Marc Soler se queda con la miel en los labios en una etapa reina sin fuegos artificiales: «Me precipité»

David Gaudu le birló el triunfo en La Farrapona, aunque el catalán del Movistar recortó más de un minuto a los favoritos y se coloca sexto. El Jumbo dominó, pero Roglic no atacó a Carapaz

Esta vez había cinco puertos por la preciosa y temida Asturias, una jornada de montaña de las que no dejan prisioneros, la etapa reina que no iba a ser, pues ni un fuego de artificio, ni un ataque suicida, ni un valiente camino de La Farrapona, allá donde Alberto Contador asombró en 2014. Como si en la mente de los favoritos estuvieran las rampas del Angliru, la pesadilla en la Cueña de les Cabres que el domingo afrontarán sin vuelta atrás. No hubo nada que llevarse a la boca, más allá del protagonismo de Marc Soler, un tipo en plena reinvención en esta Vuelta en la que ni siquiera se le esperaba. [Narración y clasificaciones]

No repitió triunfo porque se lo birló David Gaudu, escalador joven y de clase que se había desgastado muchísimo menos que el catalán. Porque Soler lo dio todo, espectacular su enlace en solitario en La Cobertoria con la escapada de ocho. Su premio, un zarpazo en la general, más de un minuto a Roglic y Carapaz para alzarse al sexto puesto (se queda a 2:44), para aumentar esa amenaza coral del Movistar, que tiene a sus tres puntales entre los ocho primeros.

De los primeros, apenas Daniel Martin cedió unos segundos en los últimos metros. Esta vez ni Roglic ni Carapaz se retaron. Conservador el esloveno, que no aprende la lección del Tour pese a tener a sus órdenes el ejército del Jumbo, dominador de principio a fin. Temeroso el ecuatoriano, que se quedó pronto sin compañeros. Etapa de desgaste, huérfana de espectáculo.

Y eso que la ascensión a la Colladona, la segunda de la jornada, pareció una fiesta. Tras el amago de boicot en la salida por parte del Ineos (a causa de los tiempos del día anterior), el Cofidis torpedeó todo, ritmo demoledor que pilló a varios sesteando. Al propio Marc Soler, que pareció flaquear entonces. O al Ineos, algo despistado. Fue después, en la bajada, donde se formó la escapada del día, con buenos ‘gallos’ como Guillaume Martin, Tim Wellens o el portugués Nelson Olivera, fundamental después su trabajo cuando enlazó Soler.

Estuvo en tiempos de líder virtual el catalán, que se entregó como si le fuera la vida en ello. A La Farrapona llegaron con tres minutos de ventaja, pero el temido puerto, entre Somiedo y Babia, con los Lagos de Saliencia como precioso marco, no resultó definitivo. Porque el Jumbo controló sin forzar la máquina y porque Soler y Gaudu son dos superclase. Entre ellos se rifaron la victoria, que fue para el prometedor corredor del Groupama. «Me encuentro con rabia porque me precipité, en el coche me dijeron que hacía mucho aire de cara. Se me hizo largo y no pude. Creí que lo resolvería mejor», reconoció el catalán.