A Levante y Getafe les puede más el miedo que la necesidad

Ambos equipos priman el orden defensivo y pagan la falta de acierto en las pocas opciones en ataque.

El miedo lo define la RAE como «recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea» y esa acepción se encarnó en el Ciutat de València. Levante Getafe, los únicos equipos que no conocen la victoria en Liga, se agazaparon para intentar escalar el pozo por el que han resbalado. Otra derrota significaba hundirse un poquito más, algo que esquivaron, resguardando su espalda con ahínco. Nadie se descubrió en exceso, dejando que solo hubiera fogonazos de riesgo controlado, insuficiente para garantizar la victoria. [Narración y estadística]

Se estrenaba Javier Pereira en Primera y Quique regresaba al Getafe, pero sus onces estuvieron más marcados por las bajas que arrastran que por los deseos de revolución, que ninguno tuvo. Sí se notó que el técnico madrileño ha tenido más sesiones para recuperar a sus futbolistas anímicamente de los varapalos recibidos. Y eso se tradujo en mayor control del juego, con ideas algo más claras, y de las ocasiones. En frente, Pereira pudo tocar poco. Las lesiones son un lastre muy pesado para el Levante, que además perdió en el último instante a Roger Martí por molestias en la planta del pie, lo que obligó a Soldado a exprimirse en su debut.

Mostró el Levante el mismo atasco que le lleva penalizando semanas. Tratando de suturar la sangría defensiva no tuvo claridad para sostenerse en ataque. Un remate atropellado de Melero como culminación de una contra que él mismo desató y otro de Soldado a pase de Clerc fue balance ofensivo de los granotas en la primera parte, más exigidos en defensa y sin posibilidad de correr, lo que más y mejor sabe hacer. Esa lección la tenía bien aprendida el Getafe, que se encomendó al talento de Maksimovic, más adelantado y moviéndose entre líneas, y con Timor y Florentino arropando a los centrales. Generó este planteamiento algún desajuste inicial, pero a Aitor lo probaron Olivera, Aleñá, Arambarri y Timor sin ser capaces de asestar el golpe. Avisaban, solo eso. Su miedo también pesaba.

En toda la primera parte era fácil comprender por qué estos equipos están sufriendo. Un punto les seguía condenando, sí, pero acabar sin recoger una pelota de la red ya era un pasito. Sin embargo, en la segunda mitad, y tras otro susto de Sandro, fue Pereira el primero que arriesgó dando un paso al frente dando entrada a Cantero para que Morales deambulara por la frontal.

El Levante creció con más posesión y acercándose a Soria. Fue De Frutos quien empujó al cuerpo del portero un centro raso de Soldado desde la línea de fondo. Se cambiaron los papeles para arrastrar a Cuenca y Djené sin acierto.

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Vistas las cartas, Quique refrescó también su ataque con Ünal, aunque los granotas consiguieron mostrarse más en el área pese a hacerlo sin claridad. La punta de la bota de Djené para evitó que Morales empujara un centro de De Frutos. Si los azulgrana lograban escaparse, no titubeaban para cazarlos. Volvió a aparecer el meta azulón para atrapar al punto de penalti un centro de Miramón, soltado en la banda buscando área.

El atrevimiento acabó conforme se acercaba el 85. Sumar un punto ya era mejor que perder los tres en un error. La última palabra la dijeron Ünal, con un golpeo escorado muy ajustado al palo que Aitor salva con el pie, y Olivera con un cabezazo solo desde el punto de penalti que se pierde. Qué le pasa al Levante quedó escenificado con el error de Morales en un centro chut que no dejaba lugar a nada más que un reparto de puntos y la satisfacción que, por primera vez para ambos, no recibir un gol del rival.