El Madrid, entre el cielo y el desierto

Zidane buscará el sábado (18:00 h.) su octavo título, el quinto de 2017, antes de probar en siete días ante el Barcelona la salud de su equipo

Zinedine Zidane ha construido su castillo en el Real Madrid con más victorias que latigazos a sus jugadores, a la directiva, a los rivales o a la prensa. Con alergia a los conflictos, fue convenciendo a la plantilla de que en sus pies y su cabeza estaban las llaves del éxito. Tan sólo tenían que ajustarlas bien en la cerradura y girar con decisión. No exigió ni recibió ningún fichaje señalado por él, tan sólo subió al tren en marcha y pudo reactivar el gen competitivo de un conjunto que con Carlo Ancelotti se acomodó demasiado pronto al confeti, antes de declararse en huelga con Rafa Benítez. Bajo el mando del francés, los titulares dieron su mejor versión y los jóvenes se colaron por las rendijas aportando mucho.

Así se ha plantado su Madrid en Abu Dabi tras un sprint de época que comenzó en la final de Milán de 2016, en aquellos penaltis cardiacos contra Oblak, continuó con un curso 16/17 donde sólo el Celta en la Copa estropeó el pleno y que puede coronarse la noche del sábado en el estadio Zayed con el Mundial de Clubes, el segundo consecutivo, otro logro único que se enlaza al bis inédito de Champions firmado en Cardiff. Hasta el momento, Zidane ha ganado casi todo lo que ha disputado, aunque cualquier mal resultado sirva para cuestionar su gestión por culpa de la débil memoria (y exceso de histeria) que rodea al club blanco.

Esa eliminación copera en Vigo y su primera media Liga, donde se quedó a un suspiro del Barcelona tras remontar 12 puntos, son los únicos torneos que se le escaparon. Es decir, su paso se puede calificar de triunfal sin caer en el halago empalagoso.

Sin embargo, el irregular viaje en la actual temporada ha quemado parte del crédito de un bloque campeón con tics desconcertantes, capaz de golear a la Juve en la final de la Champions o avasallar al Barça en agosto y después acumular sustos impropios, desde una racha impensable de tropiezos en el Bernabéu a los sainetes contra el Fuenlabrada en casa o, sin ir más lejos, el del pasado miércoles en la semifinal del Mundialito, ante un adversario de gomaespuma.

Una semana para cambiar la temporada

Igual que hay derrotas que suman, según interpreta siempre Simeone, hay victorias que restan, y de esta tipología es la firmada con sudores ante el Al Jazira, en un atolondrado partido que los blancos merecieron ir ganando 5-1, pero donde de repente, por su mala cabeza y falta de acierto ante el gol, se vieron casi 0-2. “Tendremos que mejorar en la final, porque el rival será mucho más complicado”, avisó ayer ZZ, tras volver a defender con entusiasmo a Benzema.

Este otoño raro amenaza con estropear el final de 2017 al Real Madrid, si no cumpliera ante el Gremio y una semana después se llevara una cornada fea en el clásico. Pero Zidane y su tropa prefieren mirar las cosas color de rosa, antes de afrontar estos siete días trascendentales. Un nuevo título hoy, el quinto del año -récord histórico-, y una victoria ante el Barcelona en la víspera de Nochebuena, recortando así la distancia en la Liga, parecen incentivos apetitosos para un grupo que ha demostrado en muchas ocasiones su sentido de la oportunidad: su saber estar cuando toca, su fiabilidad si hay una trofeo delante.

Esta generación, liderada por Sergio Ramos Cristiano Ronaldo, ha sabido mejorar la herencia del escudo, estirando la racha de triunfos en finales internacionales. En España alguna Copa se ha escapado, pero fuera todo son victorias desde la derrota en la Intercontinental de 2000 ante Boca Juniors.

El ciclo que arrancó con el cabezazo del capitán en Lisboa debería ser coronado con este Mundial de Clubes, broche de prestigio (a pesar del tono folclórico del actual formato) al acelerón que el Madrid ha pegado en los últimos años. La Duodécima merece los mismos adornos que sus dos antecesoras en el museo, decoradas después cada una con la conquista de la Supercopa Europea y el Mundialito, los pases vip que se lleva el campeón de Champions. Ante el correoso Gremio, los blancos están obligados a elevar el nivel de la zaga -reforzada con Ramos- , carburar en el medio como en los días grandes y afinar la puntería arriba.

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