólera de 1834 en Archena»

14 septiembre, 2007
Extracto de la ponencia que se realizará sobre el tema en el Congreso Internacional Valle de Ricote que se celebrará del 8 al 11 de noviembre en la Casa de la Cultura del Ayuntamiento de Ricote.
Realizada por:
José Miguel Abad González
I.E.S. “Dr. Pedro Guillén” Archena
Francisca Amorós Vidal
Archivo Municipal de Archena
María del Rosario Martínez Guillamón
Centro de Salud de Fortuna

INTRODUCCIÓN

El cólera morbo es una vieja enfermedad, cuya etimología parte de dos vocablos: del latín “morbos” (enfermedad) y del griego “chole” (bilis). Esta enfermedad fue identificada en la antigua Grecia, así como en China e India. La primera pandemia del siglo XIX se inició en la India en 1817, probablemente en la zona comprendida entre los ríos Ganges y Brahmaputra, difundiéndose desde allí por diversos países. De 1818 a 1820 el “vibrio colerae” se disemina por todo el subcontinente indio; en 1819 se encuentra en Birmania, mientras Bangkok, Malasia, Filipinas, China y Singapur se ven afectados en 1820.
La forma más frecuente de contagio es la ingestión de agua contaminada por heces humanas, aunque también puede tener importancia la ingestión de alimentos contaminados. Las manifestaciones clínicas consisten en diarrea acuosa abundante, vómitos y deshidratación, después de un periodo de incubación de 12-48 horas[1]. Es aconsejable evitar los trabajos agotadores y nocturnos; abstinencia sexual y evitar los placeres demasiado vivos. Se debe asear al enfermo y lavar sus ropas aparte con mucha agua y jabón, vestirlo y cuidarlo de corrientes de aire. Para evitar los calambres que produce la deshidratación, se debe frotar el cuerpo con fricciones secas; abrigar y calentarle el estómago, corazón y axilas; realizar cataplasmas de harina de linaza caliente cada media hora; hay que evitar por todos los medios la deshidratación del enfermo. Se recomienda también aislar al enfermo y limpiar las manos cada vez que se le atienda, con cloruro de sodio.
La segunda pandemia dio inicio en 1829, en la región de Astrakán y fue más amplia y más letal que la primera. Apenas un año después ya había cubierto la mayor parte del territorio europeo, y en 1832 llegó al continente americano, a la provincia canadiense de Québec, desde donde cruzó la frontera de los Estados Unidos; en 1833 alcanzó tierras mexicanas y en 1837 Centroamérica.
Fue la primera pandemia de carácter internacional, que mostró el grave problema de la insalubridad y la miseria a la que estaba reducida gran parte de la población. Obligó a los gobiernos a la elaboración de las primeras medidas sanitarias aplicadas a nivel nacional. El vibrión colérico no respetó diferencias sociales o étnicas. Ricos y pobres sufrieron por igual. La pandemia no respetó tampoco grupos de edades.
A lo largo del siglo XIX la tasa de mortalidad en España se mantuvo muy por encima de las de Europa occidental, no llegando la esperanza media de vida a alcanzar los treinta años. La causa fundamental hay que buscarla en la incidencia de las crisis de subsistencias directamente relacionadas con las fluctuaciones climáticas: un año de lluvias excesivas, o de heladas tardías, o más frecuentemente, de sequía, acostumbraba a traer consigo una mala cosecha cuyas consecuencias eran el hambre y la muerte. Pero las causas profundas estaban relacionadas con la organización social y el desarrollo económico: si el tamaño de la cosecha dependía tanto del tiempo era porque la agricultura estaba técnicamente atrasada y sus rendimientos eran muy bajos, porque el transporte era lento y primitivo y fallaba en su papel de redistribuidor entre regiones excedentarias o puertos de entrada, y regiones deficitarias. Todo ello hacía que el sector agrario fuera más vulnerable.
La causa de la alta mortalidad asociada a la presencia de las sucesivas epidemias del siglo XIX, vuelve a estar relacionada con las crisis de subsistencias básicamente porque los períodos de escasez y la malnutrición que provocaban, dejaban a la población debilitada, multiplicando su susceptibilidad a la infección. Hay además una serie de enfermedades relacionadas con la falta de higiene, la pobreza y la ignorancia característica de las sociedades atrasadas. Fuertemente conectada con estos hábitos, estaba la alta mortalidad infantil.
Desaparecida de Europa desde mediados del XVIII la “peste negra” o “peste bubónica” de forma no suficientemente clara, las epidemias mas mortíferas en la Europa del XIX fueron la viruela, el cólera, el tifus y la fiebre amarilla. En España las dos epidemias mejor conocidas fueron la fiebre amarilla y el cólera, cuyo primer brote importante tuvo lugar entre 1833-1835, y es el que nos proponemos tratar.
La situación política española era entonces ciertamente difícil, dado que, tras el fallecimiento de Fernando VII, tanto su hija (representada por la regente Mª Cristina) como su hermano Carlos María Isidro, se postulaban como herederos al trono, lo que provocó el inicio de la 1ª Guerra Carlista. Los movimientos de tropas, asociados a la guerra favorecieron la rápida propagación de la enfermedad.

