Niall Ferguson: “El Papa Francisco podría ser a la Iglesia lo que Gorbachov fue a la URSS”

El historiador escocés analiza en su último libro el papel oculto de las redes en la Historia. Desde el contagio de la Peste Negra hasta el papel determinante de Facebook

Son miembros de una familia, antiguos alumnos de un instituto, seguidores de un equipo de fútbol. Incluso en el trabajo han montado una red paralela al organigrama donde se dice que el jefe es idiota. Ah, sí, es muy probable que compartan fotos de sus aburridos domingos en Instagram. Los que mandan son otros, pero, gracias a Niall Ferguson nuestra conciencia histórica se va a ver reforzada (a medias).

En su nuevo libro, La plaza y la torre (Editorial Debate), Ferguson arremete contra la historiografía oficial que ha marginado la influencia de las redes sociales (aclaración: este concepto para él es estructural, mucho más amplio que la acepción popular que usamos para referirnos a Facebook, Twitter y otras) y se ha centrado en las jerarquías. Ambos mundos, ambos poderes, se encuentran e interactúan. Y también han protagonizado un pulso a lo largo de los siglos. Esta reivindicación la hace posiblemente el historiador más influyente de la actualidad, un escocés encantador, guapo y superventas que concede esta entrevista en la Fundación Rafael del Pino, donde en unas horas impartirá una conferencia.

Detrás de generales, reyes y papas siempre ha habido redes sociales que han interconectado el mundo mucho antes que Facebook. Para explicar el fenómeno Trump, la estructura del Estado Islámico y las fake  hay que entender cómo se propagaron el cristianismo o cómo cayó la Unión Soviética.

Internet ha cambiado menos cosas de las que creemos.

Hoy en día se habla constantemente de un mundo interconectado, Sin embargo fenómenos como el cristianismo o el Islam fueron virales en sus inicios y la tecnología no tuvo nada que ver.
Gran parte de la historia actual es tecnológicamente determinista. En Silicon Valley se cree que la tecnología explica el 90% de la Historia, pero están equivocados. Había redes sociales mucho antes que Facebook. Es increíble la difusión tan rápida que tuvieron estas religiones cuando surgieron y no estaban apoyadas ni por la imprenta ni por internet. Funcionaba el boca a boca. El cristianismo cuando se expandió por el Imperio Romano tuvo una gran ventaja sobre los paganos: los cristianos vivían más, seguramente, porque muchos de sus rituales eran más higiénicos. El hecho de lavarse era una ventaja. La tecnología no es siempre determinante. Un ejemplo: si Estados Unidos no hubiera sido un país descentralizado, la gente que trabajaba en el Departamento de Comunicaciones de Defensa en California no habría empezado a trabajar en lo que al final se convirtió en internet. Cuando lo hicieron el Pentágono, el órgano de poder, estaba preocupado sólo por Vietnam. Ir por libre provocó su éxito. La URSS no pudo hacer eso no por falta de talento, sino de flexibilidad.
La primera vez que se vio que el mundo estaba interconectado fue cuando apareció la peste negra en el siglo XIV.
Me resulta increíble que su propagación demostrara un mundo más integrado de lo que podíamos pensar. Se puede hacer un seguimiento de la plaga gracias a las rutas comerciales que la trajeron desde Asia a Europa. No hay nada más viral que una enfermedad. La mal llamada gripe española causó tantas muertes a principios del siglo XX como la guerra. Y a una velocidad asombrosa.
Ese temor global siempre existirá.
Claro. Recientemente me preguntaron en Italia si consideraba si Trump, el Brexit y demás tonterías eran los grandes peligros a los que se enfrentaban la humanidad. ¡A mí lo que me da miedo es una nueva pandemia, que en un mundo comunicado como el de hoy, se expandirá de forma incontrolada!

Niall Ferguson es una estrella editorial que ha hecho fortuna escribiendo sobre imperios y dinero. Se ha quitado la chaqueta. En un papel apunta los nombres de los periodistas y los medios a los que atiende individualmente. Pertenece a esa estirpe de británicos que disfrutan y triunfan en Estados Unidos. A pesar de vivir en la soleada California, sufre con la luz madrileña. Tiene algo de fotofobia y sonríe cuando entorna los ojos: «Es lo que tiene ser escocés, no estamos acostumbrados a vuestro sol».

