«El tipo de saeta depende de la imagen a la que se le va a cantar»

Fuente: La Verdad

Victoria Cava Guirao Cantaora

Victoria Cava (Cehegín, 1986) es cantaora desde la cuna. Las nanas que resonaban para velar su sueño eran cantes flamencos de su padre o de su abuela. El pasado Viernes de Dolores cantó una saeta a Nuestra Señora de los Dolores a la salida de la Solemne Procesión del Paso Azul; y volvió a cantar en La Concepción durante el encuentro de la Virgen con el Cristo del Prendimiento. Es maestra de Música en el colegio Cervantes, de Caravaca de la Cruz, y, además, licenciada en Periodismo, con trabajo fin de carrera en Flamenco y Comunicación. En su tesis doctoral, que obtuvo la calificación de sobresaliente ‘cum laude’, unía el flamenco, la educación especial y la comunicación, sirviendo el flamenco como terapia para niños con necesidades educativas especiales. Este año ha sido elegida como Favorita por la kábila Almorávides y desfilará con este grupo durante las próximas Fiestas de la Vera Cruz.

-¿Cuándo empezó a cantar saetas?

-Desde muy pequeña, ya que mi padre las cantaba y yo las escuchaba en casa. Recuerdo a mi abuela paterna, Antonia, que también cantaba. Era muy normal que en casa se escuchase flamenco en cintas de casete, discos y vídeos. Fui creciendo envuelta en fandangos, siguiriyas y otros palos flamencos.

-¿Su padre fue el primero de sus maestros?

-Sí, el primer maestro que tuve en el cante fue mi padre. Él ha sido un gran aficionado al flamenco y, desde siempre, ha cantado y ha escrito e investigado sobre este arte. Siendo yo muy pequeña comenzó a darme las primeras clases, tanto de historia del flamenco como de los diferentes palos, la métrica, el compás, la entonación y la dicción. Su afición se une a que era profesor de Audición y Lenguaje y Logopedia, lo que me ayudó mucho a la hora de empezar a cantar.

-¿Con quién completó su formación como cantaora?

-He tenido a grandes maestros del flamenco, como Antonio Fernández y Encarnación Fernández, de La Unión; Antonio Piñana; el profesor, cantaor y doctor, Alfredo Arrebola, de Granada; el gran genio y cantaor Enrique Morente; y el cantaor sevillano Paco Taranto.

-¿Cursó otros estudios?

– Sí, la formación vocal y técnica la aprendí con el tenor suizo Dennis Hall, con la soprano Elena Montaña y con el cantante tenor-bajo Rubén Amoretti, quien adaptó la forma de enseñar el canto lírico a mi voz como cantaora de flamenco. También cursé estudios musicales en la Escuela de Música de mi pueblo, Cehegín, además de estudios en armonía, canto coral, guitarra flamenca, cursos internacionales de flamenco en la Universidad Politécnica de Cartagena y en la Escuela Internacional de Flamenco Cristina Hereen, en Sevilla.

-¿Qué palo le gusta más para cantar una saeta?

-Me gusta cantar saetas por todos los estilos, desde saetas por siguiriyas, martinetes, cabales, carceleras, deblas y tonás. Depende del momento y de la imagen a la que se le esté cantando, se hace una saeta por un estilo u otro.

-¿Dónde y cómo se inspira para componer las letras?

-Me inspiro en la propia imagen a la que voy a cantar. Previamente, me acerco a verla o visualizo una fotografía, y estudio su historia para dejarme llevar por las sensaciones que me transmite. Después, viene la creación de la letra y la elección del tipo de saeta a nivel musical.

-¿Recuerda a qué imagen cantó su primera saeta?

-La primera imagen a la que yo canté fue al Cristo Yacente, también al Nazareno y a la Virgen de la Piedad. Fue en 2005, en Puerto Lumbreras.

-¿Cantar saetas es un complemento a su trayectoria como cantaora?

-No podría considerarlo como un complemento, cantar saetas forma parte de un todo con el flamenco, se diferencia de otros palos flamencos por sus letras a Jesucristo, a la Virgen y a los santos. Es una oración cantada y debe ejecutarse de manera muy sentida, como si una flecha, una saeta, te atravesara el corazón.