Los secretos que han mantenido unidos a Isabel II y el duque de Edimburgo durante 70 años

Las bodas de oro, de diamante y de platino quedaron atrás. Lo que celebran Isabel II y Felipe de Edimburgo estos días son bodas de titanio: 70 años juntos, que se dicen pronto. Corría el 20 de noviembre de 1947 cuando millones de británicos se sacudieron el escalofrío de la guerra con la boda de su reina y el espigado marino de origen griego en la Abadía de Westminster. La historia empezó casi como un cuento de hadas, pero la vida es larga y complicada… Estos son los secretos de la pareja.

FLECHAZO. Lilibeth tenía 13 años cuando visitó al Royal Naval College de Dartmouth. Allí se reencontró con Felipe de Grecia y de Dinamarca (a quien había visto por primera vez cuando tenía ocho años, en la boda de Marina de Grecia con el duque de Kent). De niña a mujer, la princesa se quedó prendada del apuesto cadete de la Royal Navy de 18 años. Se hicieron amigos y se cartearon durante años. “Fue amor desde el principio, en contraste con los matrimonios de conveniencia que tanto se estilaban entre la nobleza”, escribió en sus memorias Margaret Rhodes, la prima predilecta de Isabel. Los futuros novios siguieron encontrándose, pero ella era aún menor de edad y Felipe pasaba largas temporadas en el mar. La guerra lo complicó todo.

No fue un matrimonio de conveniencia

PACIENCIA. Isabel quería casarse a los 20 años. Su padre, Jorge VI, le pidió que esperara hasta los 21. La familia real no veía con buenos ojos la relación y llegó a barajar otros candidatos. A Felipe, pese a su sangre azul, le veían como un pariente venido a menos, curtido en los rigores del exilio y un tanto reacio a los protocolos palaciegos. Despertaba también cierta inquietud las viejas conexiones de los Mountbatten con el régimen nazi. Y luego estaba su carácter explosivo, sus estruendosas risotadas. Isabel acabó ablandando el corazón del rey.

RISA. El humor une mucho. Se desconoce cuál fue la broma con la que Felipe rompió el hielo, pero Isabel no ha parado de reírse con las ocurrencias de su marido. Su favorita es quizás esta: “Si ves a un hombre abriendo la puerta de un coche a una mujer, es porque se trata de un coche nuevo… o de una mujer nueva”. Lo cuenta el biógrafo Gyles Bandreth, autor de Retrato de un matrimonio, que recalca cómo Felipe sorprende siempre a la Reina con sus golpes al estilo Monty Python, mientras ella despliega su sutil sentido del humor británico. El propio príncipe Guillermo asegura que ése puede ser el auténtico secreto de la longevidad del matrimonio.

Es el único que le dice a la Reina lo que piensa

TOLERANCIA. Las infidelidades de Felipe han derramado ríos de tinta, aunque aún hay biógrafos que sostienen que lo que le gusta es tener “amigas especiales” (no necesariamente amantes), siempre más jóvenes que él y con una cualidad chispeante. Los rumores empezaron a circular en 1948 (la Reina estaba embarazada de Carlos) y fueron a más en 1956, cuando pasó una larga temporada viajando (en palacio se veía a sí mismo como un “intruso”). Se le relacionó con Zsa Zsa Gabor, con la actriz del West End Pat Kirkwood, con la madre de Sarah Fergurson (Susan Barrantes) y así hasta llega a su compañera favorita de baile y de carroza en las carreras de caballos, Penny Brabourne. “El príncipe necesitaba una válvula de escape”, asegura el historiador Piers Brendon, que asegura que Felipe llegó a ser cliente asiduo de un club de altos vuelos en la época dorada y golfa del Soho. A la Reina se le atribuyen estas palabras, como muestra de su tolerancia: “No hay nada peor que ponerle a un hombre una barrera”.

APOYO. Isabel se refiere a Felipe como su “roca”. “Uno de los secretos de este largo matrimonio es que Felipe siempre ha creído que su papel era dar apoyo a la reina de la mejor manera posible, sobre todo en los momentos difíciles”, asegura el historiador real Hugo Vickers, que destaca el papel del duque de Edimburgo en el annus horribilis de 1992 (cuando se separaron Carlos y Andrés, se divorció la princesa Ana y se incendió el castillo de Windsor). “Felipe es además el único que puede decir a la reina lo que piensa, sin autocensuras de ningún tipo”, advierte Vickers. Los dos tienen aficiones muy distintas: Felipe se pasa horas leyendo y paseando, la reina se dedica a sus perros y sus plantas. A los dos les une sin embargo un sentido mutuo del deber. Isabel lleva el peso de la Corona, pero Felipe ha llevado siempre los pantalones en casa y ha encajado con su proverbial humor ser el menos privilegiado: “Me siento como una ameba, soy el único hombre en Reino Unido que no puede pasar su apellido a sus hijos”.

LONGEVIDAD. Un estudio del University College of London (UCL) ha demostrado que el matrimonio alarga la vida, especialmente en el caso de los hombres. Felipe tiene 96 años y la Reina, 91. Cualquiera diría que el hecho de llevar juntos 70 años ha servido para blindar la salud de la pareja. Felipe ha superado con entereza los achaques de la edad, de los problemas de corazón a la inflamación de la vejiga. La Reina, que estuvo ingresada por una gastroenteritis en 2013, superó una gripe galopante que le obligó a suspender sus apariciones. Felipe se ha despedido de la vida pública (“debo ser el mayor especialista del mundo en descubrir placas conmemorativas”), pero se ha reservado el derecho a aparecer en circunstancias especiales, como el homenaje a los caídos. Los dos llevan la longevidad en los genes: la reina Madre vivió hasta los 101 años…