Rendidos ante La Dolorosa en Lorca

La talla de Capuz llenó la carrera de enfervorizados vítores y aplausos

El Viernes de Dolores es fervor, respeto, cariño y rezo, pero también es entusiasmo y pasión, que ayer expresaron los azules en forma de piropo y de aplauso hacia su Virgen, la que da sentido a toda la procesión azul. Todo giró ayer en torno a la ‘Doloricas’. Era su día y miles de personas acudieron a visitarla a la iglesia de San Francisco, donde se ofició la misa en su honor a mediodía. Decenas de ramos y centros de flores con sentidas dedicatorias, rodearon su trono. Con ellas los azules expresaron el cariño que sienten hacia su Virgen.

La imagen titular del Paso Azul recorrió la ciudad en su trono en andas en la primera procesión de la Semana Santa lorquina

Al caer la tarde, la talla de Capuz abandonó el templo barroco y la emoción y el delirio contenidos durante todo el día volvieron a brotar, como ya lo hicieran la víspera en la Serenata. En su trono de plata, ornado con esmero por las mujeres de la Asociación de Nuestra Señora la Virgen de los Dolores, bajó la cuesta de San Francisco. La Madre de los azules fue trasladada en andas por casi cien portapasos en el primer recorrido procesional de la Semana Santa lorquina. La Dolorosa fue protagonista de un cortejo estrictamente religioso.

La Virgen estuvo acompañada por mujeres ataviadas con la clásica mantilla española

La talla del imaginero Capuz, de mirada serena y contenida, no lucía apenas joyas, la más valiosa y también la de mayor valor sentimental para la hermandad es el puñal de oro y piedras preciosas que atraviesa su corazón. La daga, con forma de cruz, lleva inscrita en su reverso una dedicatoria en la que la Hermandad de Labradores plasmó su devoción y admiración hacia la titular: «Los azules a su Madre con todo el cariño. 2004». La imagen también lució la corona que estrenó el día de su coronación canónica en 1997. Las mujeres azules la cubrieron con el manto que diseñó Cayuela para ella -declarado Bien de Interés Cultural- y la vistieron con el traje que figura en el estandarte ‘El Reflejo’.

Los portapasos mecieron el trono durante la procesión, imprimiendo un movimiento único y vibrante a los varales del palio, que ideó para la Virgen Emiliano Rojo y en el que figuran escenas del Vía Crucis. A su paso por la carrera de Juan Carlos I, el trono de La Dolorosa arrancó aplausos y vítores que sonaron sin cesar: «¡Viva la Reina del Cielo!, ¡Viva Nuestra Madre!» coreó la tribuna azul, mientras agitaba miles de pañuelos en la noche lorquina. Desde los balcones caían rosas y claveles sobre el trono de la Virgen.

Los portapasos mecían el trono imprimiendo un conmovedor vaivén al palio de Emiliano Rojo

Esta icónica estampa con la que cada año se cierra la procesión del Viernes de Dolores, iba precedida por los 12 nazarenos de la Virgen con capuz en terciopelo azul marino bordados en oro y plata, en los que destacan bordados con escenas marianas y de la pasión de Cristo.

Muy cerca de ella procesionaron sus fieles acompañantes, cientos de mujeres ataviadas con mantilla española que iluminaron la carrera portando una vela en sus manos. Cerró el cortejo su infalible escolta desde hace 20 años, el Escuadrón de Caballería de la Guardia Civil.

Esta noche se celebrará en San Francisco uno de los actos más solemnes para el Paso Azul. La Salve que creara para La Dolorosa Juan Antonio Gómez Navarro. Sonará a las 20.30horas.