LA EPIDEMIA DE 1834, EN ARCHENA.

En Archena la epidemia de cólera morbo fue la segunda de importancia de las sufridas durante la primera mitad del siglo XIX. El brote de cólera manifestó sus primeros síntomas en Archena a partir del día 19 de junio de 1834, logrando su punto más alto de mortalidad entre los días 10 y 22 de julio en los que murieron 48 personas, 22 hombres y 26 mujeres; por edades fueron: 19 personas de 50 a 60 años, 6 con más de 60 años, 17 con menos de 50 años y 6 párvulos. La epidemia en el pueblo fue muy severa ya que ocasionó el 60% de las muertes habidas ese año, alcanzando a un 4% de la población total.
En ese año también murieron en Archena otras personas en cuya partida de defunción figura el diagnóstico de “cólico bilioso” y no aparecen reflejados bajo la estadística de cólera, afectando tanto a párvulos como a adultos.
Las medidas sanitarias alcanzaban una relativa eficacia en función del nivel social y cultural de los vecinos, como se recoge en la memoria sobre la epidemia de cólera de 1834, cuando la población mayoritariamente afectada fue la de los barrios más desfavorecidos, ocupados por jornaleros, y a los que, al parecer, se les había sometido a cuarentena e instruido en la necesidad de cumplir las órdenes al respecto.
En el Archivo Municipal de Archena se conservan unos estadillos elaborados para su remisión al Gobernador Civil y a la Junta Provincial de Sanidad, desde el 12 de julio al 14 de agosto de 1834 que nos proporcionan una estupenda información sobre el desarrollo de la epidemia de cólera[2].