En la conquista de América una pequeña red europea atacó y derrotó a una jerarquía no europea. ¿Cómo España pudo conquistar tanto territorio en tan poco tiempo?
Me fascina sobre todo la conquista del imperio inca de Pizarro. Los conquistadores eran una red que consiguió una victoria total con una ventaja tecnológica que no era tan determinante. Los incas conformaban una sociedad muy jerarquizada mientras que los españoles eran casi una banda, poco numerosa, que tenía hasta delincuentes en sus filas y que incluso a veces se mataban entre ellos. Su éxito es asombroso. Por supuesto, influyeron las enfermedades traídas de Europa que diezmaron a estas civilizaciones, pero creo que fue igual de determinante la fragilidad de la estructura política de los incas. Éstos se enfrentaron a los españoles pero su colapso casi inmediato sigue siendo un misterio. Puede que en eso que pasó haya una lección que tengamos que analizar hoy.
¿Cuál?
Se estudian mucho los colapsos económicos, pero muchas veces el colapso político es previo. El imperio inca era muy jerárquico y una de las razones de su derrumbe fue la pérdida de legitimidad. Este colapso fue parecido al de la URSS. El imperio soviético cae, no es invadido, porque su legitimidad colapsó.
Ha dicho antes que había una lección para el día de hoy…
La crisis actual de la Iglesia Católica por los casos de abusos sexuales puede ser una amenaza para esa legitimidad de la que hablamos y que puede ser fatal para la institución. Me pregunto si el Papa Francisco es a la Iglesia lo que fue Gorbachov a la URSS. Roma sobrevivió a la Reforma protestante y este caso creo que también lo superará, pero en 500 años el Papado no se ha enfrentado a una crisis de tanta envergadura.
Usted considera que la mayoría de las redes sociales no las inician otras redes, sino que los ordenan o al menos alientan entidades jerárquicas.
No son iguales los ataques del KGB sobre el establishment británico en los 30 o los ataques de Putin en las elecciones de Trump. Aquí está clara una orden jerárquica, sin embargo los yihadistas actúan como redes, aunque tengan líderes. El Estado Islámico seguiría funcionando si mueren sus líderes.
Pero una conflicto tan grande como la II Guerra Mundial nunca la habría podido ganar una estructura de redes por sí sola.
Si ha visto la película Dunkerque, se dará cuenta de los límites de las redes. Si los soldados ingleses que estaban acorralados en las playas hubieran tenido smartphonespara recibir órdenes por WhatsApp, habría sido un desastre. La jerarquía a veces es necesaria, hay que combinarla con las redes.
Para usted el inicio de la crisis de la jerarquía surge en los años 70.
EEUU fue un centro jerárquico muy fuerte. La Guerra Fría le dio un impulso para continuar. En los 60 la prensa estaba más controlada. No se hablaba de los escándalos sexuales de Kennedy, Todo comienza a cambiar con la publicación de los Papeles del Pentágono relacionados con Vietnam. El gobierno federal perdió su control sobre la prensa y comienza el desarrollo en California de Silicon Valley. Fue una época de desintegración.
En la actualidad hay dos revoluciones que generan cierta confusión a los ciudadanos. Por un lado, las expectativas de crecimiento de los países en vías de desarrollo y, por otro, un aumento de la desigualdad en los países ricos. Se vende un mundo globalizado a la vez que resurge el nacionalismo.
Creo que la globalización se vendió al mundo como una política en la que todos ganaríamos, pero no ha sido así. Los grandes beneficiados han sido las clases medias de Asia y un 1% de la élite de Occidente. La desigualdad mundial ha descendido, pero ha aumentado en la mayoría de los países occidentales. La globalización beneficiosa llegó a los empresarios pero no a los trabajadores. Hay perdedores claramente, tanto en términos relativos como absolutos. La reacción a esta situación, a mi juicio, se ha hecho esperar. Cuando me mudé en 2002 a EEUU pregunté a un amigo mío que es analista político dónde estaban los candidatos proteccionistas que competían para ser nominados a presidente.No los había ni en el partido republicano ni en el demócrata. Creo que alguien como Trump habría podido ganar antes con un mensaje anticomercio libre, antiinmigración, etc. En Europa, el germen del populismo ya estaba ahí mucho antes de la crisis, pero ha sido lento.
El ‘Brexit’ y la victoria de Trump fueron victorias de la red sobre la jerarquía del ‘establishment’…
Sin Facebook y Twitter Trump no sería presidente y tampoco habría Brexit. Esta herramienta no se utilizó plenamente hasta estos años. Se usó a gran escala la publicidad política en estas plataformas por los lados ganadores, mientras que el establishment se quedó parado infravalorando esa nueva arma.
Es paradójico que los magnates de esas redes sean defensores de la jerarquía que derrotaron.
Es cierto. Los reyes de Silicon Valley quedaron muy traumatizados por la victoria de Trump. Casi todos gastaron mucho dinero en la campaña de Clinton y esperaban que ganara. Imagine el horror que sintieron el 9 de noviembre. Google se sintió culpable por no ayudar a la victoria de Clinton, pero lo de Facebook fue peor: ellos ayudaron a Trump.
Hubo redes muy anteriores a Facebook pero ésta es la más grande de la Historia. ¿Imaginaba su monopolio?
La ciencia de la redes predice que en este mercado económico el primero gana el 90%, el segundo el 9% y el resto suman un 1%. Es el concepto de que el ganador se lo lleva todo. Por eso Google, Amazon y Facebook son líderes sin competencia. La gente cree que el ciberespacio es algo muy descencentralizado gracias a las redes. Pero estas plataformas son como fue la Standard Oil cuando dominó la industria del petróleo. Ellos son la Standard Data. La diferencia es que nosotros encima regalamos nuestros datos.

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