La última información de que disponemos corresponde al día 11 de agosto, en el que aún quedan seis personas enfermas y dos han sido dados de alta.
Por tanto este brote epidémico se saldó en Archena con 46 fallecidos, para una población que alcanzaba los 335 vecinos (en torno a los 1.450 habitantes). Llama la atención la relativamente baja incidencia que tuvo entre la población infantil.
A las autoridades no se las puede calificar de inoperantes frente a las epidemias. Las Juntas, tanto la Provincial como la Local, no convocaban reuniones vacías de contenido, sino que adoptaban las escasas medidas que estaban a su alcance en su intento de frenar la propagación de las enfermedades.
Entre la documentación que manejaba la Junta de Sanidad de Archena[3] se encuentran cartas y Bandos remitidos por la Junta de Sanidad de la Provincia con las medidas que se debían adoptar en caso de fiebre amarilla, peste bubónica u otras epidemias. En todos los casos se incide en lo pernicioso de las aguas estancadas, especialmente en los pueblos de huerta.
Atendiendo a las informaciones recibidas, la Junta Municipal de Sanidad adoptó las siguientes medidas para tomar en la estación calurosa:
1º Que ningún vecino se haga depósito de estiércol en los corrales, calles ni otros sitios de la población, pues los sacarán fuera por la mañana temprano a la mayor distancia que les sea posible del término.
2º Que desagüen las balsas depósitos que contengan aguas detenidas para cocer esparto… bajo las multas prevenidas…
3º Que ningún vecino pueda cocer esparto más que en el río Segura exceptuando los muelles del barco y sus mediaciones por una y otra parte a distancia de doscientos pasos bajo la multa de un ducado y de irremisible exacción.
4º Que los tendedores de esparto no usen en la población por ningún concepto poniéndolos a distancia de doscientos pasos de ella…
5º Que se barran y rocíen todos los días por los vecinos de esta villa sus respectivas confrontaciones, sin dejar montones de estiércol en ellas bajo la multa de seis reales.
6º Que se recuerde al vecindario la Real Cédula de Mayo de 1797 sobre las personas que ejerciten en el arte de Curar sin el competente título…
En 1828 la Junta Provincial había acordado la vacunación de todos los infantes en todos los pueblos de la provincia, contra la viruela. Ese mismo año llegó a Gibraltar la mortífera enfermedad de la fiebre amarilla. Para evitar su expansión en la región todas las ciudades con costa en sus términos Águilas, Lorca, Mazarrón, Cartagena y, entonces la propia Murcia[4], debían cubrir las calas, ensenadas y demás puntos costeros para impedir todo contacto con buques procedentes de Gibraltar.
En otros Bandos de Salud Pública se hacía referencia no sólo a la limpieza de calles, sino también a la de pescaderías, carnicerías y fábricas.
La primera noticia sobre el cólera morbo recibida en Archena es una carta de la Junta Suprema de Sanidad del Reino (trasladada por la Junta de la Provincia), en la que se notifica la desagradable noticia de haberse manifestado en París el cólera morbo asiático el 27 del pasado, la carta lleva fecha del 10 de abril de 1832. En consecuencia, se ordenaba la limitación en el tránsito de personas procedentes de Francia, señalando una cota en el norte y sur del país, así como de mercancías. Mucho más duro es el Bando dictado por la Junta Superior de Sanidad de la Provincia de Murcia, en el que se insta a llevar a cabo con todo rigor las leyes sanitarias, hasta el punto de hacer fusilar sin dilaciones, a toda persona procedente, por mar o por tierra de país contagiado de cólera morbo, que sea sorprendida introduciendo contrabando de géneros contumaces…
Las medidas a tomar para frenar las epidemias, que ya han sido mencionadas en su mayor parte, junto con alguna otra como la obligación de los médicos de enviar partes semanales a las Juntas de Sanidad locales de las enfermedades detectadas. eran recordadas a las autoridades municipales por medio de cartas y Bandos de la Junta Provincial, especialmente al iniciarse el verano. Los ayuntamientos a su vez, volvían a dictar bandos a la población.
[1] Medina Tornero, M. E. (1990): Historia de Archena, Ayuntamiento de Archena, 596 pp.
[2] Gráfico elaborado por Miguel Palazón Buendía
[3] A.M.A. Caja 587, doc 17-18
[4] En 1836 se separaron del municipio de Murcia los términos de San Pedro del Pinatar y San Javier

Escudo de la familia Martínez-Carlón, oriundos de los Vélez de Almería. Un miembro de esta familia llegó ser obispo de Jaén.
El autor del dibujo fue Lorenzo Banegas, quien reprodujo al carboncillo todos los escudos nobiliarios con los que contaba Archena y otros pueblos del Valle. Van a ser recogidos en una próxima publicación, LA HERÁLDICA DEL VALLE, a la que hemos podido acceder gracias a la deferencia de Don Miguel Banegas.